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Noviembre 5 de 2019

Llamados a sanar

Jesús antes de subir al Padre envió a sus apóstoles ordenándoles: “Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien”

Nosotros, creyentes, cristianos católicos, en esta Colombia llena de muerte y de odios somos los primeros llamados a sanar nuestro entorno desterrando los demonios que han invadido el acontecer  cotidiano: el demonio de la corrupción, el demonio del narco, el de la violencia, del secuestro, el demonio de la guerra.

¿Cómo? Expulsando el satanás que hay dentro de cada uno. Satanás es la personificación del Mal, el espíritu de muerte que mueve a las guerrillas, paramilitares, secuestradores... el mismo espíritu de corrupción que carcomió la élite política y dirigente que durante cuatrenios ha generado la acción corrupta que empobreció al pueblo y convirtió a Colombia en un infierno.

Quede ya claro que satanás no viene de afuera, lo produce la codicia del hombre. Cuando Pedro, el apóstol, quiso disuadir a Jesús de su misión liberadora, éste le increpó: “quítate de aquí Satanás”, porque quería oponerse a la voluntad salvífica de Dios. Por eso todo hombre que se oponga a esa voluntad es “satanás”.

La voluntad salvífica de Dios es que cada colombiano tenga el pan en su mesa y goce de los derechos mínimos para disfrutar una vida humanamente digna (salud, trabajo, techo, estudio…)  Por eso todo aquel que obstaculiza o reduce esa capacidad en el otro es satanás por más bautizado, presidente, ministro, senador o guerrillero  que sea.

La solución es clara, está a la vista: se exige una conversión general y una opción decidida por la paz para desenredarnos y seguir adelante. La dificultad está en animar esa transformación porque nadie quiere renunciar a sus privilegios a favor de los menos favorecidos que cada día crecen y crecen y pueden ir convirtiéndose en un mar enfurecido.

Señor y Dios de todos los colombianos: Danos tu luz, muéstranos el camino, aumenta nuestra fe para creer que con tu fuerza de amor nos podemos transformar de satanaces en auténticos “hijos de Dios” para sanarnos del mal y recuperar el paraíso colombiano que un día nos diste a administrar.

¡Amén!

Octubre 28 de 2019

La Justicia y la Paz se besan

– salmo 85, 11–

La Paz, la verdadera Paz con la que nos saludamos en la Eucaristía no es la ausencia de guerra ni la aparente tranquilidad porque nos respalda un ejército armado. La Paz que Cristo ha querido instaurar es aquella que brota de la JUSTICIA; Justicia entendida como justa distribución de los bienes, igualdad de posibilidades, armonía en las relaciones sociales. Por eso, si queremos llegar a una Paz real, duradera, debemos cimentarla en esta clase de Justicia.  ¿Por dónde comenzar?

Ya Dios nos lo ha mostrado en Cristo, y es comenzando a levantar a los de abajo, los más débiles:

Cristo, siendo de condición divina,

no retuvo ávidamente el ser igual a Dios.      

Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo

haciéndose semejante a los hombres

y apareciendo en su porte como hombre...”    (Filipenses 6)

Si deseamos contribuir a la paz en nuestra patria, debemos “Trabajar juntos para evitar que se prolongue en el tiempo las situaciones de extrema pobreza”. 

Es lo que inmediatamente podemos hacer como cristianos o como hombres de bien. Por ello estas reflexiones le invitan a solidarizarse con los más débiles. Usted, solo, difícilmente puede realizar algo significativo, así que una gran alternativa es unirnos a las acciones solidarias de la Iglesia a través de su Pastoral Social. 

Como católico no se quede solo. Son múltiples las asociaciones, grupos y ayudas que los laicos, parroquias y comunidades religiosas están animando para hacer concretar el reinado de Dios en la Tierra. “Eucaristía” es "comunión", es acción común y solidaria para fortalecernos socialmente. A tu profesión ¿le das un sentido social? 

El servicio es el primer camino para el encuentro con Dios. “Ora y sirve”, es la mejor alabanza a Dios del verdadero testigo de Cristo. 

Haz algo por la Paz y la Justicia: Ancianatos, orfanatos, servicios de salud, guarderías, colegios, centros de rehabilitación, consejerías son lugares que esperan tu servicio personal o tu ayuda económica.

