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Formar excelentes seres humanos profesionales en UNIMINUTO

Somos formadores, no por profesión sino por vocación. Tal es la condición fundamental que debemos vivir en nuestra propia existencia y en nuestro trabajo en UNIMINUTO. Pero si hemos de asumir a nuestros estudiantes que nos llegan, como son en su realidad actual, también debemos partir de nuestra propia identidad de formadores.

Se realiza así una maravillosa integración entre la realidad de nuestros estudiantes, que necesitan ser orientados y acompañados para responder a los desafíos propios del país desde su opción profesional, y nuestra propia realidad de formadores, que acompañan, moldean y transforman corazones, vidas, ciudades y una gran nación.

Ahora tenemos también el deber de formar a las nuevas generaciones de UNIMINUTO en una visión de universidad íntegra, ética, profesional y apasionada por Jesucristo, que es capaz de mostrar los más humildes actos de servicio a la persona humana. Sentimos la necesidad de presentar a la sociedad una universidad cuyo testimonio de vida y cuya palabra saben formar en la solidaridad y la fraternidad; que busca generar el cambio social sin egoísmo y corrupción, con trasparencia y calidad.  

Vemos también la urgencia de ofrecer a nuestros estudiantes el ejemplo de formadores en permanente crecimiento y renovación, no solo académicamente sino también en su fe, que, como diría san Juan Eudes: "arrebatado por el amor a Jesús, llevo en su corazón las angustias y las necesidades de sus hermanos y hermanas, y abrió con audacia nuevos caminos para hacer crecer el Reino de Dios"; reino integral e integrador y praxeológico.

Nos corresponde ahora a todos la tarea de seguir formándonos como profesionales y mostrar, con nuestro testimonio de vida, el camino verdadero, basado en la respuesta que exige cada necesidad histórica que se vive en UNIMINUTO.

Ser el hombre, la mujer, del momento, es hacer presencia del García Herreros que llevamos dentro y que Colombia y el mundo necesita.

 

Algunos objetivos del aprendizaje

Si nos remitimos a los evangelios, las jornadas de Jesús son llamadas discipulado (relación maestro-aprendiz) y tiene tres aspectos fundamentales: es integral e integradora, es praxeológica y es permanente. Nuestros aprendizajes no proceden solo del aula de clase, ni se dirigen a un ente que llamamos “estudiante”. La formación intelectual que nos interesa para “formar estudiantes y colaboradores según el Corazón de Dios”, o en términos más eudistas, “según el Gran Corazón”, nace de la interacción del discípulo con la Escritura, con la ciencia, con el entorno socio-espiritual, con el mundo y sus desafíos. La academia es la universidad, pero va más allá, hace parte de sus inquietudes, de su búsqueda de sentido, de sus cuestionamientos y de las soluciones que le pide el contexto donde vive. Por todo esto, la formación del discípulo afecta todas las áreas de su vida, le ayuda a integrar su vida, ofreciéndole medios de conocimiento y sistematización del mismo; forma su criterio y su conciencia para discernir la realidad; modela sus decisiones y acompaña sus procesos de transformación del medio; y lo invita a continuar su formación a lo largo de toda la vida, porque acompaña permanentemente su misión. Esto es lo que hizo de Jesús, un maestro de vida, y de los que seguían, discípulos perennes.

Mi invitación es a que descubramos la formación intelectual como un medio maravilloso para seguir creciendo en la búsqueda, en el discernimiento y en el servicio a los demás. Cuando le vemos la proyección formativa a todo lo que aprendemos, descubrimos la pasión por el estudio, ser inteligentes y bien formados académica y humanamente.

En este sentido, quisiera señalar tres niveles de objetivos de aprendizaje que debe caracterizar siempre al formador (docente): conocer, comprender y manejar los contenidos.

 

Conocer

El primer objetivo del aprendizaje se refiere al conocimiento de cosas, hechos, contenidos, ideas, etcétera, que existen o existieron, sin llegar a una mayor profundización o comprensión de los mismos. El aprendizaje de tipo memorístico se ubica dentro de este nivel.

La exposición de tipo magisterial es básica para que los alumnos tengan este primer contacto con los contenidos o información del curso. Aunque también es posible, y recomendable, que este contacto se complemente a través de otros medios, como lecturas directas, audiovisuales, asistencia a conferencias, películas, tecnológico, etcétera.

 

Comprender

El segundo nivel del aprendizaje, informativo, se refiere a la comprensión a fondo de los contenidos o ideas que se están viendo en el curso.

Aquí también es de vital importancia la forma como el profesor presente y explique los contenidos del curso. Sin embargo, la técnica expositiva, por sí sola, no es suficiente para lograr que los alumnos comprendan a fondo lo que el profesor explica. Todos sabemos que, aun en el mejor de los casos, el alumno pone atención solo al 80 por ciento de la exposición, entiende solo el 60 por ciento, y retiene únicamente el 40 por ciento. Los profesores con gran carisma, que llevan su clase de manera muy amena, que han estructurado bien el orden de los contenidos y que logran atraer la atención del alumno, pueden elevar solamente un poco estos porcentajes.

Para lograr una mayor comprensión y profundización en los contenidos, es preciso complementar las exposiciones con otras técnicas de trabajo, por ejemplo, con la técnica de interrogatorio, que ayuda a detectar y evaluar los niveles de comprensión, así como los temas en que hay dudas o lagunas significativas. También es útil la técnica de debate o la discusión en grupos pequeños o en plenario. Muchas veces, los alumnos se ayudan más entre sí

al hablar el mismo lenguaje y experimentar las mismas dificultades, y pueden cubrir aspectos que el profesor no explicó, tal vez por parecerle demasiado obvios.

