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La misión del cristiano: Somos su cuerpo místico

La esencia recóndita de nuestra vida cristiana consiste en que Jesucristo debe ser el fundamento de nuestra existencia. Nuestra vida debe ser la conmutación y el reflejo de la suya. Nuestra vida no tiene derecho a existir, sino sólo para manifestar y glorificar el nombre y la vida de Cristo.

Jesucristo no es un personaje histórico solamente. Debe ser la forma substancial de nuestra existencia, el debe animarlo todo. Nosotros somos miembros de su cuerpo místico; ésta es la enseñanza primitiva y perpetua del cristianismo.

Debemos saber que Cristo tiene dos cuerpos: el cuerpo material, que nació de María, y su cuerpo místico, que somos todos los que creemos en Él. Jesucristo quiere continuar su vida temporal con su cuerpo místico, hasta el fin de los siglos, para glorificar al Padre. Su vida no tuvo total desarrollo en el tiempo, y se desenvuelve en cada uno de nosotros, los que creemos en Él.

San Pablo decía que la Iglesia es el complemento de Jesucristo. Nosotros, los que creemos en Cristo, complementamos el misterio de su plenitud. Nuestra vida cristiana es, en definitiva, el desarrollo y el cumplimiento total de la vida de Cristo. Todos nuestros actos deben ser la continuación de Jesucristo.

Nosotros somos el otro yo. Esta es la esencia cristiana. Jesucristo no es un personaje histórico. Jesucristo es el centro vital de nuestro existir; estamos continuándolo, estamos completándolo.

García-Herreros, R. (2014). ¡Señor mío y Dios mío! Bogotá, D.C., Colombia. Editorial Corporación Centro Carismático Minuto de Dios. pp.255-256