Octubre 3 de 2019

La Paz: un don de Dios

Es saludable, ahora en medio de las campañas políticas, reflexionar una vez más sobre la Paz, pues aterra escuchar a través de los medios el guerrerismo verbal de candidatos que puede, hasta inconscientemente, llegar a generar violencia física y muerte.

 La Paz es -ante todo- un Don de Dios que se recibe cuando estamos abiertos a la Vida, al Amor. No se requiere estar matriculado en un partido político ni siquiera en un religión para aspirar a este don, basta querer abrirse al Amor sin fronteras, libres de ideologías y cualquier clase de apego, cuando aprendemos a “ser libres” como el mismo Dios.

 El Saludo de Jesús resucitado a sus discípulos que se encontraban encerrados por el miedo es: “La Paz esté con ustedes”. La palabra hebrea para significar la Paz, “Shalom”, lleva una significación integral de amor, vida, alegría, armonía; abarca todos los dones del Reino. De allí que el mejor y más profundo saludo que usted puede expresar a alguien es desearle esa Paz: ¡Shalom!

 En este breve espacio no cabe toda la significación que condensa la palabra Paz, pues no se refiere simplemente a la ausencia de guerra sino a todo lo que contiene la bendición de Dios impulsando la creación de un hombre y una mujer nuevos al modelo de Jesús de Nazaret, llamado por ello el “Cristo”. Condensemos nuestra reflexión citando el documento de los obispos en la Conferencia Episcopal de Medellín (1968).

 “La Paz es, antes que todo, obra de la justicia; ella supone y exige la instauración de un orden justo en el cual todos los hombres puedan realizarse como hombres, donde su dignidad sea respetada, sus legítimas aspiraciones satisfechas, su acceso a la verdad reconocido y su libertad personal garantizada. Un orden en el cual los hombres no sean objetos, sino agentes de su propia historia”.

El don de la Paz hay que pedirlo pero… ¡trabajando por ella!

 Pbro. Jairo Gallego Salazar, cjm

2018

Noviembre 27 de 2018

Sacramento y Compromiso

Por este tiempo cercano a Navidad mucha gente en nuestra Iglesia Católica se acerca a “pedir” los sacramentos, especialmente el Bautismo, la Confirmación y el  Matrimonio. Sin embargo, por lo general no tienen claro el profundo compromiso que conlleva asumir tal realidad de fe; se quedan sólo apuntando al rito, al momento de la celebración, olvidándose del sentido y práctica a que ello compromete. Veamos esto en palabras del poeta:

 

Señor, tú me llamaste

para ser instrumento de tu gracia,

para anunciar la Buena Nueva,

para sanar las almas.

Instrumento de paz y de justicia,

pregonero de todas tus palabras,

agua para calmar la sed hiriente,

mano que bendice y que ama.

 

Señor, tú me llamaste

para curar los corazones heridos,

para gritar en medio de las plazas,

que el Amor está vivo,

para sacar del sueño a los que duermen

y liberar al cautivo.

Soy cera blanda entre tus dedos,

haz lo que quieras conmigo.

 

Señor, tú me llamaste

para salvar al mundo ya cansado,

para amar a los hombres

que tú, Padre, me diste como hermanos.

Señor, me quieres para abolir las guerras

y aliviar la miseria del pecado;

hacer temblar las piedras

y ahuyentar a los lobos del rebaño          

 

A primera vista esto suena hermoso. ¡Y lo es… si se lleva la práctica.! Pero meditado más de cerca pone a más de uno a pensar. Analicémoslo desde nuestra realidad colombiana.

Si acepto el “llamado de Dios”, lo que realizo celebrando el Bautismo, me comprometo a ser instrumento de Dios, de Dios que es Vida, y por tanto me obligo -entre otras- a las siguientes promesas:

  • Renunciar a la corrupción que carcome tantos estratos en nuestras gentes, en políticos, capitalistas, y funcionarios.
  • Renunciar a la violencia tanto intrafamiliar como  callejera y, en fin, a todo tipo de agresión.
  • Decir NO a la guerra ni incentivar la lucha de clases.  
  • Propender por el cuidado de nuestro Planeta que es la casa de todos.
  • En fin, comprometerme a trabajar por un nuevo hombre, por una Nueva Humanidad.

Vale, pues, examinar con más cuidado las obligaciones del compromiso de fe, que no se trata simplemente de rezar y rezar.

