Editorial

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Ser voluntario en la perspectiva del Minuto de Dios: “que nadie se quede sin servir”

Durante este mes de octubre hemos celebrado los diez años del voluntariado de UNIMINUTO, el cual nació inicialmente con una experiencia en la sede principal, pero que posteriormente, a partir de las lecciones aprendidas y de las apuestas institucionales, se fue consolidando como una estrategia de proyección social, que hoy se lidera en todo el país por los Centros de Educación para el Desarrollo, contando ya con más de mil voluntarios, entre estudiantes, graduados, colaboradores y amigos que se identificados con la Obra del Minuto de Dios y se vinculan a prestar un servicio de manera generosa y desinteresada, como una forma de aportarle a la transformación social del País en cada rincón de nuestra querida Patria colombiana.

En UNIMINUTO, la identidad del voluntariado se ha construido a partir de tres pilares fundamentales:

1. Desde el legado y de las acciones concretas que el padre Rafael García Herreros emprendió en su tiempo y que lo llevaron a plantear una forma de ejercer la ciudadanía plena; desde el reconocimiento de la dignidad de la persona y la organización de la acción voluntaria, que en sus palabras describe así: “nadie puede ser privado de su derecho absoluto a vivir; nadie puede ser asesinado; nadie puede ser discriminado [sin distinción] en razón de su etnia, raza y género. Este llamado nos invita desde el voluntariado a seguir asumiendo la comprensión de estos tiempos de crisis y recrear formas de acción personal y colectiva que conduzcan a las transformaciones de las realidades”.

2. Desde la Doctrina Social de la Iglesia, el voluntariado retoma la solidaridad como un principio que “nos invita a incrementar nuestra sensibilidad hacia los demás […] como una forma de hacer frente a la globalización y a la creciente interdependencia de las personas y de los pueblos”. Esta afirmación plantea la solidaridad como el motor de la acción hacia el otro y de la interacción con los principios del bien común y la subsidiaridad. 

3. Desde la concepción de Responsabilidad Social de UNIMINUTO, el voluntariado es el compromiso de un ciudadano con otros que requieren de su solidaridad y apoyo. El voluntario, por lo tanto, aporta su tiempo, sus conocimientos y experiencia al servicio de los demás, desde una posición que se fundamenta en la creencia de la dignidad del ser humano, de la aplicación de principios éticos a las acciones que va a realizar con los otros, siendo consciente de su compromiso con la justicia social y la igualdad de oportunidades para todos.

El voluntariado en los últimos años se ha convertido en una estrategia de la educación superior que ha permitido apalancar el principio ético de la universidad socialmente responsable. En UNIMINUTO este proceso se ha consolidado a partir de la experiencia de la Práctica en Responsabilidad Social, donde los estudiantes, luego de cursar esta asignatura transversal y obligatoria en los planes de estudio, se motivan a continuar en los proyectos sociales de manera voluntaria. Qué bueno sería que nuestros más de 110 mil estudiantes fueran los voluntarios que Colombia requiere para ser constructores de la “civilización del amor” que tanto hemos anhelado. Pero también de nuestros más de siete mil colaboradores, e igualmente de los más de cien mil graduados que impactan socialmente desde cada uno de sus perfiles profesionales.

 Desde el año 2009, el voluntariado en UNIMINUTO ha venido creando los espacios y las condiciones para que diversas personas de la comunidad puedan asumir un compromiso social y ciudadano que aporte a la construcción de tejido social en los contextos donde hacemos presencia. En este marco, los voluntarios adquieren una comprensión de las realidades y los fenómenos sociales, y potencian sus capacidades y habilidades para acompañar los procesos comunitarios.

 Ahora bien, la acción voluntaria también refleja un sentimiento profundo de esperanza, como compromiso. No cualquier compromiso, sino uno que da testimonio material de que hay esperanza en la propia capacidad de construir, con otros y para otros, condiciones de existencia digna: pasar de condiciones menos humanas a condiciones más humanas (cfr. Populorum progressio).

Aprovecho este momento de diálogo con todos, para invitarlos a que orientemos nuestros esfuerzos, no solo a promover el voluntariado con estudiantes y graduados, sino que también nosotros como colaboradores, identificados con la filosofía de la Obra El Minuto de Dios y en un sentido de pertenencia institucional, apoyemos proyectos, acciones o procesos comunitarios con poblaciones en situación de vulnerabilidad, de manera voluntaria.

En este momento que vive el País, donde lo que necesitamos es confianza, solidaridad y resarcimiento, el voluntariado juega un papel fundamental.  Hoy todos necesitamos poner de nuestra parte; ya no hay lugar a polarizaciones, a poner por interés o por recibir algo a cambio. En este sentido, de los voluntarios tenemos mucho que aprender.  Necesitamos continuar construyendo un país en paz, y, para ello, tenemos que seguir consolidando espacios de respeto a la diferencia, condiciones de inclusión y oportunidades para todos en igualdad de condiciones.  

Como podemos darnos cuenta, nuestro compromiso no es menor, y parte por reconocer y valorar los inmensos aportes que los voluntarios han hecho hoy al desarrollo del País.  Es nuestra obligación acompañarlos, promoverlos, generar espacios de formación para ellos y promover espacios como estos, donde pueden compartir sus experiencias de voluntariado y los podamos reconocer. El aprendizaje es mutuo, tanto de ellos, como de nosotros mismos como universidad. 

Harold Castilla Devoz, cjm