 

Manejar

El tercer nivel del aprendizaje se refiere al manejo de los contenidos o a su aplicación en situaciones tanto teóricas como prácticas. Cuando, por ejemplo, se les pide a los alumnos que redacten un ensayo sobre un tema o que expongan ante el grupo una visión general del mismo, se les está pidiendo que demuestren que pueden manejar esos contenidos, para lo cual es indispensable que los hayan entendido previamente. Lo mismo sucede cuando se les pide que realicen una práctica en la que apliquen lo visto en sesiones anteriores. En la medida en que el alumno sepa, comprenda y pueda manejar los contenidos podrá realizar adecuadamente esa actividad.

Para lograr que los alumnos alcancen este tercer nivel del aprendizaje, la técnica expositiva no tiene ninguna utilidad. Aquí es indispensable recurrir a actividades que propicien la participación activa del alumno, tanto dentro del salón de clase, como fuera de él.

Con lo anterior, UNIMINUTO deberá ofrecer una formación intelectual seria y profunda, en el campo de las ciencias humanas y, especialmente, de las ciencias sociales, a fin de que el futuro graduado aprenda a anunciar con toda integridad, fiel al pensamiento del P. Rafael García Herreros, con atención crítica, atento al contexto cultural de nuestro tiempo y a las grandes corrientes de pensamiento y de conducta de ver en el necesitado el deseo de poder transformarle. Asimismo, se deberá reforzar en nuestro entorno académico el currículum académico en los diversos campos formativos, procurando que no se reduzca sólo a nociones, sino que sea en verdad espíritu y vida que ilumine y alimente toda la existencia.

Todo esto se expresa en una reflexión seria, puesta constantemente al día a través del estudio que abre la inteligencia, con la luz de la fe, a la verdad. También capacita para el discernimiento, el juicio crítico y el diálogo sobre la realidad y la cultura. Asegura de una manera especial el conocimiento científico y humano para adquirir la necesaria competencia en vista de los servicios profesionales que se requieran y para la adecuada presencia en la sociedad.

 

En conclusión

Hemos explicado quizás algunos objetivos para formar en el aprendizaje a nuestros futuros profesionales que, desde nuestro punto de vista, son básicos para la docencia. Posiblemente otros autores, con otros marcos teóricos, pongan énfasis en habilidades diferentes o coincidan con algunas de las aquí expuestas, pero las desarrollen de diferente manera. La docencia no es una ciencia exacta, es un arte; como tal, está sujeta a diversas interpretaciones y manejos. Sucede lo mismo que en la pintura, la música, el baile, la escultura y las demás artes.

Cada profesor asume, a lo largo de su práctica profesional, un estilo propio de ser formador, de instrumentar el proceso de enseñanza-aprendizaje. La libertad de cátedra también incluye el que cada profesor pueda y deba decidir la mejor manera de impartir su clase.

La propuesta que hemos presentado está fundamentada en una filosofía y unos valores referentes al papel propio del formador que hace parte de esta Alma Mater de UNIMINUTO. A manera de conclusión, explicitaremos siete elementos de esta filosofía.

1. La función de la escuela, en general, y de UNIMINUTO, en particular, no es la de “informar”, sino la de formar personas. Los conocimientos teóricos son importantes, pero son más importantes las actitudes, los valores, las habilidades, la forma en que se utilicen aquellos conocimientos.

2. La función principal del profesor no es enseñar, sino propiciar en sus alumnos aprendizajes significativos; desempeña su tarea si consigue que sus alumnos aprendan significativamente.

3. Para el aprendizaje significativo se deben dar cuatro condiciones básicas: la motivación o el interés por el aprendizaje, la comprensión de lo que se estudia, la participación activa en el proceso de enseñanza‑aprendizaje y la aplicación de lo visto a situaciones de la vida real.

4. La didáctica grupal es un método de trabajo que esta fundamentada en el trabajo cooperativo, contribuye a la formación de valores y actitudes; estimula la motivación, el interés y la participación del alumno; facilita la evaluación del proceso y certifica la comprensión de los contenidos; por último, propicia la integración entre la teoría y la práctica facilitando la aplicación de los contenidos a la vida.

5. Aunque el aprender es algo que se debe tomar en serio, no es preciso estar serios para aprender; es decir, se puede aprender divirtiéndose, aprovechando la tendencia innata que toda persona tiene para el desarrollo. Esa tendencia, tan palpable en los niños, desaparece conforme el muchacho es "domesticado" en la escuela. Vale la pena regresar al espíritu lúdico del aprendizaje.

6.  Un profesor que actúa de manera independiente, al estilo de un francotirador, no logrará establecer un sello en la formación de sus alumnos. Por ello es preciso que se trabaje en grupo o en academia con el fin de establecer estilos institucionales que puedan marcar positiva y definitivamente a los estudiantes.

Con estos contribuimos en formar excelentes seres humanos, profesionales competentes, éticamente orientados y comprometidos con la transformación social y el desarrollo sostenible, en UNIMINUTO y para el mundo.

 

P. José Segismundo Prentt Martínez, cjm.

Coordinador Pastoral Vicerrectoría Regional Orinoquía

 


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