Ahí nos queda la tarea personal y comunitaria para reflexionar sobre ello no solo como un “tema” sino como una realidad a vivir.

 

Puntualizando y concretando

RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS BAUTISMALES

Presbítero: .- Antes de participar en forma plena del don hecho por Jesús a su Iglesia, conviene que manifiesten ante ella su madurez cristiana renovando las promesas del Bautismo. Por tanto les interrogo delante de esta Asamblea por testigo.

 

            ¿Renuncian al pecado para vivir en la libertad

              de los Hijos de Dios?

            ¿al egoísmo y a la codicia?

            ¿a la pereza y a la cobardía?

           

            ¿Renuncian a la mentira y al engaño?

            ¿a las envidias y odios?

            ¿a las peleas y violencias?

 

            ¿Renuncian a la corrupción y al abuso?

            ¿Renuncian a crear ídolos en el dinero y

              el poder?

           ¿Renuncian a creerse superiores y altaneros   

             con los demás?

                              ***********************************************************

Septiembre 13 de 2018

La Justicia y la Paz se besan

– Salmo 85, 11–

 

La Paz, la verdadera Paz con la que nos saludamos en la Eucaristía no es la ausencia de guerra ni la aparente tranquilidad que ofrece un ejército armado. La Paz que Cristo ha querido instaurar es aquella que brota de la JUSTICIA; Justicia entendida como justa distribución de los bienes, igualdad de posibilidades, armonía en las relaciones sociales. Por eso, si queremos llegar a una Paz real, duradera, debemos cimentarla en esta clase de Justicia.

 

¿Por dónde comenzar?

Ya Dios nos lo ha mostrado en Cristo, comenzando a levantar a los de abajo, los más débiles:

 

Cristo, siendo de condición divina,

no retuvo ávidamente el ser igual a Dios.      

Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de    siervo

haciéndose semejante a los hombres

y apareciendo en su porte como hombre...”  

          (Filipenses 6)

 

Si deseamos contribuir a la paz en nuestra patria, debemos “Trabajar juntos para evitar que se prolongue en el tiempo las situaciones de extrema pobreza”.

 

Es lo que inmediatamente podemos hacer como cristianos. Por ello estas reflexiones le invitan a solidarizarse con los más débiles. Usted, solo, difícilmente puede realizar algo significativo, así que una gran alternativa es unirnos a las acciones solidarias de la Iglesia a través de su Pastoral Social.

 

Como católico no se quede solo. Son múltiples las asociaciones, grupos y ayudas que los laicos, parroquias y comunidades religiosas están animando para hacer concretar el reinado de Dios en la Tierra. “Eucaristía” es ”comunión”, es acción común y solidaria para fortalecernos socialmente. A tu profesión ¿le das un sentido social?

 

El servicio es el primer camino para el encuentro con Dios. “Ora y sirve”, será la mejor alabanza a Dios y el verdadero testigo de Cristo.

 

Haz algo por la Paz y la Justicia: Ancianatos, orfanatos, servicios de salud, guarderías, colegios, centros de rehabilitación, consejerías son lugares que esperan tu servicio personal o tu ayuda económica.

Junio 1 - SIEMPRE ES PENTECOSTÉS

Hemos estado atentos a la celebración Pascual, centro y vértice de nuestra fe cristiana y católica. Hemos bosquejado desde un punto de vista práctico este misterio, desde su preparación, la Cuaresma, hasta el Triduo Pascual donde sintetizamos la profundidad del misterio de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo. La celebración de este acontecimiento lleva a la Iglesia a prolongar su celebración hasta la llamada fiesta o solemnidad de Pentecostés.

Pentecostés es el culmen de la Pascua que venía celebrándose y nos comunica la Buena Nueva del ofrecimiento del Espíritu de Dios a todos los pueblos. Esta experiencia es narrada por el evangelista san Lucas en el capítulo 2º. de su libro “Hechos de los Apóstoles”.

Lucas trata de describir la profunda experiencia de Dios vivida por la primera comunidad de discípulos cuando reunidos se comunican la transformación personal que cada uno ha tenido al lado de su Maestro Jesús. Él ya no está presente en su cuerpo, pero ellos lo sienten actuante a través de una Fuerza, un Poder que llaman Espíritu Santo, Fuerza y Poder de Dios actuando en el ser humano. Fue lo que descubrieron presente en el hombre Jesús después de trajinar a su lado por el mundo.

