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Sudbury el milagro medioambiental

La ciudad pasó de ser una zona despoblada a recobrar su vegetación en un 80 por ciento.

 

Sudbury en Ontario, Canadá, fue una de las ciudades que más contribuyó a la contaminación ambiental mundial en la década de los sesenta. Las empresas, que contaban con más 25.000 trabajadores, fueron las responsables de producir gases invernadero, particularmente azufre, causando sequía en los ríos, zonas despobladas y tierras infértiles en la región.

Salvar la ciudad implicó una serie de estrategias, entre ellas políticas gubernamentales, trabajo colaborativo con la industria minera, así como la apropiación de la comunidad por el cuidado del ambiente, para lograr cambios positivos en el ecosistema y mejorar la calidad de vida de los habitantes.

De acuerdo con el Dr. Jorge Virchez de Laurentian University -Canadá-, en el marco del segundo Foro de Biodiversidad y Cambio Climático liderado por la Licenciatura en Educación Básica con énfasis en Ciencias Naturales y Educación Ambiental, Sudbury es un milagro ambiental al recobrar en un 80% su vegetación a través de programas de saneamiento y descontaminar en su mayoría los lagos de la región.

“De los 320 lagos que tiene la ciudad todos estaban contaminados, actualmente solamente existen tres, que se han dejado para ver cómo se pueden descontaminar de forma natural... Frente a la recuperación del suelo que costó más de 50 años de trabajo, se utilizaron carbonato de calcio, fertilizantes, mezclas de semillas o zacates (pastos), algunas leguminosas y finalmente arbustos y árboles.

Aunque todavía tenemos el desafío para que algunas zonas de explotación minera desarrollen un tratamiento adecuado para los residuos contaminantes que se quedan después de la elaboración del níquel, estamos libres de azufre y smog”.

Según Virchez, para lograr un cambio importante medioambiental en las regiones, se requieren de apuestas importantes que incluyan trabajo mancomunado y concientización de las problemáticas por parte de las comunidades, las empresas, las instituciones universitarias e investigativas al igual que el estado gubernamental.

“Tuvimos varias condiciones para lograr salvar a Sudbury, la participación de la comunidad, el gobierno, la empresa y las medidas medio ambientales que dejaron como uno de los resultados más importantes la plantación de más de 13 millones de árboles… Se hizo posible lo impensado, hacer de nuevo de Sudbury una ciudad verde”.   

En materia de biodiversidad durante el encuentro académico, la doctora Nilda Dora Vignale de la Universidad Nacional de Jujuy, Argentina, habló del vínculo que existe entre los seres humanos y las plantas, es decir de la relación entre la botánica y la antropología, al igual que la fusión de los saberes locales, tradicionales y populares con los usos de las plantas para analizar sus relaciones en beneficio del medio ambiente.

“La unión de un perfil definido por la botánica y uno por la antropología, han dado origen a un nuevo campo multidisciplinario, un marco teórico y un método propio que es el de la etnobotánica. Significa que se trabaja, valora e intenta entrar en un campo conjunto con los grupos humanos y las plantas, para sustentar y valorar las acciones de las comunidades con el uso vegetal, ya sean las plantas, conducción de ciclos agrícolas o utilización de herramientas en la producción de agricultura”.

Para Vignale, la etnobotánica permite una absoluta interacción y comunicación planta - sociedad, propiciando entre muchos otros resultados, la vinculación de diversas plantas cultivadas en las comunidades con plantas netamente silvestres, como lo demostró  la doctora en su intervención, en una zona del Jujuy en Argentina se logró incorporar una producción de duraznos en una espacio natural y convertirla en patrimonio biocultural, gracias al apoyo de las universidades, los habitantes y el mismo gobierno local.       

“Todo lo que he aprendido de las plantas en Jujuy, lo he logrado con base en los aprendizajes producto del contacto con las comunidades y con los niños de las escuelas, porque ellos conocen cómo se llaman las plantas y las diferencian perfectamente… Eso es lo que uno como docente debe lograr al trabajar en el lugar, además, de generar interés acerca de la necesidad de incorporar e intercambiar información actualizada sobre aspectos nutricionales, formas de uso de los productos y cuidado del medio ambiente”.

La jornada estuvo acompañada de los estudiantes, docentes y colaboradores de la Licenciatura, quienes, junto a los conferencistas internacionales, puntualizaron en que hay que trabajar con compromiso y responsabilidad al interior de las comunidades, aprendiendo de sus tradiciones, saberes y experiencias, y principalmente en lo que ha significado para ellos el hacerse responsables de las especies que forman parte de su entorno.

“Muchos de los trabajos han sido realizados con colaboración de los alumnos, por ello es importante que los estudiantes vean la posibilidad de realizar acciones de docencia, como de investigación, en contextos diferentes y con comunidades… Hay que prepararse, conocer las problemáticas de las sociedades y aportar a las soluciones desde un análisis y abordaje responsable bajo el acompañamiento siempre de la academia”, concluyó Vignale.

 

 


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