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LA ETERNA PRIMAVERA: EDUCANDO PARA TRANSFORMAR

LA ETERNA PRIMAVERA: EDUCANDO PARA TRANSFORMAR

La educación transforma vidas y construye oportunidades más allá de las aulas. Este relato recoge un recorrido por diferentes territorios y escenarios de práctica, donde estudiantes en formación demuestran que la vocación, el compromiso y el amor por enseñar pueden generar cambios significativos en sus comunidades.

Docente: Brenda Díaz Vargas Todo sucedió un mes de enero cuando Medellín abrió sus puertas para mí. En el camino me fui encontrando con personas que me recordaron lo importante de vivir: amigos, el señor escobita y la señora Petra, muy popular por sus peinados. Medellín me abrazó y me acompañó en el viaje que viví como docente. Conocí estudiantes de todas las regiones, cada uno con la simpatía propia del paisa. Quienes me enseñaron a comer fritos y, sin duda, su tan amada bandeja paisa con su chicharrón, que se volvió mi menú. 

Encontrándome en Medellín, la Uniminuto abrió sus puertas para mí, permitiéndome continuar con mi labor como docente de práctica pedagógica. Cuando ingresé al equipo, se estaba soñando con poder llegar a las regiones; el equipo de práctica lo soñaba y visualizaba. Nos embarcamos en el sueño de Diana, Edwin, Sergio y Carmen. Al inicio pensé: ¿cómo voy a llegar a Apartadó, a Urabá, a Uramita y a las zonas periféricas de Medellín? Con mi gran amigo de Medellín, trazamos la ruta en el mapa para llegar a cada lugar, midiendo las distancias. 

Mi viaje comenzó en Apartadó, llegando a las 8:00 am para visitar a Miguel, estudiante de la Licenciatura en Ciencias Sociales. Él llevaba la camiseta de la universidad y me contó lo motivado que estaba con sus prácticas. Me dijo que sería el primero en graduarse como profesor y que esperaba ser el mejor docente para los estudiantes de su municipio. En sus fotos, me pidió posar con sus estudiantes de noveno grado, con quienes hacía debates políticos y con quienes a veces se discutía por lo tercos. Por último, la experiencia terminó mostrándome el parque principal de Apartadó, uno de los más populares por su ambiente acogedor y sus áreas verdes. Concluimos el encuentro con la posibilidad de un nuevo reencuentro tras su graduación.

Continuando mi ruta, me embarqué rumbo a Urabá en una chiva, donde María Isabel me esperaba con ansias. Ella llevaba con orgullo la camiseta de Uniminuto. Su interlocutor me contó cómo ella había acompañado a Nicolás, un niño de inclusión que no sabía leer ni escribir. Con sus actividades, le enseñó a trazar mapas, letras y, sobre todo, con amor y compromiso logró que Nicolás pudiera leer y escribir. Mientras María Isabel contaba su experiencia como practicante en Ciencias Sociales, sus ojos brillaban; Decía que no faltaba ni un solo día y que su maestro acompañante era el mejor, pues le enseñaba con respeto. Nuestra conversación concluyó cuando María Isabel me contó que estaba ahorrando para viajar a Bogotá y graduarse, y que lo aprendido en la universidad le recuerda por qué quiere ser maestra. 

Siguiendo con mi viaje hacia otros lugares, me encontré con que los indígenas habían cerrado las vías, por lo que Uramita tuvo que esperar.

A los días siguientes, continué mi ruta hacia Uramita para visitar a Aleida, docente con varios años de experiencia. Me contó sobre su proyecto de convivencia escolar, que vincula a familias y estudiantes de segundo de primaria; Admitió que a veces le costaba entender ciertos temas de Ciencias Sociales, pero su docente acompañante se los explicaba con paciencia. El encuentro finalizó con el rector, quien abrió las puertas a la universidad, destacando que los practicantes se distinguen por su equilibrio entre teoría y práctica. De despedida, disfruté un mango con limón —uno de los mejores— y recibí un abrazo de los niños de la clase de Aleida.