Al acercase al relato de Lucas, la primera impresión que se lleva el lector es la imaginación desbordada como el evangelista narra la experiencia comunitaria de Dios, vivida inicialmente en medio de una fiesta judía llamada Pentecostés. No vale hacerse preguntas sobre si el acontecimiento fue de esa manera tan extraordinaria: lenguas de fuego, estruendo que viene del cielo, y gente de no muchos estudios que resulta hablando en otros idiomas. El objetivo de esta deslumbrante descripción es anunciar el acontecimiento más importante después de la partida de Jesús: la venida del Espíritu Santo.

Sí, el Espíritu Santo es la fuerza y poder de Dios que se nos ofrece para transformar al hombre desde su interior. Es el Espíritu que aconteció en Jesús, es el mismo Espíritu de Dios palpitando en el ser humano. Quien se abre a esta experiencia es realmente transformado, es re creado desde su interior.

El Espíritu Santo siempre, desde los orígenes, ha sido ofrecido, y sigue siendo ofrecido por Dios en su proyecto de crear un Nuevo Hombre, por eso podemos afirmar: Siempre es Pentecostés…

De aquí, la importancia y necesidad de abrirnos a esta maravillosa experiencia.

Jairo Gallego Salazar, eudista

Necesitados más de formación que de información

 

Agosto 22 de 2018

“Al desembarcar vio Jesús mucha gente, le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.” (Mc 6,30-34).

Jesús se conduele de la masa del pueblo que demuestra ansias de Dios y andan como ovejas sin pastor

Esto mismo se constata hoy, faltan guías de verdad. Podríamos decir que hoy el problema es más álgido, pues hay mucha información y deficiente formación humana.

Hablemos de formación en el sentido de modelar la persona en toda su dimensión humano-divina que ella encierra. La formación debe llevar al ser humano a descubrir su grandeza, su dignidad, la infinita capacidad con la que Dios lo ha revestido para que viva con dignidad, con grandeza. Dimensión que debe reflejarse en unas relaciones humanas armoniosas no disonantes, complementarias no competitivas, pacíficas no guerreras, generadoras de vida no de muerte...

Hoy hemos confundido la formación con la información. Por eso llenamos a las personas con cargas de información. La escuela, la universidad sólo ven en el estudiante un computador que almacena información, que tabula datos.

La época determinante de la personalidad que se forma en los primeros años, tanto en el hogar como en la escuela y el bachillerato se dedica principalmente a dar información, cuando debiera ser, al contrario, una etapa de más formación que información. Un joven bien formado sabrá buscar la información, diferenciarla y decidir lo que conviene a él en función de los demás.

Alguien con dos doctorados en famosas universidades se lamentaba afirmando que la universidad le dio muchos conocimientos, pero no le enseñó a vivir.

 

P. Jairo Gallego, cjm

Octubre 20

   La Misión de la Iglesia

 

“Octubre, mes de las Misiones”. Con esta expresión se trata de resaltar la importancia de la misión que tiene la Iglesia en el mundo. A simple vista pareciera entonces que las misiones de la Iglesia sólo se realizan por el mes de octubre, cuando de verdad la misión, entendida como el encargo que Dios hace a las personas en orden al bien de los demás, debe ser la tarea permanente de la comunidad de la Iglesia; por ello hoy no se habla simplemente de realizar misiones, sino que la Iglesia debe permanecer en estado de misión. Así, pues, cuando nos referimos a octubre como mes de las misiones es para resaltar la suma importancia de la acción misionera de la Iglesia.

 

   Ahora bien, la vocación misionera está dada por la consagración bautismal de las personas; de aquí que la misión compete a todos los bautizados y confirmados en la fe en Cristo.  En el Evangelio más antiguo, el de san Marcos, se nos narra en su final como el Resucitado envía a sus apóstoles a ser instrumentos de transformación, de liberación, de sanación, pues esta es la verdadera y real Buena Noticia o Evangelio que se proclama (Mc 16,14-20). Así, pues, hacer misión o evangelizar no es simplemente hacer campaña religiosa proselitista sino demostrar con el propio testimonio que si nos abrimos desde nuestro interior a la acción de Dios vamos siendo transformados en personas dignas, honestas, solidarias y misericordiosas que, a su vez, van sanando a la sociedad del egoísmo que carcome y genera daño y violencia Estas son las señales de quienes de verdad anuncian con sus hechos y su voz la realidad de que Dios reina en las personas.

