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Lo admirado, lo admirable, el sentido de lo que se admira.

En toda cultura, tiempo o condición, dar sentido a la existencia es una necesidad implícita en la conciencia y el corazón de toda persona.

Esta es una invitación a reflexionar sobre el sentido de la vida, visto desde la capacidad de admirar. Definida como la acción de dejarse sorprender, de encontrar el gusto de las cosas, esta es una fuerza motivadora de sentimientos y reforzador de conductas, característica particular en la conciencia del ser humano.

Lo que el ser humano hace o sabe ha sido aprendido; la capacidad de admirar está implícita en su instinto al igual que la capacidad de amar. La admiración está presente en todo lo que se ama y en todo lo que resulta de esa acción de amar, no es necesario aprenderla, quien no es capaz de admirar, no es capaz de amar.

En la cotidianidad de la vida, se suceden diversidad de momentos que traen consigo, razones para admirar; admirar lo creado, como la belleza de un atardecer; lo vivido, como la experiencia de servir en el momento oportuno; admirar al otro, como una madre admira a su hijo; admirar incluso en la dificultad, cuando reconocemos el valor de la sinceridad en los momentos difíciles; admirar siempre dará como resultado la satisfacción de vivir.

El admirar se define en el diccionario como un verbo, transitivo infinitivo, que hace referencia a maravillarse, a mirar de cerca y dejarse sorprender. Admirar es una virtud, que pasa de lo instintivo a lo intuitivo y que habla de la capacidad propia de la razón y la trasparencia del corazón; encontrar la belleza, el encanto en lo que se juzga como extraordinario y que en muchas ocasiones esta escondida ante los ojos.

Admirar es más que una acción de ver, los ojos son solo un instrumento, pero la admiración no se limita exclusivamente a esta acción de mirar de cerca, la admiración trasciende los sentidos; admiramos con el corazón, con el alma, es algo implícito en el hombre, necesario para alcanzar su plenitud.

La admiración incluso es personal, no todos admiramos lo mismo, no todos admiramos igual, lo que tu admiras podrá se trivial para otro, o pasar desapercibido, pero para ti es lo que te atrae, lo que te enamora, lo que te motiva.

Al admirar también recibes; recibes alegría, gratitud y es en esa reciprocidad, dónde la admiración es abundantemente generosa; su gratitud es la energía para vivir, es el amor.

La acción de admirar está en todo, por ejemplo: quien admira su trabajo, se esfuerza, se sacrifica, y se supera diariamente, con tal de conservarlo.

Pero hay una admiración aún más bella, implícita en el amor y se materializa en la fidelidad. Quien ama, admira, y quien admira permanece fiel; fiel a todo lo que admira y a todos a quienes admira.

La admiración no se condiciona, quien admira lo hace libremente, nadie puede obligar a otro a admirarle, este se da naturalmente, y de igual manera, naturalmente nutre el amor; ahora bien, quienes son admirados, se fortalecen, elevan su autoestima y encuentran una fuente de virtud, que alimenta el vínculo, entre quien admira y quien es admirado.

Finalmente, el principio de admirar es el reconocer, en el otro y en las cosas lo maravilloso de cada uno. Admira lo que haces, admira lo que eres, admira quién eres, y comparte con tus próximos esa admiración que sientes por ellos; decir te admiro, o eres admirable, hará mucho bien a quienes estén junto a ti.

Wilfredo Quintero Sánchez

Profesional de Pastoral Vicerrectoria Regional Santanderes


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