Al día siguiente, continué mi recorrido en Medellín e inicié en el Hogar Comunitario las Estrellitas, ubicado en uno de los barrios más populares de la comuna Santo Domingo. Tuve que subir varias escaleras para encontrar a Valentina, practicante de pedagogía infantil. La madre comunitaria, orgullosa de su practicante, me mostró los trabajos que Valentina había realizado con los niños, incluyendo uno sobre el cuidado del cuerpo, donde destacó cómo esta actividad hizo que los niños se sintieran escuchados. Me habló de la importancia de contar con una practicante para atender mejor a los niños. Valentina me dijo que ya había terminado su práctica y que le gustaba cómo su docente de práctica la acompañaba en el proceso. Mi visita finalizó con abrazos de los niños, quienes me preguntaron cuándo volvería; me despedí con nostalgia, conmovida por ver cómo una madre comunitaria y una practicante enseñan con amor y respeto.

Mi recorrido continuó con Miguel, estudiante de la Licenciatura en Ciencias Sociales, quien realiza su práctica en el Instituto de Formación para el Trabajo y el Desarrollo Humano de Uniminuto en Medellín. Me encontré con un estudiante de gran trayectoria académica y laboral; me contó que, a pesar de tener posgrados, su sueño siempre ha sido ser licenciado. Ha sido un camino de crecimiento académico donde comprendió lo pedagógico para complementar su profesión. La directora destacó el compromiso de Miguel y, sobre todo, la calidad de sus entregables al departamento; dijo que se sentía orgulloso de él. Miguel agradeció el acompañamiento de la universidad en su proceso. Finalmente, nos despedimos tomando un fresco, hablando de su propuesta de investigación y cómo le gustaría abordarla; Nos dimos un abrazo y quedamos en que se graduaría el próximo año.

Mis rutas concluyeron disfrutando de bandejas paisas, deliciosos guarapos, cafés matutinos y fritos bien crujientes. Aunque me sentía agotada, conservaba el ánimo para continuar. 
Me embarqué en mis dos últimas rutas con Jeffry y Diana, cada uno en un extremo de Medellín. Inicié con Diana, quien realiza su práctica en Ciencias Sociales en una institución ubicada en el barrio Antioquia.

Me contó que ama ser docente y que, junto con el profesor de música, creó un cancionero para mejorar la convivencia en la institución. Se sentía como madre con sus estudiantes y, a pesar de la compleja situación de los padres —quienes viven en una zona de riesgo por estupefacientes—, soñaba con que sus estudiantes pudieran ser profesionales; su motivación era verlos graduarse. Su interlocutora destacó su gran potencial, aunque a veces la regañaba por ser tan maternal, y elogió su compromiso con los niños y la comunidad. El encuentro culminó con un fresco compartido con el rector, quien dijo que ojalá llegaran más practicantes como Diana, pues su motivación y carisma han dejado una huella en la institución.

Ya finalizando mi ruta, llegué a la institución donde Jeffry realiza su práctica en Belén. Es un estudiante comprometido que llevaba la camiseta de Uniminuto y su carpeta organizada con todos sus documentos. Me recibió junto con su interlocutor, quien destacó el proyecto de emprendimiento que Jeffry desarrolla con los estudiantes. Me contó sobre la transversalidad del proyecto, cómo se unieron con la Alcaldía de Medellín y el Centro de Emprendimiento, y que ya han participado en ferias comunitarias. La próxima feria será en el Parque Biblioteca de Belén. 

Jeffry contó que sus proyectos tienen un impacto social, buscando mitigar los problemas ambientales y sociales. Escuchar su relación entre teoría y práctica evidencia su proceso como estudiante. Mi recorrido finalizó visitando cada área del colegio, donde me encontré con estudiantes de inclusión y profesores quienes mencionaron lo importante de seguir trabajando por la educación. 

Ya finalizando mi ruta, me quedé con las manos llenas de motivación al encontrarme con estudiantes que están repensando la educación desde el respeto, el amor y la dedicación, a pesar de las condiciones de infraestructura y acceso. Puedo decir que en Medellín quedaron partes de mí como docente, en mis amigos, en mis estudiantes y en cada persona que me inspira a seguir trabajando por la educación.

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