 

   En principio la misión es deber de todos los bautizados y confirmados, tengamos claro que hacer misión no requiere necesariamente irse a regiones apartadas; la misión de cada uno está allí primero en el hogar, extendiéndose luego a las personas cercanas, al ámbito de nuestro trabajo, de la ciudad y así poco a poco a otras áreas o ambientes, según las necesidades y oportunidad.

   Como creyentes sintámonos felices de ser llamados a dejarnos transformar por la fe en el Resucitado y a ser como el mismo Jesús de Nazaret personas que transmiten y comunican vida y que donde se encuentren impregnan el ambiente de fraternidad, generosidad, justicia, amor y paz. Bien se refiere el final del Evangelio de Marcos constatando los resultados de la misión de los seguidores de Jesús:

 

“Ellos se fueron a predicar el mensaje por todas partes

y el Señor cooperaba confirmándolos

con las señales que los acompañaban”

(Mc16,20).

 

Junio 22 - La Paz: Un Don de Dios

La Paz: Un Don de Dios

 

Después de guerrearnos los colombianos durante meses en la campaña política para elegir presidente de la república, y ya sucedida la elección cuando, aparentemente, se respira un ambiente de tranquilidad, qué oportuno resulta reflexionar sobre la Paz.

 

La Paz es -ante todo- un Don de Dios que se recibe cuando estamos abiertos a la Vida, al Amor. No se requiere estar matriculado en un partido político ni siquiera en una religión para aspirar a este don, basta querer abrirse al Amor sin fronteras, libres de ideologías y cualquier clase de apego, cuando aprendemos a “ser libres” como el mismo Dios.

 

El Saludo de Jesús resucitado a sus discípulos que se encontraban encerrados por el miedo es: “La Paz esté con ustedes”. La palabra hebrea para significar la Paz, “Shalom”, lleva una significación total de mor, vida, alegría, armonía; abarca todos los dones del Reino. De allí que el mejor y más profundo saludo que usted puede expresar a alguien es desearle esa Paz: ¡Shalom!

 

En este breve espacio no cabe toda la significación que condensa la palabra Paz, pues no se refiere simplemente a la ausencia de guerra sino a todo lo que contiene la bendición de Dios impulsando la creación de un hombre y una mujer nuevos al modelo de Jesús de Nazaret, llamado por ello el “Cristo”. Condensemos nuestra reflexión citando el documento de los obispos en la Conferencia Episcopal de Medellín (1968).

 

“La Paz es, antes que todo, obra de la justicia; ella supone y exige la instauración de un orden justo en el cual todos los hombres puedan realizarse como hombres, donde su dignidad sea respetada, sus legítimas aspiraciones satisfechas, su acceso a la verdad reconocido y su libertad personal garantizada. Un orden en el cual los hombres no sean objetos, sino agentes de su propia historia”.

 

De aqui que ante el saludo: “La paz contigo”, se responde: “Y con tu espíritu”.

 

Pbro. Jairo Gallego Salazar, cjm

Octubre 1

Mes del Amor y la Amistad

 

Así se ha denominado al mes de septiembre, “mes del amor y la Amistad”. El festejo comenzó celebrándose el 14 de febrero ya que por esa fecha en el siglo III fue martirizado San Valentín,  un sacerdote que se atrevió a celebrar, clandestinamente, el matrimonio de soldados, prohibido por el emperador quien pensaba que si el soldado permanecía soltero podría tener mayor rendimiento en la guerra por no estar ligado a esposa e hijos.

 

Con los años la celebración ha variado de acuerdo a las culturas y los tiempos. Por ejemplo, en Colombia la celebración se ha dejado para el tercer sábado de septiembre, pues en febrero se coincidía con el inicio de la época escolar que exige gastos a las familias. Y como la actividad comercial ha permeado bastante nuestra sociedad capitalista, ya la festividad se ha querido prolongar llamándola “mes del amor y la amistad”.

