"El origen de lo que somos": así vivieron 180 emprendedores su primera feria en Coveñas
Emprendedora presenta a visitantes las artesanías que elabora en el corregimiento de El Mamey, en Coveñas.
Historias, saberes y tradición se encontraron en Coveñas (Sucre) en una feria que fue mucho más que un espacio comercial: fue la vitrina de 18 meses de transformación social en el Golfo de Morrosquillo.
Hay ferias donde se venden productos. Esta feria empezó contando historias.
En la puerta del Mar Caribe, entre la brisa y el brillo de las playas de Coveñas, una mujer extendía con cuidado una tela azul sobre su mesa. La acomodó una y otra vez hasta que quedó perfecta. Luego dispuso sus bolsos, sombreros y aretes. No era un mantel cualquiera: lo había tejido con enea, una planta que crece en los alrededores del Golfo de Morrosquillo y que durante décadas ha sostenido el trabajo de muchas familias del territorio.
Se trataba de Lidia Beleño, artesana de Coveñas. Quería que, antes de mirar sus productos, la gente entendiera de dónde venían. Y eso fue, precisamente, lo que ocurrió en la Feria "El origen de lo que somos" el pasado 26 de junio.
Así como Lidia preparó cada detalle de su stand, otros 179 emprendedores hicieron lo mismo ese día, representando con dedicación e innovación a sus regiones. Hubo quien se vistió de pirata para invitar a recorrer la historia de Tolú; quien llenó de globos y colores cada rincón de su mesa; quien empaquetó con esmero sus productos de panadería; y quien, desde el sector de servicios, pintó un cuadro en vivo y entregó pequeños recuerdos para dar a conocer su trabajo.
Mesas listas, banderines colocados y más de 200 productos y servicios en exhibición: la feria abría su jornada. Cada carpa cobraba vida, cada stand recogía miradas, y el talento se sentía en cada recorrido. El lugar se convirtió en un espacio de intercambio de saberes y culturas donde los asistentes de los seis municipios participantes también se reconocían entre sí, llevándose una "probadita" de lo que cada territorio tenía para ofrecer.
Los emprendedores provenían de Arjona y María la Baja (Bolívar); San Onofre, Santiago de Tolú y Coveñas (Sucre); y San Antero (Córdoba): seis municipios que durante 18 meses atravesaron un riguroso proceso formativo liderado por el Parque Científico de Innovación Social (PCIS) de UNIMINUTO y su Instituto InnovaRegión.
Más de 500 asistentes fueron testigos ese día de algo que no se improvisa: el resultado de un proceso de formación de más de año y medio, que incluyó cinco módulos de un Diplomado en Gestión Empresarial e Innovación y la entrega de más de 3.000 insumos en capital semilla a las unidades productivas participantes.
La feria no olvidó sus raíces. La Casa de la Cultura Humberto Hernández Sánchez de Coveñas, la Corporación Cultural Chunbum Gale Compae de María la Baja y los grupos artísticos Rafael Patrón Corrales de San Antero pusieron la cadencia del Caribe en cada rincón del evento. La danza, el movimiento picotero y los tambores colorearon la jornada y homenajearon la memoria viva de su gente.
"El origen de lo que somos" no fue solo una feria de ventas. Fue una celebración de identidad, territorio y resiliencia. No sólo hubo transformación económica, también cultural, identitaria y colectiva.
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Detrás de cada stand, de cada historia y de cada producto exhibido ese día, había una arquitectura institucional que lo hizo posible: la alianza entre Cenit Transporte y Logística de Hidrocarburos S.A.S., la Compañía de Puertos Asociados S.A. (COMPAS) y el PCIS de UNIMINUTO, a través del Instituto InnovaRegión, en el marco del proyecto "Cenit Impulsa al Golfo de Morrosquillo".
Esta unión de esfuerzos entre academia, empresa privada y comunidad no solo entregó recursos: construyó capacidades. Formó personas. Abrió oportunidades donde antes no las había.
Cuando la jornada llegó a su fin, quedó claro que la feria había sido mucho más que un espacio para vender. Fue un lugar donde las historias, los oficios y la identidad de seis municipios encontraron una puerta para ser vistos, compartidos y valorados.
Y Lidia Beleño, con su mantel de enea ya doblado cuidadosamente, lo resumió sin necesitar más palabras: “antes de vender, hay que saber de dónde vienes. Porque conocer el origen es lo que da fuerza para seguir construyendo”.