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Moviendo las fibras de la niñez a través del voluntariado

“Damos de nuestro tiempo y de lo que cada uno tiene para poder participar y aportar en comunidad”.   

 

El trabajo de voluntariado se ocupa de la prevención y atención de la niñez, juventud y vejez en condiciones de vulnerabilidad. En Colombia cobra relevancia, gracias al compromiso ciudadano de las personas y su interés por aportar a la solución de problemáticas en términos de desigualdad, pobreza, así como desintegración familiar.

 

La tendencia sigue moviéndose satisfactoriamente, principalmente en el ámbito universitario, por su aporte social y desarrollo de acciones y actividades que generan impactos positivos en las comunidades y en colaboración con fundaciones e instituciones protectoras de los Derechos Humanos.

 

“La oportunidad para servir desde el voluntariado, significa una ventana al fortalecimiento de las capacidades humanas frente a la responsabilidad social y la generación de un trabajo solidario en las comunidades… El aporte de la universidad se convierte en un factor fundamental por ser de carácter misional, de sentido de servicio y de solidaridad”, Johana Rocero, líder de práctica en responsabilidad social del Centro de Educación para el Desarrollo -CED-, de la Sede UNIMINUTO Virtual y a Distancia.   

 

Al respecto, el CED viene prestando especial atención a los grupos menos favorecidas de la capital, sensibilizando a estudiantes y docentes de la institución y fomentando procesos de intervención que atiendan las necesidades de los habitantes.

 

“El voluntariado con los estudiantes significa para las comunidades un apoyo incondicional… Es reflexionar constantemente sobre las realidades de las personas y sus problemáticas a las que a diario se enfrentan como el hambre, la violencia o la pobreza”, indicó la docente del CED.    

 

La Fundación Egipto con Futuro, ubicada en la localidad de Santa Fe al sur de Bogotá, es precisamente uno de los escenarios en donde los estudiantes y docentes de UNIMINUTO Virtual y a Distancia, interactúan con niños y niñas de 4 a 14 años de edad, y en el cual “se adquieren experiencias gratificantes, que requieren de esfuerzos, pero que finalmente lo más importante es ver la sonrisa de cada uno de ellos”.

 

“Yo le quiero dar gracias a la universidad porque me han ayudado a cuidar de estos niños, ya que yo sola no puedo cuidarlos… A los docentes de UNIMINUTO les doy las gracias por traerles alegría con cada regalo y por tener esa paciencia para estar con estos muñecos, eso no lo hace cualquiera, solo las personas que tienen un corazón muy bueno”, relató Bertilda Díaz, directora de la Fundación.

 

 

 

 


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