 

Vale reflexionar aunque sea por breves instantes sobre la dimensión de estos dos dinamismos antropológicos para no caer en la cosificación y en las actitudes meramente interesadas a que nos puede atrapar la sociedad de consumo, y trascender –como es lo auténticamente humano– a la esfera del espíritu. Por ello, acerquémonos a las luces que sobre un “amigo” nos brinda el libro del Eclesiástico:

 

 

Una voz suave aumenta los amigos,

unos labios amables los saludos.

 

Sean muchos los que te saludan,

pero confidente, uno entre mil;

 

 

 

si adquieres un amigo, hazlo con tiento,

no te fíes en seguida de él;

 

porque hay amigos de un momento

que no duran en tiempo de peligro.

 

Amigo fiel refugio seguro,

el que lo encuentra, encuentra un tesoro.

 

Un amigo fiel no tiene precio;

ni se puede pagar su valor;

 

un amigo fiel es un talismán:

el que respeta a Dios lo alcanza.

 

                                                  Eclesiástico 6, 5-17

Mayo 15 de 2018

Estamos de Pascua

Hace unas semanas los católicos celebrábamos la Pascua, y en la pasada reflexión insistíamos en cuidar de no quedarnos en la mera celebración sino pasar “de la celebración a la vida”. Hoy quiero reforzar el sentido práctico al que nos debe llevar la celebración, pues en el pueblo creyente se da con mucha frecuencia de quedarse en el mero festejo sin llevar a la vida práctica aquello que se celebra, y por tanto sin experimentar y saborear la salvación, liberación y gozo de vida que ello implica.

 

La palabra “pascua” que significa ‘paso’ o ‘tránsito’ es traducción que viene de los idiomas arameo, hebreo y griego. Ella condensa la profundidad del misterio que se revela en Jesús de Nazaret, el Cristo, como lo expresa el Evangelio de san Juan: “Habiendo llegado la hora de pasar de este mundo al Padre…” (Juan 13,1). Pasar, no como un cambio de lugar sino como transformación de la existencia.

 

Ya sabemos que el pueblo judío recordando la liberación de la esclavitud que sufrió en Egipto, celebraba este acontecimiento en medio de una comida en la cual se inmolaba y comía un cordero. A la fiesta se le dio el nombre de “Pascua”, por conmemorar el paso de la esclavitud a la libertad. Ya Jesús al culminar su paso por esta tierra y dada la novedad de su experiencia que ofrecía una nueva visión de liberación desde lo más profundo del ser humano, por su entrega en el servicio a la vida, dio el paso, el salto de inmolar un cordero a entregarse la persona misma en el servicio a los suyos, en servicio a la vida. Hablamos ya de “eucaristía” como comunión, como encuentro, como fraternidad. Su testimonio bien lo sintetiza en el Evangelio de san Mateo: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido,

sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos" (Mt 20,28).

 

Como Jesús, si nos abrimos a la acción del Espíritu de Dios, Espíritu Santo, seremos transformados en hombres y mujeres nuevos, que como él estaremos aportando vida a la existencia al estar abiertos a toda persona, al ser generosos, al saber compartir y vivir en comunión con la humanidad y con la misma Naturaleza.

 

Estamos de Pascua y estaremos siempre de Pascua cada vez, cada día que le decimos no a la muerte y sí a la vida; es decir cada vez que decimos no al mal y sí al bien, no al odio y si al amor, no a la guerra y sí a la Paz.

 

Así toda celebración de la Iglesia es celebración pascual porque no es simplemente recordación del pasado sino actualización de la Pascua como paso de la muerte a la vida. Por esto, todos los auténticos y verdaderos cristianos siempre… ¡Estamos de Pascua!

 

¡ ¡ALELUYA – ALELUYA – ALELUYA !!

Reflexión Espiritualidad y Vida

De la celebración a la vida

 

Nosotros, católicos-cristianos, estamos celebrando la buena Nueva de la Pascua, el paso de la muerte a la vida, revelado en Jesús de Nazaret  y prometido a todo creyente; es el fundamento de la Fe cristiana que, en términos prácticos es morir a todo lo que es mal para dar el “paso” (Pascua) a un hombre nuevo, comunicador de vida, lo que se logra abriéndose a la fuerza transformadora del Espírito de Dios, Espíritu Santo.

