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Juntos transformamos vidas

Al iniciar el año 2020, el padre Rector General, Harold Castilla Devoz, CJM, nos invitaba en su Ruta 2020 actuar con un futuro esperanzador, acentuando nuestra acción en diferentes focos. Era casi que una palabra profética antes de llegar la Pandemia a Colombia, seguramente sus palabras ya eran un óleo de sabiduría que convocaba desde principio de año a mantener la calma, a tener una actitud positiva, a descubrir las oportunidades que la vida de la Institución y del país nos estaba presentando: “Mirar a UNIMINUTO con un futuro esperanzador es darnos la oportunidad de pensar distinto, no con la imaginación utópica y quimérica de ideales, sino de la conciencia de un presente, que, aunque fatigoso, nunca pierde de vista los propósitos y metas que justifican el esfuerzo del camino” (Castilla, 2020, 1).

 Desde esta mirada, se propusieron varias acciones como:  el despliegue de la implementación estratégica, la arquitectura organizacional y el fortalecimiento regional, la consolidación académica, la generación de valor a partir del fortalecimiento del talento humano y por supuesto el desarrollo comercial y sostenibilidad financiera. Estas acciones no sólo manifestaron el futuro esperanzador de la Institución, sino, la orientación que ella tendrá durante los próximos años en orden a garantizar una optimización de los procesos educativos con calidad.  Sin embargo, esto no es posible si la comunidad Universitaria no se une a este gran propósito, si la voluntad general de la Institución desde los roles que desempeña apalanca esta nueva visión que se construye en el día a día, cuando existe el empeño y el amor por UNIMINUTO.

Esta experiencia requiere de una nueva mirada como decía Marcel Proust: “El único verdadero viaje de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos”, una mirada tanto física como del corazón, esto es una conciencia de cambio que nos permita estar preparados para seguir construyendo institucionalidad. Por eso, es importante la gestión del cambio en estos momentos esperanzadores, y digo gestión del cambio porque se requiere de un conjunto de operaciones  que realizan y administran la vida institucional, no es una singularidad de individuos aislados o de grupos colegiados a espaldas de la realidad de la educación, sino, la sinergia de cada una de las personas que constituyen la comunidad universitaria, es un trabajo mancomunado que construye desde sus acciones diarias no sólo una cultura de la calidad, sino un alto sentido de pertenencia misional que lo transparentan con sus pensamientos, comportamientos y lenguajes.

Esta gestión del cambio requiere de líderes audaces que asuman los cambios con mirada esperanzadora, que contribuyen a movilizar el cambio a través de liderazgos ejecutivos; de traducir sus estrategias a términos operacionales con la criticidad y calidad que se exige; de alinear a sus equipos para que asuman esa visión de conjunto y no desde miradas fragmentarias; ser motivadores para que se incorpore el proyecto de vida personal al proyecto de vida institucional, y, por último orientar mediante una cultura del seguimiento y de la autorregulación y la evaluación. Así se iniciará un proceso de vida institucional distinto, cuando sabemos que los cambios son para bien.

La gestión del cambio, es la gestión de una cultura que manifiesta actitudes, creencias, conductas, lenguajes y pensamientos; no es una cultura educativa al modo de la educación prusiana de formar “soldaditos de plomo”, sino una cultura que transmite ideas vitales que necesitan ser llevadas a cabo por el bienestar general de la institución y su quehacer educativo para Colombia. La cultura implica una urgencia de transformación, no de evolución, sino de revolución en el sentido de ser innovadores y precursores de una educación que quiere destruir las realidades de injusticia y desigualdad y de ignorancia en el país.

La gestión del cambio propone un compromiso con lo propuesto, cada uno desde la responsabilidad que tiene en la institución asume el encargo no como una simple actividad más en su labor, sino, que cada colaborador es consciente que él hace parte del engranaje de la consecución para que “todo suceda” con eficiencia, eficacia y calidad. Este compromiso debe aterrizarse bajo la lupa de una gestión del desempeño, donde se establecen metas y expectativas con respecto a conductas y resultados que permiten que el cambio sea posible. En UNIMINUTO, se ve palpable la cultura del desempeño quién muestra el progreso de dichas expectativas en orden a garantizar las metas trazadas y el control de los resultados deseados (Blanchard, 2016,7).

En la gestión del cambio también es importante otros componentes significativos como la estructura presupuestal, que determina una mayor optimización y determinación de los recursos cuidándolos de tal manera que todos somos responsables del beneficio de éste en todas las inversiones realizadas. Por otra parte, también está la comunicación, quien se constituye en una oportunidad de conocimiento sobre la Institución, y,  a través de ella, la institución escucha las necesidades y retos de la comunidad universitaria y piensa en su continuo mejoramiento; el diálogo, el trabajo colaborativo, el reconocimiento de equipo, la capacidad de escucha, la capacidad de planeación y visión, la capacidad innovadora que responde a cada realidad cultural del país; la implementación de nuevas formas digitales y virtuales, la apertura a la inteligencia artificial en la educación, unas nuevas apuestas en el modelo curricular, unas acciones más contundentes en el acompañamiento desde los currículos ocultos que son de valor agregado en el bienestar y en el cuidado de las personas;   estos y quizás muchos componentes más hacen parte del engranaje que cada uno de nosotros debe tener en cuenta para que nuestra acción sea mucho más contundente en los objetivos que nos hemos trazado.

Y por último y no menos importante, es la consolidación de la identidad misional. Esto es un reto que es dado por la suma de todas las fuerzas anteriormente planteadas. El engranaje de las estrategias y operaciones de UNIMINUTO hacen posible que la naturaleza de la identidad institucional responda con un quehacer educativo más efectivo, respondiendo de manera pertinente a las distintas realidades del país. La identidad que no se disipa por la saturación de procesos de calidad y de gestión de documentos, sino que, sin perder los referentes de la calidad, ella, mantiene viva el espíritu fundacional expresado por el padre Rafael García-Herreros: “ La universidad tiene por fin primordial preparar jóvenes altamente calificados para difundir las ideas sociales del Minuto de Dios, que traten de integrar y de llevar a la práctica las ideas sociales de la iglesia Católica (…),  pretende ser un centro de investigación y de realizaciones sociales de gran importancia para el país, que sea una fuente de ideas y de estímulo para la juventud colombiana, manteniéndolos dentro de las modestias que requieren nuestra limitaciones” (Jaramillo, 2018, 199).

 

P. Jaime Salcedo Díaz, CJM

Director de Pastoral e Identidad Misional


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