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Inteligencia espiritual para afrontar la pandemia

Durante los últimos veinticinco años se ha escrito abundantemente sobre la teoría de las inteligencias múltiples. Desde que Gardner identificó ocho formas de inteligencias en el ser humano, se han desarrollado aportaciones muy distintas que, por un lado, confirman y desarrollan la teoría de Gardner, pero, por otro, se han abierto nuevas vías de investigación, todavía muy pioneras, que amplían y complementan significantemente sus intuiciones.

Desde hace algunos años, investigadores competentes de distintas universidades del mundo sostienen la tesis de que el cuadro de las inteligencias no es completo si no se incluye en él, la inteligencia espiritual, también denominada existencial o trascendente. El mismo Gardner no negó tal hipótesis. Más bien dejó entreabierta la posibilidad de identificar una nueva forma de inteligencia.

Howard Gardner se refirió a la inteligencia espiritual como inteligencia existencial o trascendente y la definió como “la capacidad para situarse a sí mismo con respecto al cosmos, como la capacidad de situarse a sí mismo con respecto a los rasgos existenciales de la condición humana como el significado de la vida, el significado de la muerte y el destino final del mundo físico y psicológico en profundas experiencias como el amor a otra persona o la inmersión en un trabajo de arte”.

El psiquiatra Robert Cloninger se refiere a un modelo de personalidad que integra una dimensión que él denomina espiritualidad y auto trascendencia. En este mismo sentido, de la mano del creador de la logoterapia, Viktor Frrankl, la auto trascendencia es una capacidad singular en el ser humano, que le lleva a superar barreras y a adentrarse en terrenos desconocidos, a superarse indefinidamente a sí mismo, a buscar lo que se esconde más allá de los límites del conocimiento.

En este escenario de literatura cabe mencionar la aportación de los profesores Zohar y Marshall (1997), según ellos la inteligencia espiritual complementa la inteligencia emocional y lógico-racional, y faculta para afrontar y trascender el sufrimiento y el dolor, y para crear valores; da habilidades para encontrar significado y el sentido de nuestros actos.

Según sus investigaciones, las personas que cultivan esta forma de inteligencia, son más abiertas a la diversidad, tienen una gran tendencia a preguntarse el porqué y el para qué de las cosas, buscan respuestas fundamentales y, además, son capaces de afrontar con valor las adversidades de la vida.

Otros pensadores como Robert Emmons (2000) define la inteligencia espiritual como aquella capacidad que abarca la trascendencia del hombre, el sentido de lo sagrado y los comportamientos virtuosos. La relaciona directamente con la experiencia religiosa y ética. También, la concibe como el uso adaptativo que hacemos de la información espiritual para facilitar la vida de todos los días, resolver problemas cotidianos y conseguir la realización de nuestros propósitos.

En este mismo orden de ideas, Kathleen Noble (2000/2001) concibe la inteligencia espiritual como un poder innato del ser humano, pero que, como ocurre con todo lo que es innato, exige un desarrollo y una ejercitación para que pueda florecer y desarrollarse en su plenitud. La espiritualidad, es esencialmente, una transformación de la persona y ésta exige una labor sobre uno mismo, un trabajo sobre el propio yo. Genera una calidad de ser que es el punto de partida del saber espiritual.

Ahora bien, esta capacidad de la que estamos hablando nos puede llevar a pensar que si la palabra inteligencia denota la capacidad de discernir, de separar, y poder tomar la decisión más oportuna entonces una persona inteligente es, de hecho, un sujeto que sabe separar lo esencial de lo accidental, lo valioso de lo superficial.

En este sentido, apelar a la inteligencia espiritual es echar mano a esa facultad profunda que existe en todos los humanos para valorar lo prioritario de lo urgente, superar situaciones críticas que presenta la vida a través de las circunstancias; discernir qué es lo esencial para conservar y lo contingente para desechar y para bloquear ese cumulo de distorsiones cognitivas que embotan la mente y el espíritu. Este tipo de inteligencia como las demás,  para los cristianos tiene eco en el primer libro sagrado de la biblia conocido como el Génesis cuando manifiesta que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1, 27). Con dicha expresión bíblica los teólogos afirman la participación del hombre respecto a los atributos divinos en cuanto a la inteligencia, libertad y voluntad.

Por consiguiente, los creyentes cuando alimentan de forma seria y contundente, la relación  con Dios, a través de la oración, la celebración de los sacramentos y la meditación, cultivan y desarrollan una actitud y fuerza interior increíble con la cual pueden decidir respecto a las circunstancias que estamos viviendo porque ya lo decía el pensador Ortega y Gasset el medio no se puede separar de la persona. Por lo tanto, estoy inmerso en un tiempo y en un espacio donde la cultura imperante me mueve a asumir determinado valores y descartar otros, asumir determinadas significaciones y buscar soluciones a algunos problemas que se me presentan según las posibilidades que el mismo medio me brinda o me quita.

En suma, este tiempo se convierte en una preciosa oportunidad para sacar todo el conjunto de talentos, con los cuales Dios nos ha dotado a través del prisma de la inteligencia, para reflexionar y tomar conciencia de lo frágiles que somos, igualmente, ser humildes reconociendo que todo no lo podemos y no todo no lo sabemos, es decir, seres humanos capaces de reconocer en los demás, maestros que nos pueden enseñar algún aprendizaje valioso para la vida, además, sujetos solidarios dispuestos a dar y recibir pero especialmente a donar, desgastar nuestra existencia al servicio de los más vulnerables siguiendo el ejemplo del Maestro de Nazareth cuando manifestó “ No hay más grande que dar la vida por sus amigos” (Jn 15,13).

 

P. Oscar Orjuela

Capellán - Vicerrectoría Regional Tolima y Magdalena Medio

 

Referencias bibliográficas:

Ceniri, A. (2018). Yo soy yo y mis circunstancias. Recuperado de https://www.oei.es/historico/divulgacioncientifica/?Yo-soy-yo-y-mis-circunstancias

Torralba, Francesco (2013). Inteligencia espiritual. Barcelona: plataforma editorial. Recuperado de https://books.google.es/books?hl=es&lr=&id=HPSkDwAAQBAJ&oi=fnd&pg=PT3&dq=inteligencia+espiritual+gardner&ots=rdreMmWnuh&sig=fc9d2UrXeK9kClZ3Z5UJk7J3vZk#v=onepage&q=inteligencia%20espiritual%20gardner&f=false

 


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