 

Estas celebraciones con el correr del tiempo fueron evolucionando y adoptando una forma litúrgica bastante vistosa y bella; corriéndose el riesgo de que el pueblo sencillo se quede en la vistosidad externa de las celebraciones. El lenguaje común lo revela, se pregunta: ¿cuándo es “la ceremonia” de la bendición del agua o de las velitas o del lavado de los pies? No se penetra en el sentido profundo que el signo revela y en el compromiso serio que conlleva. Ante este riesgo, es conveniente recalcar e insistir que el rito es un momento de celebración que nos compromete a vivir y hacer experiencia en lo cotidiano de nuestra vida aquello que celebramos.

 

Con el agua bendecida que somos rociados en la noche pascual estamos actualizando nuestro compromiso bautismal por el cual nos hicimos discípulos de Jesús, comprometiéndonos como Él a ser “servidores” de la vida. Sabemos que Jesús se entregó en el servicio con un trato personal, sanando relaciones, curando enfermos, enderezando a muchos por el camino justo, revelando así el Amor de Dios en obras concretas de perdón y liberación, por ello pudo afirmar:: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

 

Ya debemos, pues, entender que como discípulos de Jesús debemos pasar, de la “creencia” a la experiencia, en otras palabras: “de la celebración a la vida

 

Y ahí están los testimonios de tantos otros hombres y mujeres que han asimilado y puesto en práctica el mensaje de la Buena Nueva. Muy cerca a nuestro acontecer está la persona del padre Rafael García-Herreros, a quien debemos tantas obras orientadas hacia el servicio social, entre otras: construcción de vivienda popular, asesoría rural, colegios, universidad. Bien lo afirma él: “No hay camino directo a Dios, si no es a través del servicio al hombre”.

 

Cuidémonos, pues, de quedarnos en la mera devoción, en el esplendor de las celebraciones, vayamos a la experiencia de vida como nos lo reitera y exhorta el hoy siervo de Dios Rafael García-Herreros:

 

Que nadie se quede sin servir

Reflexiones Pastoral

Escucha en el silencio

Siervo de Dios

Rafael García-Herreros Unda

y la “Escucha en el Silencio”

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“Señor, enséñanos, en el silencio de tu presencia,

a comprender el misterio que somos nosotros.

 Tú eres el Santo”    (1)

 

 

 “Tengamos diariamente unos minutos

de absoluto silencio y de absoluta concentración

en la belleza de Dios,

    unidos íntimamente en Cristo con Él”.     (2)

                                           

Por el año 1983 cuando llegué a la experiencia espiritual en El Minuto de Dios de Bogotá, tuve la gracia de llevar muchísimas veces al “padre Rafael” a la emisión en vivo y en directo de su programa evangelizador “El Minuto de Dios”. Conduciéndolo en su carro, primero a RCN en Teusaquillo hacia las 5:00 pm, y luego, hacia las 7:00 pm, a la Televisora Nacional en el centro de Bogotá.

 

Cuando llegaba a recogerlo en la casa parroquial, al subir las gradas y enfocarme con la biblioteca, lo encontraba sentado, enruanado y con sus ojos cerrados, en pleno silencio. No estaba dormitando porque al ligero roce de mis pasos abría sus ojos y me decía: ‘¡Listos, Jairo, vamos!’. Indudablemente yo percibía que él estaba muy presente, meditando, saboreando en el silencio de Dios.

 

Ese callado testimonio me fue inquietando a experimentar en la oración simple, expectante, sin muchas palabras que nos va conduciendo a la Contemplación, y que hoy llamo: “Escucha en el Silencio”. Es la praxis de Jesús de Nazaret, a quien los Evangelios lo muestran frecuentemente retirándose a un lugar solitario a orar (Mt,14-23).

 

“Él acostumbraba retirarse a lugares despoblados

para  orar”

 

Lc 5,16

 

En un mundo de ruidos, de constante movimiento y exigencias de rendimiento hay que aprender a rescatar momentos de quietud y soledad si se quiere experimentar la intimidad con Dios, como lo vivió el padre Rafael:

 

“¡Dios!  Nosotros no nos imaginamos cómo serás...

pero nos basta saber que eres… ¡que existes,

y que nos miras en silencio…! ¡Y que nos amas…!

