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Valle del Cauca

Junio 1 - SIEMPRE ES PENTECOSTÉS

Hemos estado atentos a la celebración Pascual, centro y vértice de nuestra fe cristiana y católica. Hemos bosquejado desde un punto de vista práctico este misterio, desde su preparación, la Cuaresma, hasta el Triduo Pascual donde sintetizamos la profundidad del misterio de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. La celebración de este acontecimiento lleva a la Iglesia a prolongar su celebración hasta la llamada fiesta o solemnidad de Pentecostés.

Pentecostés es el culmen de la Pascua que venía celebrándose y nos comunica la Buena Nueva del ofrecimiento del Espíritu de Dios a todos los pueblos. Esta experiencia es narrada por el evangelista san Lucas en el capítulo 2º. de su libro “Hechos de los Apóstoles”.

Lucas trata de describir la profunda experiencia de Dios vivida por la primera comunidad de discípulos cuando reunidos se comunican la transformación personal que cada uno ha tenido al lado de su Maestro Jesús. Él ya no está presente en su cuerpo, pero ellos lo sienten actuante a través de una Fuerza, un Poder que llaman Espíritu Santo, Fuerza y Poder de Dios actuando en el ser humano. Fue lo que descubrieron presente en el hombre Jesús después de trajinar a su lado por el mundo.

 

Al acercase al relato de Lucas, la primera impresión que se lleva el lector es la imaginación desbordada como el evangelista narra la experiencia comunitaria de Dios, vivida inicialmente en medio de una fiesta judía llamada Pentecostés. No vale hacerse preguntas sobre si el acontecimiento fue de esa manera tan extraordinaria: lenguas de fuego, estruendo que viene del cielo, y gente de no muchos estudios que resulta hablando en otros idiomas. El objetivo de esta deslumbrante descripción es anunciar el acontecimiento más importante después de la partida de Jesús: la venida del Espíritu Santo.

Sí, el Espíritu Santo es la fuerza y poder de Dios que se nos ofrece para transformar al hombre desde su interior. Es el Espíritu que aconteció en Jesús, es el mismo Espíritu de Dios palpitando en el ser humano. Quien se abre a esta experiencia es realmente transformado, es re creado desde su interior.

El Espíritu Santo siempre, desde los orígenes, ha sido ofrecido, y sigue siendo ofrecido por Dios en su proyecto de crear un Nuevo Hombre, por eso podemos afirmar: Siempre es Pentecostés…

De aquí, la importancia y necesidad de abrirnos a esta maravillosa experiencia.

 

Jairo Gallego Salazar, eudista

Mayo 15 de 2018

Estamos de Pascua

Hace unas semanas los católicos celebrábamos la Pascua, y en la pasada reflexión insistíamos en cuidar de no quedarnos en la mera celebración sino pasar “de la celebración a la vida”. Hoy quiero reforzar el sentido práctico al que nos debe llevar la celebración, pues en el pueblo creyente se da con mucha frecuencia de quedarse en el mero festejo sin llevar a la vida práctica aquello que se celebra, y por tanto sin experimentar y saborear la salvación, liberación y gozo de vida que ello implica.

 

La palabra “pascua” que significa ‘paso’ o ‘tránsito’ es traducción que viene de los idiomas arameo, hebreo y griego. Ella condensa la profundidad del misterio que se revela en Jesús de Nazaret, el Cristo, como lo expresa el Evangelio de san Juan: “Habiendo llegado la hora de pasar de este mundo al Padre…” (Juan 13,1). Pasar, no como un cambio de lugar sino como transformación de la existencia.

 

Ya sabemos que el pueblo judío recordando la liberación de la esclavitud que sufrió en Egipto, celebraba este acontecimiento en medio de una comida en la cual se inmolaba y comía un cordero. A la fiesta se le dio el nombre de “Pascua”, por conmemorar el paso de la esclavitud a la libertad. Ya Jesús al culminar su paso por esta tierra y dada la novedad de su experiencia que ofrecía una nueva visión de liberación desde lo más profundo del ser humano, por su entrega en el servicio a la vida, dio el paso, el salto de inmolar un cordero a entregarse la persona misma en el servicio a los suyos, en servicio a la vida. Hablamos ya de “eucaristía” como comunión, como encuentro, como fraternidad. Su testimonio bien lo sintetiza en el Evangelio de san Mateo: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido,

sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos" (Mt 20,28).

 

Como Jesús, si nos abrimos a la acción del Espíritu de Dios, Espíritu Santo, seremos transformados en hombres y mujeres nuevos, que como él estaremos aportando vida a la existencia al estar abiertos a toda persona, al ser generosos, al saber compartir y vivir en comunión con la humanidad y con la misma Naturaleza.

 

Estamos de Pascua y estaremos siempre de Pascua cada vez, cada día que le decimos no a la muerte y sí a la vida; es decir cada vez que decimos no al mal y sí al bien, no al odio y si al amor, no a la guerra y sí a la Paz.

