Formativa

La línea FORMATIVA, fortalece la identidad misional y el carisma del Minuto de Dios por medio de jornadas de formación y cursos formales tanto en la modalidad presencial como virtual y a distancia.

 

La universidad es el escenario donde se nutre el conocimiento, es el areópago en el que la ciencia se encuentra con la cultura y la fe. Entrar por las puertas de un campus universitario puede compararse como la semilla que bajo tierra empieza a crecer, no se convierte en nada que ella no es, pero poco a poco despliega todo su contenido interno para llegar a ser planta. Los estudiantes cada semestre se configuran con lo que estudian, y al salir, serán el despliegue de sus más auténticas vocaciones, aportando de una manera vital a la construcción del entorno en el que habita.

Los estudiantes, los docentes, los administrativos, designados comúnmente como comunidad educativa, son los destinatarios de una u otra forma de la universalidad (universidad) del conocimiento, de allí que también deban ser tenidos en cuenta en las acciones de la pastoral universitaria. La formación es importante como el encuentro consigo mismos, y con Dios, con la única finalidad de ser hacer del hombre y de la mujer, un ser humano integral más humano. Comprometido con el cuidado del otro y con la sostenibilidad del medio ambiente. Si una formación es fragmentaria y solo se detiene en los beneficios del materialismo y del utilitarismo, pues, retomando la analogía hecha líneas arriba se muere y no de fruto, así la formación que se limita a las fronteras de la especificidad tecnocrática o de la economía, olvida la sabia que recorre la semilla, la dimensión humana, trascendente, y termina por asfixiar a la comunidad educativa en lo finito. Por ello la exhortación del documento Presencia de la Iglesia en la Universidad y en la Cultura Universitaria (1994):

La universidad es, en su mismo origen, una de las expresiones más significativas de la solicitud pastoral de la Iglesia. Su nacimiento está vinculado al desarrollo de escuelas establecidas en el medioevo por obispos de grandes sedes episcopales. Si las vicisitudes de la historia condujeron a la "Universitas magistrorum et scholarium" a ser cada vez más autónoma, la Iglesia continúa igualmente manteniendo aquel celo que dio origen a la institución... La fe que la Iglesia anuncia es una fides quaerens intellectum, que debe necesariamente impregnar la inteligencia del hombre y su corazón, ser pensada para ser vivida. La presencia eclesial no puede, pues, limitarse a una intervención cultural y científica. Tiene que ofrecer la posibilidad efectiva de un encuentro con Jesucristo.

El conocimiento en la universidad no puede desligarse del amor. Este es uno de los divorcios más peligrosos de los tiempos actuales. Puede verse por ejemplo que algunas investigaciones o aportan nada al desarrollo humano, por tener solo intensiones lucrativas, el dinero se apodera poco a poco de todo, tanto que la formación cae en la tentación de entrar en la dinámica neoliberal, neocapitalista. El fin de la educación para a ser el lucro, sus productos investigativos engrosar las bolsas propias y hacer más competitiva y dar posición a la institución de educación superior. La pastoral debe dar luces con el fin de que no se olvide el objetivo primero y último de la formación, en diálogo con las distintas disciplinas, recuerda que el camino es el ser humano, que se trata de perfeccionar, cuidar y cultivar la tierra, amarla. No el utilitarismos obcecado que se cree el dueño de los recursos los destruye y agota:

Dado que el mercado tiende a crear un mecanismo consumista compulsivo para colocar sus productos, las personas terminan sumergidas en la vorágine de las compras y los gastos innecesarios. El consumismo obsesivo es el reflejo subjetivo del paradigma tecnoeconómico. Ocurre lo que ya señalaba Romano Guardini: el ser humano «acepta los objetos y las formas de vida, tal como le son impuestos por la planificación y por los productos fabricados en serie y, después de todo, actúa así con el sentimiento de que eso es lo racional y lo acertado. Tal paradigma hace creer a todos que son libres mientras tengan una supuesta libertad para consumir, cuando quienes en realidad poseen la libertad son los que integran la minoría que detenta el poder económico y financiero. En esta confusión, la humanidad posmoderna no encontró una nueva comprensión de sí misma que pueda orientarla, y esta falta de identidad se vive con angustia. Tenemos demasiados medios para unos escasos y raquíticos fines. (Laudato Si, 2015, n. 203).

Y por tanto, es necesario:

El reto para la pastoral universitaria es educar la razón, desvelar la verdadera naturaleza de la razón, su ser exigencia de significado total. Educar a la razón para que sea verdadera razón. Tarea en la cual se encuentran universidad e Iglesia en su pastoral. Educar a la razón es la razón de ser de la universidad, es su secreto, lo que funda su ethos, la cultura académica y sus valores. Educando a la razón integral, plural y compleja la universidad cumple su verdadera misión educativa. Acción que pide un verdadero y auténtico diálogo de saberes, como forma de ensanchar la razón. En donde el otro, epistemológico o pedagógico, ya no es ni una amenaza ni un obstáculo, sino un bien, porque impide aislamientos y miradas parciales y limitadas. El otro es un bien porque favorece una mirada abierta a la totalidad (Jiménez, 2015 p. 20).

¿Cómo la pastoral de UNIMINUTO dialoga con la ciencia y promueve la formación en la fe? Con conversatorios interdisciplinares, encuentros nacionales de formación pastoral, encuentros internacionales de educación católica, la cátedra virtual minuto de Dios, la cátedra de identidad misional, diplomados en educación católica participando en los encuentros organizados por las facultades de la universidad, con publicaciones que aporten a la reflexión de la educación universitaria... acciones que permitirán lo que la Iglesia ha venido reflexionando en los diversos documentos sobre pastoral educativa y universitaria, un diálogo continuo entre teología y ciencia, religión y cultura, fe, razón, cultura. Con el fin de poder aportarle a la academia desde la experiencia y formulación de la fe, y a su vez que la ciencia interpele la fe, para que esta sea cada vez más comprensible y contextual.

Después de la formación, de haber profundizado  y conocido con más seriedad la fe, y la relación que esta tiene y los aportes que hace al entorno cultural, contextual y epocal. Es el momento de celebrar aquello vivido, compartido, y abordado con responsabilidad intelectual y aperturidad trascendente. La línea de celebración sacramental no es primera porque como en la Iglesia antigua es necesario una iniciación, un proceso catecumenal, de mystagogia, que en la pastoral universitaria son las líneas precedentes que preparan a este momento culmen.