Saltar al contenido
Pastoral

Destacados

Atrás

Advocación al hombre

¡Tú eres una belleza, oh hombre! ¡Tus ojos son el espejo donde se refleja un lejano paisaje! Tus oídos son el caracol donde se transforman los ruidos y se convierten en símbolos y en palabras. Tu boca es capaz de hablar lo más tierno, lo más profundo, lo más sutil. Tus manos son increíbles. Los griegos decían: "El hombre por las manos". Tus manos embellecen al mundo. ¡Todas las ciudades, todos los museos, todos los caminos, todos los sembrados, todas las músicas, todas las máquinas fueron hechas por tus manos portentosas, oh hombre! Y tu inteligencia ... Ella ha llenado la historia de poemas, de fórmulas matemáticas, de ciencias, de esculturas, de civilización.

¡Yo te amo, te honro y casi te adoro! Te amo en tu belleza, en tu cuerpo y en tu alma; en tus pensamientos y en tus deseos; en tus ambiciones y en tus nostalgias; en tus triunfos y en tus derrotas.

¡Eres maravilloso, oh hombre! Eres capaz del heroísmo, del amor, de la abnegación, de todo lo extraordinario. ¡Yo te amo, oh hombre, polvo sublime! Oh hombre bello y magnífico. Yo sé que tú eres poco inferior a los ángeles, que estás coronado de gloria y majestad. Eres signo de Dios. Eres la teofanía, más que el mar, más que el universo; eres tú, pequeño hombre, la presencia, la verdadera figura de Dios en la tierra. Tú no solo eres la medida de todo, sino el ideal de todo. En tu historia, hay uno maravilloso, uno absolutamente divino que inmensificó tu raza, tu aspecto, tu forma humana: ¡Fue Jesucristo! Yo pienso que no fue indigno de Dios el querer hacerse hombre. Tomar nuestra medida, conocer nuestra interioridad y querer sublimarnos casi a lo divino con su presencia entre nosotros.

Yo quiero decirte hombre, que he descubierto que el secreto para ser feliz es amarte, y quisiera contarlo a todos y quisiera consagrar mi vida a tu servicio. Tú me has envuelto en el mismo y único amor de Dios. "Amarás al Señor tu Dios y a tu hermano el hombre". Este es el mandato.

Cuando estoy junto a ti, sé que estoy cerca de Dios. Todo cuanto hago por ti, hombre, lo hago por el eterno, por el infinito que es Dios. Cuando te amo estoy auténticamente amando a Dios. Porque la expresión más auténtica de nuestro amor a Dios es nuestro amor al hombre.

¡Hombre! Hace mucho tiempo estoy cerca de ti y apenas ahora comprendo lo que tú eres. Nunca he mirado bien a tus ojos. Nunca he escuchado atentamente tus palabras. Nunca he pensado en lo que eres capaz. ¡De mis labios no debe salir la palabra que te hiera, hombre! De mi inteligencia no debe brotar el pensamiento hostil a ti, que intente poner trabas en tu camino, en tu destino. En mi corazón no guardaré resentimiento para ti, hombre. Quiero aprender a apreciarte, a honrarte, a ayudarte. Quiero aprender a mirarte, no con indiferencia, no con desvío, no con envidia ni con disgustos, sino apasionadamente, con un amor que raye en adoración. Sólo tú, hombre, eres la solución de mi agonía. Quiero hacer de la vida un acto de amor a ti. Quiero servirte, quiero consagrarme a tu bien, a tu mejoramiento, a tu transformación. Trabajaré con delirio. No descansaré hasta verte como lo mereces; hasta cambiar la estructura de la ciudad en favor tuyo. Hasta hacer la ciudad humana. Sé que es necesario abrirte anchas las puertas del mundo. Que todo te pertenece. Que no deben estar cerrados para ti los portones del progreso y del bienestar.

¡Oh hombre! ¡Oh campesino! ¡Oh trabajador! ¡Oh técnico! ¡Oh artista! ¡Oh caminante! ¡Oh luchador! Yo sé que hay que hacer una revolución en favor tuyo, pero sin derramar una gota de sangre; una revolución con ciencia, con energía, con amor. Siento, hombre, la justicia de una revolución en tu favor. Miro con pesadumbre tus sufrimientos, tu pobreza, tu soledad. Quisiera que cambiara el mundo para ti. Hombre, hermano mío: tu no debes vivir en una choza. Debes lograr el rango que te pertenece. No puedes carecer de lo que otros tienen en abundancia. No puedes seguir sollozando por mi culpa, ni seguir viviendo pobre y en harapos. Tú no puedes ser eternamente marginado.

