Editorial

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Somos espiritualidad, somos alteridad

“…nos descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra propia cuenta, sino sólo juntos”

Francisco, Momento extraordinario de oración en tiempo de pandemia, 2020

Hace más de cien días, los seres humanos, acostumbrados a la vida programada por las agendas y a un ritmo acelerado en los compromisos, fuimos sorprendidos por un coronavirus que penetró todos los escenarios de la vida política, social, económica y religiosa. Desde los primeros brotes registrados, curiosamente la actitud asumida fue la de buscar culpables y explicaciones que llevaran a descubrir el origen geográfico de la enfermedad. Por último, comenzó el debate sobre los estudios científicos para el tratamiento del virus y la competencia entre potencias mundiales para asegurar quién se llevaría la fama de posicionarse en el mundo como la empresa más efectiva y con la capacidad científica de distribuir una posible vacuna.

A la par de estas luchas, se generó un despertar espiritual que motivó la reflexión académica y las prácticas devocionales, las cuales suscitaron un clima de revitalización y de esperanza en tiempos de pandemia. Esto permitió comprender que, más allá de las dinámicas reductivas que puede proponer el modelo neoliberal, el ser humano es también espíritu y alteridad. En efecto, no es la primera vez que la humanidad sufre a causa de una pandemia, pero sí es la primera vez que la nueva generación la vive en carne propia. Cabe resaltar que hoy se habla de muchas pandemias que nos azotan desde otras realidades: hambre, muerte de líderes sociales, corrupción, y un grande etcétera.

Como herederos de una rica tradición espiritual, los Eudistas, profetas de esperanza y maestros de vida espiritual, nos sentimos interpelados por nuestro padre fundador. San Juan Eudes (1601-1680) también se enfrentó a una situación de contagio en el siglo XVII. Francia vivía un período de gran desolación a causa de la peste, acaecida entre los años 1627 y 1631, la cual generó desolación y muerte a su paso. Una de las grandes claves que se descubre en su testimonio (Memorial de los beneficios de Dios) es que, más allá del encierro egoísta y desesperanzador, se abre a sus hermanos necesitados para auxiliarlos de forma integral.

Así comprendida, la espiritualidad eudista es alteridad. San Juan Eudes asiste en la enfermedad, administra los sacramentos y acompaña en la agonía y muerte. Algunos de los que él asistía morían, otros vivían, pero Dios lo preservaba de todo mal. Hoy las normas de seguridad pueden restringir varios de estos comportamientos para evitar la propagación y, en ese sentido, muchas veces quedarse en casa es un signo de caridad para con los hermanos; sin embargo, muchos hermanos salieron a callejear la fe, que se mide también en el servicio generoso y desinteresado a los demás.

Como miembros de la familia UNIMINUTO, herederos de grandes maestros de espiritualidad, nosotros consideramos que es necesario completar a Jesucristo y la manera como pasó por el mundo haciendo el bien. Frente al contagio del coronavirus, necesitamos el contagio del amor, de la caridad y de la misericordia. Se trata de abrir las puertas de nuestro corazón, es decir, de nuestra vida integral, con el objetivo de ver las necesidades de quienes padecen situaciones difíciles, analizarlas y tener la voluntad de socorrerles, para que finalmente podamos pasar de la voluntad a la acción. En un mundo mediado por el mercado capital, se puede pensar que la ayuda radica exclusivamente en el bien material y monetario que le podamos hacer a las personas. Pero, en términos evangélicos, se trata de auxiliar integralmente, de manera que podamos contemplar en el otro el mismo rostro de Cristo.

P. Hermes Flórez, CJM