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Empezar a leer la Biblia

En otras épocas, los jóvenes y niños conocían la Biblia, sus personajes y relatos, como si se tratase de cuentos infantiles. Muchos errores o apreciaciones equivocadas surgieron cuando esos textos bíblicos fueron puestos a la luz de los avances científicos, produciendo, en los creyentes, o no, actitudes de rechazo o de indiferencia, o acomodando explicaciones para salvar la verdad de la Palabra de Dios aprendida.

Hoy en día, cuando alguien poco o nada conoce acerca de la Palabra revelada y sus experiencias, debemos saber que en la Biblia se percibe con claridad que Dios ha estado en contacto permanente con el hombre. Al introducirnos en la lectura y entendimiento de la Biblia, conocemos la acción de Dios en la historia de los hombres. Descubrimos que Dios tiene un proyecto para que los hombres se realicen y sean felices.

Para los hombres del siglo XXI se hace necesario conocer las raíces de su fe y rechazar las posturas a veces tan irreales como falsas acerca de Dios, que actúa en la historia.

Como ocurre con tantas fechas que la ONU señala como objetivo para sensibilizar una situación especial, también, entre los cristianos, este mes de septiembre se pretende sensibilizar y motivar a la lectura continua y directa con la Biblia; conocer la revelación de Dios en su Palabra definitiva que es Jesucristo y valorar la acción de Dios en sus vidas, en el mundo y la Iglesia.

Reflexiona brevemente: ¿Has leído la biblia? ¿Por qué? ¿Qué mitos existen entre la gente acerca de la Biblia?

En el mundo actual hay hambre de la Palabra de Dios. Se cumple la predicación del profeta Amós 8,11:

“He aquí que vienen días -oráculo del señor Yahvé- en que mandaré hambre a la tierra, más no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la Palabra de Yahvé”.

La comprensión de los Libros Santos no es cosa fácil, y hasta encontramos un pasaje que nos declara la dificultad para entender las Divinas escrituras, en Hechos 8, 26-40: dice que un etíope, alto funcionario de Candace, reina de los etíopes, regresaba de Jerusalén sentado en su carro, y leía el profeta Isaías. El Espíritu dijo a Felipe: “acércate y ponte junto a ese carro”. Felipe corrió hacia él y le dijo: “¿entiendes lo que vas leyendo?”. Él contestó: “¿cómo lo puedo entender si nadie me hace de guía?” Y rogó a Felipe que subiese y se sentase con él. Felipe, entonces, partiendo del texto que iba leyendo el etíope, se puso a anunciarle la buena nueva de Jesús.  

Siendo conscientes de la dificultad para comprender las Escrituras, aclaremos que esta palabra misma de Dios, como lo es Jesús, es fuente de vida eterna: Jn 5,39; 6,63, y pueden edificar y dar la herencia a todos los que han sido santificados: Hch 20,32; 1Ts 2,13.

Te invitamos ahora a te sumerjas en el amplio acceso a la Sagrada escritura, tanto al antiguo como al nuevo testamento. Y mucho más cuando se quiere conocer la misma verdad de Dios. Mucho ánimo y a leer la Biblia. Bendiciones.  

P. Gabriel Alberto Reyes Tristancho, CJM


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