Yo sé que dentro de algún tiempo se habrán resuelto casi todos los problemas que te angustian. Pero cuando todo se haya resuelto, cuando ya no seamos un país subdesarrollado, cuando florezcan todos nuestros campos, cuando todos los niños estudien, cuando todos los jóvenes vayan a las universidades, cuando todo ese bello futuro llegue a ser presente, quedarás tú, solitario e inconforme, hombre con toda tu belleza, con toda tu soledad, con toda tu gloria. Siempre quedarás con tu propio misterio, añadido al misterio de tu origen y de tu fin.

Comentario

Vemos en el Padre Rafael, en su preocupación, la centralidad del hombre y de los temas que tienen que ver con él, como la dignidad humana y el desarrollo humano integral.

Esto se evidencia, por ejemplo, en la misión de la Corporación Minuto de Dios:

 “A la luz del evangelio, servir a las personas y comunidades vulnerables, estimulando la participación de las mismas en su proceso de desarrollo integral.”

También habló de los tres amores que debían alentar en la vida:

  • el amor a Dios, o teofilía;
  • el amor y servicio al hombre, o filantropía
  • y el amor universal a todas las cosas, desde las arenas hasta las estrellas, desde las gotas de agua hasta el inmenso mar, o panfilía.

En otros textos, el Padre Rafael reitera su preocupación y amor hacia el hombre, entendido como el género humano:

“Yo quiero decirte, hombre, que he descubierto que el secreto para ser feliz es amarte. Y quisiera contarlo a todos. Y quisiera consagrar mi vida a tu servicio. Tú me has envuelto en el mismo y único amor de Dios. Veo que tú, hombre, eres la solución de mi agonía. Tú solo eres la verdadera figura de Dios en la tierra. “Amarás al Señor tu Dios y a tu hermano el hombre”. Este es el mandato.”

Y en otro texto dice: “¡Oh hombre!, vamos a consagrarnos todos a tu servicio. Cuando estamos junto a ti, hombre, lo hacemos por Dios. Cuando te amamos, estamos amando auténticamente a Dios.”

Y añade en otro texto “Sólo Tú tienes el secreto de calmar, y de iluminarlo todo, con una voz nueva, llena de significado y de sentido. Tú me revelas la maravilla insondable del hombre, la dignidad del hombre, el destino del hombre. Me das la alegría de existir al lado del hombre.”

“Dios ha querido que nosotros nos dirijamos a Él por medio del hombre. La religión toma actualmente un profundo y maravilloso sentido humanístico: nos dirigimos a Dios, a través de Cristo, por medio del hombre”.

“Debemos hacer brotar de nosotros el amor hacia el hombre. Esta es la gran enseñanza de Jesús. Esto es comportarnos de una manera digna del evangelio. Pero amar no es un juego de niños. Es fácil amar a los hombres en general o a enemigos que no existen. Pero en el mandamiento de la ley de Dios no se trata de quimeras. Se trata de nuestro prójimo de carne y hueso.

El prójimo es ese hombre cercano a nosotros. O esa mujer que nos turba la paz, cuyos defectos nos chocan, cuyo pesimismo nos envenena la vida; que no nos deja tranquilos un momento.

Posiblemente nunca encontraremos enemigos. Pero sí es posible que encontremos prójimos: un hermano, una tía, un sobrino, una suegra, una nuera, cuyos dardos entran continuamente y mortifican en el mismo lugar, como una puntilla en un zapato, con la cual hay que continuar hasta el fin de la jornada.”

 

Hans Schuster R.

Director Centro Rafael García Herreros-Pensamiento Social de la Iglesia

 

 


Eventos

Actualidad Pastoral

Cultura Espiritual y Misional

Que nuestra palabra este acompañada siempre de nuestras acciones
Distingamos entre la filantropía y la propuesta del evangelio

Infografía

Contacto

 

 

 

Atajos