 ¡Tú nos amas! ¡Tú nos amas…!    (1)

 

Vale, pues, la pena lanzarse a tal experiencia como nos anima el Siervo de Dios Rafael García-Herreros, hoy en camino a ser beatificado:

 

”Es muy importante que muchos de ustedes,

cristianos que me escuchan en cualquier parte de Colombia, tengan acceso a la intimidad y a la belleza,

       al silencio y a la soledad adorable de Dios”     (2)

 

-+-+-++-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-+-++-++-+-

 

  1. (Palabras a Dios –Rafael García-Herreros, cjm

                                     Colección  Obras Completas No. 9.

               Corporación centro Carismáticos Minuto de Dios

                                                     Bogotá, Colombia, 2008)

                                                           

                                                    (2)  (García-Herreros, R. -2009- p.442-443,

                                    Libro Constructores de la Nueva Colombia, Bogotá, D.C.

                                             Corporación Centro  Carismáticos Minuto de Dios)

 

 

“Un rato de silencio descubre el misterio oculto de las cosas”

 

Siervo de Dios Rafael García-Herreros

Cuaresma y Oración

 

Una vez bautizado Jesús, el Espíritu lo movió a ir al desierto. Allí estuvo cuarenta días…   después que Juan el Bautista  fue entregado, se dirigió Jesús a Galilea y empezó a predicar el Evangelio de Dios. Decía: “El plazo se ha cumplido; ya llega el reinado de Dios vuelvan a él y crean en el Evangelio”                            (Marcos 1,12-15)

 

En el primer domingo de Cuaresma la liturgia de la Iglesia nos coloca ante el proyecto de Jesús que bien él lo señaló como: “El reinado de Dios”.

 

Y es que como el Maestro de Nazaret, Jesús, experimentó el misterio de la fuerza divina aconteciendo, reinando en él, su proyecto fue comunicar y animar a los suyos a abrirse también a experimentar y vivir esa experiencia.

 

¿Cómo se detecta que Dios está reinando en una persona? Muy sencillo:  “por sus hechos los conoceréis”.

En Jesús y cualquiera otra persona que acontece ese reinado, ello se revela por sus actitudes positivas y concretas de proyección hacia los demás. Es una persona que no solo proclama sino que practica la justicia, la fraternidad, la solidaridad, la generosidad, el Amor y la Paz.

 

La persona de buena voluntad que escucha esto se pregunta: ¿y cómo llegar a ello?

 

La pista está en la cita del evangelio de Marcos arriba anunciada. Nos afirma que Jesús fue al “desierto” y estuvo “40” días. Aquí la palabra desierto y el número 40 deben interpretarse simbólicamente. El relator nos está diciendo que Jesús se tomaba su lugar de retiro para meditar, para orar, y el 40 no es matemático, indica el tiempo en que se realiza una acción plena, así sea de horas o años.

 

Recordemos a Lucas 5,16: “Él acostumbraba retirarse a lugares despoblados para  orar”. Esto es ir al “desierto”, además se tomaba su buen tiempo (“40”)para orar.

 

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar solitario,

donde se puso a orar.

Mc 1,35

 

Aquí, pues, está una excelente pista para abrirnos a la experiencia del reinado de Dios: la oración, la meditación. Pero, ¡atención!, no todo tipo de oración nos lleva a esa experiencia. En nuestra pasada reflexión nos referíamos al camino de meditación u oración que han recorrido los grandes espirituales de nuestro planeta: un silencio expectante, un silencio contemplativo. Y traíamos a ejemplo de experiencia actual el testimonio del padre Rafael García-Herreros y sus momentos de meditación silenciosa.

 

Como una de las prácticas recomendadas de Cuaresma (cuarenta-días) es la Oración, hemos querido –a través de estas notas- animarle, apreciado lector, a penetrar en este Camino de Meditación silenciosa que nos lleva de una manera suave y calmada al encuentro con ese Maestro Interior, que de los más profundo del Ser nos va iluminando el Camino a recorrer y –a la vez- nos comunica la fuerza para convertirnos en instrumentos de vida trayendo a nuestro mundo una justicia equitativa, reafirmando la fraternidad humana en hechos concretos de solidaridad y generosidad. En dos palabas:

 

Comunicando Amor y Paz.

 

Comprendiendo la oración así, como la hemos bosquejado, entendemos la recomendación de San Juan Eudes cuando se refiere a ella: Mirar la oración como el trabajo primero y principal más necesario, más imperioso y más importante de todos”.

 

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“Acostúmbrense a adorar.

Aprender a adorar en silencio. Aprendan a orar así”.

 

Papa Francisco

Atajos