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Una pastoral del cuidado en los tiempos de dificultad

Estas últimas semanas el mundo ha sido testigo de la epidemia que sin misericordia ha azotado a las diferentes poblaciones del planeta. Las peticiones y los reclamos a Dios han sido el pan de cada día en las opiniones de los medios de comunicación. Sin embargo, nos preguntamos ¿Dónde está Dios?¿Es que Dios se ha olvidado de la humanidad? ¡No! Dios siempre ha estado presente en la historia humana, su carácter revelador muestra cada vez más su rostro amoroso de Padre que corre abrazar a su hijo, y lo reconcilia con su amor (Lc 15,20).

 

Nadie niega que sea un momento de crisis y de dificultad lo que vive el planeta hoy, sin embargo, como decía el Apóstol: “Me han metido una espina en la carne, un ángel de Satanás que me apalea para que no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido: Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad” (2Co 12,8). Este y cada momento de dificultad debe ser un momento de oportunidad para reencontrarnos con nosotros mismos y con nuestros hermanos; de descubrir el valor profundo de esa imagen y semejanza con la cual fuimos creados. Un momento de oportunidad que es la presencia vivificadora y esperanzadora de la resurrección del Señor, y que debe promoverse, difundirse, pero sobre todo, cuidarse. Así es, el cuidado, una palabra tan pequeña, pero que encierra la ternura de Dios en los seres humanos, como dice el Salmista  “Cuídame, oh Dios, porque en ti busco refugio” (Salm.16,1).

El cuidado es la palabra que la Iglesia ha acogido en su acompañamiento al pueblo fiel de Dios, mediante la metáfora del pascere, del pastorear como acción del pastor que da alimento a su oveja, le da de brevar, la baña, le corta su lana con delicadeza, la cuida del lobo y la conduce a bellos prados. Pastorear, es cuidar, y un cuidado no dogmático, ni obsecativo, sino un cuidado de amor y ternura que vela con diligencia, paciencia y caridad la vida de sus ovejas. Es por ello, que en estos momentos de crisis por la Pandemia Mundial del COVID-19, la Pastoral Universitaria de UNIMINUTO propone cuatro grandes elementos para trabajar el cuidado como experiencia del amor de Dios: 

 

1. El cuidado de sí: Es importante que cada ser humano haga conciencia de su ser de vida; se haga responsable y asuma su propia vida como principio fundamental de existencia. La vida es un don, un regalo que Dios nos regala. Debemos aprender a administrar ese don, cuidándolo en todos los aspectos dimensionales: físicos, psíquicos, espiritual, social, cultural, intelectual, emocional, y religioso. Cuando soy consciente de aquellas fortalezas y debilidades en mi vida, me tomo el tiempo de iniciar un trabajo conmigo mismo, ya que yo soy el único camino que debo aprender a recorrer para vivir una experiencia de cuidado. 

2. El cuidado del otro: El Papa Francisco en su bendición Urbi et Orbi, dada el 27 de marzo del presente año a todo el planeta, nos recordaba que “nadie se salva solo”. Es necesario que aprendamos a reconocer el rostro de los otros; cuando yo reafirmo mi existencia, reafirmo la existencia de los demás. Cuidar al otro es testimoniar el cuidado de Dios en nosotros, somos templos vivos de ese testimonio y lo que hemos recibido gratis, lo debemos dar gratis. Y, ¿qué es aquello que he recibido gratis? La vida, aquella vida que está siempre disponible a los demás para salvarla, redimirla restáurala y dignificarla en el amor de Dios. El cuidado se hace servicio, se hace vocación, se hace entrega, ofrenda agradable a Dios a través de los hermanos. 

3. El cuidado con el otro: El sentido comunitario reactiva la comprensión de la economía de la salvación. Allí tres personas en una como es la Santísima Trinidad cooperan en la acción salvífica de la humanidad. Este es el mejor ejemplo que todo cristiano debe aprender, a trabajar en cooperación, en unidad, en comunión, por un solo propósito, romper las cadenas del sufrimiento, la marginación, la desigualdad y la pobreza. Este es un momento para vivir esta comunión, en familia, en el barrio, con los amigos. Construir hilos de esperanza en una sociedad dividida. Desde esta experiencia, el cristiano puede vivir signos de dignidad humana, solidaridad, subsidiaridad, destino universal de los bienes y un bien común. 

4. El cuidado de lo otro: en la Carta Encíclica Laudato Si y en la Exhortación Apostólica Querida Amazonía, el Papa Francisco nos recuerda el cuidado por la Casa Común. Una casa que no es de nadie, que es de todos y que todos deben asumir la responsabilidad de cuidar aquello que se nos ha dado. “Lo otro” no es más que nuestro planeta, que no es distinto a mí, que no es alejado de mí, lo otro, es la naturaleza viviente que aunque es distinta a la naturaleza humana, refleja el carácter vivificador y santificante de Dios. El cuidado por el planeta es un llamado urgente de la Iglesia y de cada una de las Naciones, y debe ser una competencia y aprendizaje que se enseñe a las futuras generaciones. 

 

Con estos cuatro grandes aspectos, la pastoral como acción y presencia de la Iglesia en los contextos sociales, vela y acompaña mostrando con un amor el cuidado de Dios a la humanidad. Y si el ser humano lo recibe de Dios, este a su vez debe transmitirlo a los demás. 

 

Jaime José Salcedo Díaz, CJM

Vicerrector General de Pastoral

 

 


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