 

Así toda celebración de la Iglesia es celebración pascual porque no es simplemente recordación del pasado sino actualización de la Pascua como paso de la muerte a la vida. Por esto, todos los auténticos y verdaderos cristianos siempre… ¡Estamos de Pascua!

 

¡ ¡ALELUYA – ALELUYA – ALELUYA !!

Reflexión Espiritualidad y Vida

De la celebración a la vida

 

Nosotros, católicos-cristianos, estamos celebrando la buena Nueva de la Pascua, el paso de la muerte a la vida, revelado en Jesús de Nazaret  y prometido a todo creyente; es el fundamento de la Fe cristiana que, en términos prácticos es morir a todo lo que es mal para dar el “paso” (Pascua) a un hombre nuevo, comunicador de vida, lo que se logra abriéndose a la fuerza transformadora del Espírito de Dios, Espíritu Santo.

 

Estas celebraciones con el correr del tiempo fueron evolucionando y adoptando una forma litúrgica bastante vistosa y bella; corriéndose el riesgo de que el pueblo sencillo se quede en la vistosidad externa de las celebraciones. El lenguaje común lo revela, se pregunta: ¿cuándo es “la ceremonia” de la bendición del agua o de las velitas o del lavado de los pies? No se penetra en el sentido profundo que el signo revela y en el compromiso serio que conlleva. Ante este riesgo, es conveniente recalcar e insistir que el rito es un momento de celebración que nos compromete a vivir y hacer experiencia en lo cotidiano de nuestra vida aquello que celebramos.

 

Con el agua bendecida que somos rociados en la noche pascual estamos actualizando nuestro compromiso bautismal por el cual nos hicimos discípulos de Jesús, comprometiéndonos como Él a ser “servidores” de la vida. Sabemos que Jesús se entregó en el servicio con un trato personal, sanando relaciones, curando enfermos, enderezando a muchos por el camino justo, revelando así el Amor de Dios en obras concretas de perdón y liberación, por ello pudo afirmar:: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

 

Ya debemos, pues, entender que como discípulos de Jesús debemos pasar, de la “creencia” a la experiencia, en otras palabras: “de la celebración a la vida

 

Y ahí están los testimonios de tantos otros hombres y mujeres que han asimilado y puesto en práctica el mensaje de la Buena Nueva. Muy cerca a nuestro acontecer está la persona del padre Rafael García-Herreros, a quien debemos tantas obras orientadas hacia el servicio social, entre otras: construcción de vivienda popular, asesoría rural, colegios, universidad. Bien lo afirma él: “No hay camino directo a Dios, si no es a través del servicio al hombre”.

 

Cuidémonos, pues, de quedarnos en la mera devoción, en el esplendor de las celebraciones, vayamos a la experiencia de vida como nos lo reitera y exhorta el hoy siervo de Dios Rafael García-Herreros:

 

Que nadie se quede sin servir

Reflexiones Pastoral

Escucha en el silencio

Siervo de Dios

Rafael García-Herreros Unda

y la “Escucha en el Silencio”

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“Señor, enséñanos, en el silencio de tu presencia,

a comprender el misterio que somos nosotros.

 Tú eres el Santo”    (1)

 

 

 “Tengamos diariamente unos minutos

de absoluto silencio y de absoluta concentración

en la belleza de Dios,

    unidos íntimamente en Cristo con Él”.     (2)

                                           

Por el año 1983 cuando llegué a la experiencia espiritual en El Minuto de Dios de Bogotá, tuve la gracia de llevar muchísimas veces al “padre Rafael” a la emisión en vivo y en directo de su programa evangelizador “El Minuto de Dios”. Conduciéndolo en su carro, primero a RCN en Teusaquillo hacia las 5:00 pm, y luego, hacia las 7:00 pm, a la Televisora Nacional en el centro de Bogotá.

 

Cuando llegaba a recogerlo en la casa parroquial, al subir las gradas y enfocarme con la biblioteca, lo encontraba sentado, enruanado y con sus ojos cerrados, en pleno silencio. No estaba dormitando porque al ligero roce de mis pasos abría sus ojos y me decía: ‘¡Listos, Jairo, vamos!’. Indudablemente yo percibía que él estaba muy presente, meditando, saboreando en el silencio de Dios.

 

Ese callado testimonio me fue inquietando a experimentar en la oración simple, expectante, sin muchas palabras que nos va conduciendo a la Contemplación, y que hoy llamo: “Escucha en el Silencio”. Es la praxis de Jesús de Nazaret, a quien los Evangelios lo muestran frecuentemente retirándose a un lugar solitario a orar (Mt,14-23).

