Cuando el territorio duele, la educación abraza: acompañara desde la flexibilidad y el cuidado.
Después del terremoto, volver a conectarse a una clase, cumplir con una entrega o continuar una práctica académica dejó de ser algo cotidiano para algunos estudiantes de las Licenciaturas en Educación Infantil y Ciencias Sociales de UNIMINUTO Virtual.
En diferentes zonas del país, especialmente en la Zona Cafetera y el suroccidente colombiano, las consecuencias también llegaron a la rutina académica. Las dificultades de conectividad, algunos daños menores y, en ciertos sectores, varios días sin servicio de agua hicieron que continuar con las actividades universitarias implicara algo más que cumplir un cronograma.
Para la docente Claudia Colmenares, quien acompaña los procesos de Prácticas de Profundización, comprender esas realidades no comenzó con el terremoto. Meses atrás, las visitas realizadas a diferentes regiones le habían permitido acercarse a los lugares donde sus estudiantes estudian, trabajan, forman a otros y construyen su proyecto profesional.
Ya no se trataba solamente de conocer un municipio en el mapa o de identificar desde qué región se conectaba un estudiante. Era haber recorrido algunos de esos territorios, conversar con quienes los habitan y reconocer que el proceso educativo que ocurre en medio de dinámicas familiares, laborales, comunitarias y sociales que pocas veces son visibles detrás de una pantalla.
Entre sus estudiantes, una vivió directamente las consecuencias del sismo, mientras otros ubicados en la Zona Cafetera y el suroccidente comenzaron a enfrentar dificultades que alteraron su cotidianidad. La conectividad se volvió intermitente, algunas familias tuvieron afectaciones menores en sus entornos y en determinados sectores el acceso al agua estuvo suspendido durante varios días.
Para Claudia, la respuesta debía comenzar por algo esencial: escuchar.
El acompañamiento académico empezó entonces a tomar otra forma. Las fechas, actividades y tiempos dejaron de entenderse únicamente como elementos de un cronograma y comenzaron a revisarse a partir de las circunstancias particulares de cada estudiante.
No significaba eliminar las responsabilidades del proceso formativo. Significaba reconocer que aprender también depende de las condiciones en las que una persona vive y que existen momentos en los que continuar requiere tiempo, comprensión y confianza.
Ese acompañamiento adquiere una dimensión especial en la educación virtual. Aunque docentes y estudiantes pueden encontrarse separados por cientos de kilómetros, las situaciones que ocurren en los territorios también atraviesan el aula.
Una conexión que se pierde puede contar una historia. Una ausencia puede responder a una emergencia. Una entrega que no llega a tiempo puede estar relacionada con una familia que durante varios días tuvo que concentrarse en resolver necesidades mucho más inmediatas.
Las visitas realizadas previamente a las regiones habían dejado precisamente ese aprendizaje: detrás de cada estudiante existe un territorio y detrás de cada territorio existen condiciones particulares que también hacen parte de su formación.
Por eso, frente a las consecuencias del terremoto, acompañar significó observar primero la realidad y después tomar decisiones académicas.
Para los estudiantes que continúan sus Prácticas de Profundización, esa posibilidad de avanzar sin desconocer lo que ocurre a su alrededor representa también otra manera de entender la educación: una que no separa el aprendizaje de la vida.
La experiencia deja además una reflexión para quienes acompañan los procesos formativos desde la virtualidad. La distancia física no necesariamente significa distancia humana. Estar presentes también puede significar preguntar cómo está el otro, escuchar antes de evaluar, comprender una situación particular y adaptar un proceso cuando las circunstancias lo requieren.
Hoy los territorios continúan recuperando su cotidianidad y los estudiantes siguen avanzando en su formación profesional. Algunos lo hacen después de jornadas marcadas por problemas de conectividad; otros, desde comunidades que poco a poco han retomado sus dinámicas habituales.
Y desde el otro lado de la pantalla continúa una tarea que va mucho más allá de acompañar una práctica académica: reconocer la realidad desde la que cada estudiante intenta seguir adelante.