 

“Él acostumbraba retirarse a lugares despoblados

para  orar”

 

Lc 5,16

 

En un mundo de ruidos, de constante movimiento y exigencias de rendimiento hay que aprender a rescatar momentos de quietud y soledad si se quiere experimentar la intimidad con Dios, como lo vivió el padre Rafael:

 

“¡Dios!  Nosotros no nos imaginamos cómo serás...

pero nos basta saber que eres… ¡que existes,

y que nos miras en silencio…! ¡Y que nos amas…!

 ¡Tú nos amas! ¡Tú nos amas…!    (1)

 

Vale, pues, la pena lanzarse a tal experiencia como nos anima el Siervo de Dios Rafael García-Herreros, hoy en camino a ser beatificado:

 

”Es muy importante que muchos de ustedes,

cristianos que me escuchan en cualquier parte de Colombia, tengan acceso a la intimidad y a la belleza,

       al silencio y a la soledad adorable de Dios”     (2)

 

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  1. (Palabras a Dios –Rafael García-Herreros, cjm

                                     Colección  Obras Completas No. 9.

               Corporación centro Carismáticos Minuto de Dios

                                                     Bogotá, Colombia, 2008)

                                                           

                                                    (2)  (García-Herreros, R. -2009- p.442-443,

                                    Libro Constructores de la Nueva Colombia, Bogotá, D.C.

                                             Corporación Centro  Carismáticos Minuto de Dios)

 

 

“Un rato de silencio descubre el misterio oculto de las cosas”

 

Siervo de Dios Rafael García-Herreros

Cuaresma y Oración

 

Una vez bautizado Jesús, el Espíritu lo movió a ir al desierto. Allí estuvo cuarenta días…   después que Juan el Bautista  fue entregado, se dirigió Jesús a Galilea y empezó a predicar el Evangelio de Dios. Decía: “El plazo se ha cumplido; ya llega el reinado de Dios vuelvan a él y crean en el Evangelio”                            (Marcos 1,12-15)

 

En el primer domingo de Cuaresma la liturgia de la Iglesia nos coloca ante el proyecto de Jesús que bien él lo señaló como: “El reinado de Dios”.

 

Y es que como el Maestro de Nazaret, Jesús, experimentó el misterio de la fuerza divina aconteciendo, reinando en él, su proyecto fue comunicar y animar a los suyos a abrirse también a experimentar y vivir esa experiencia.

 

¿Cómo se detecta que Dios está reinando en una persona? Muy sencillo:  “por sus hechos los conoceréis”.

En Jesús y cualquiera otra persona que acontece ese reinado, ello se revela por sus actitudes positivas y concretas de proyección hacia los demás. Es una persona que no solo proclama sino que practica la justicia, la fraternidad, la solidaridad, la generosidad, el Amor y la Paz.

 

La persona de buena voluntad que escucha esto se pregunta: ¿y cómo llegar a ello?

 

La pista está en la cita del evangelio de Marcos arriba anunciada. Nos afirma que Jesús fue al “desierto” y estuvo “40” días. Aquí la palabra desierto y el número 40 deben interpretarse simbólicamente. El relator nos está diciendo que Jesús se tomaba su lugar de retiro para meditar, para orar, y el 40 no es matemático, indica el tiempo en que se realiza una acción plena, así sea de horas o años.

 

Recordemos a Lucas 5,16: “Él acostumbraba retirarse a lugares despoblados para  orar”. Esto es ir al “desierto”, además se tomaba su buen tiempo (“40”)para orar.

 

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar solitario,

donde se puso a orar.

Mc 1,35

 

Aquí, pues, está una excelente pista para abrirnos a la experiencia del reinado de Dios: la oración, la meditación. Pero, ¡atención!, no todo tipo de oración nos lleva a esa experiencia. En nuestra pasada reflexión nos referíamos al camino de meditación u oración que han recorrido los grandes espirituales de nuestro planeta: un silencio expectante, un silencio contemplativo. Y traíamos a ejemplo de experiencia actual el testimonio del padre Rafael García-Herreros y sus momentos de meditación silenciosa.

 

Como una de las prácticas recomendadas de Cuaresma (cuarenta-días) es la Oración, hemos querido –a través de estas notas- animarle, apreciado lector, a penetrar en este Camino de Meditación silenciosa que nos lleva de una manera suave y calmada al encuentro con ese Maestro Interior, que de los más profundo del Ser nos va iluminando el Camino a recorrer y –a la vez- nos comunica la fuerza para convertirnos en instrumentos de vida trayendo a nuestro mundo una justicia equitativa, reafirmando la fraternidad humana en hechos concretos de solidaridad y generosidad. En dos palabas:

 

Comunicando Amor y Paz.

 

Comprendiendo la oración así, como la hemos bosquejado, entendemos la recomendación de San Juan Eudes cuando se refiere a ella: Mirar la oración como el trabajo primero y principal más necesario, más imperioso y más importante de todos”.

 

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“Acostúmbrense a adorar.

Aprender a adorar en silencio. Aprendan a orar así”.

 

Papa Francisco

Atajos