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“Primero la naturaleza y luego el billete": Constanza González

 

 

El ser humano es una parte física, una parte intelectual y una parte espiritual.

Antes

Cuando empecé la huerta con la conciencia que el ser humano es una parte física, una parte intelectual y una parte espiritual, quise escribir todos los días un diario, o una rutina de esos tres seres frente a la huerta. Entonces, me llevó diez años escribir ese pensamiento estructurado, tratando de sistematizar el conocimiento que hasta el momento había abordado con diez preguntas que me hice —que hoy sé que son diez—, pero eran unas preguntas que estaban ahí. Para mí era como entrar a un escenario nuevo que me hizo reflexionar en mi vida completa.

Un día dije “voy a escribir este decálogo”; por ejemplo, la práctica frente a la teoría, en esa dialéctica, esa relación de los dos polos… Este pensamiento me gusta como una herramienta de análisis, de interpretación, de entender la dinámica también del pensamiento frente a la acción; entonces las determiné bajo esas construcciones.

Me encuentro con Isaías de la comunidad Uitoto.  Isaías es asesor en mi huerta, es ese diálogo para asumir una cosmovisión frente al hombre y naturaleza que me apasionaba; entonces fue muy bello entender que yo parto de la dualidad y ellos de la concepción que son uno, la vida es una, el planeta es uno.

La cosmovisión indígena me va direccionando a entender cosas que yo quiero cambiar, y cuando yo empiezo hacer la huerta, empiezo a escribir y plasmar esta experiencia en mi ser físico, en mi ser intelectual, en mi ser espiritual, entonces voy hablando de esas tres experiencias en cada plano, para comprender la relación hombre-naturaleza al producir mi huerta, esa majestuosidad de la creación, que forma parte de mi vivencia.

Me encanta la agroecología que se define no como un tema de técnica, sino de procesos, por ejemplo, venimos realmente de un tema técnico, que es la concepción agro tóxica de la agricultura convencional, un paquete tecnológico para producir y comerciar, —obtener una utilidad—. El alimento se volvió una mercancía.

 

“El diálogo de saberes como una herramienta de construcción de una realidad, teniendo en cuenta las diferentes miradas y el valor que cada una tiene, no es una competencia de saberes, sino cómo se complementan para observar y entender la realidad”.

 

Eso me lleva a comprender realmente también que no es lo mismo hablar con un indígena de la naturaleza, que con un agrónomo, o un campesino. No es lo mismo hablar con un agrónomo. Cuando hablas de la papa, de la cebolla, tú sientes una conversación diferente, el valor ahí es lo que has vivido; eso también me lleva a establecer esos valores que le he dado en configurar el diálogo de saberes como una herramienta de construcción de una realidad, teniendo en cuenta las diferentes miradas y el valor que cada una tiene, no es realmente una competencia de saberes, sino cómo se complementan para observar y entender la realidad, para qué quieres saber, interpretar, para vivirla, para producir mi alimento sano; esto me ha llevado a la necesidad de apropiarme, de entender y poder establecer un comportamiento en la vida diaria.

Ese también es un ejercicio del pensamiento para encontrar la coherencia. Entonces, cómo se construye esa coherencia entre el hacer y el pensar, te atraviesa tu convicción, atraviesa ese decálogo de estar en la huerta con unas metas, que es una expectativa que tienes y que para mí era como plasmarme en mi ser, desde mi existencia.

Hay una historia muy importante: el hecho que mis padres nacieron en el campo. Cuando ya somos familia crecimos en Bogotá, yo los conozco como urbanos, no los conozco en su contexto donde nacieron, no tuve la oportunidad de conocer a los abuelos, ya habían muerto, entonces yo siento ahora una fuerte claridad de toda esa línea que tiene que ver como el arraigo que uno puede considerar en su conciencia, en su piel, como que está determinado por ciertas circunstancias, y además mi padre retoma el campo ya de adulto, por una urgencia de su pulmón; deja una actividad que tenía y adquiere una finca y se dedica a otras labores saludables; mi madre crea un colegio —de soltera — y deja ese colegio con grandes ideales, una mujer muy consciente.

Tenemos la fortuna que los dos tuvieron esa definición, no solamente lograron formar una familia y lograron hacer un capital que nos benefició directamente, sino que nos dejaron muchos valores. Ellos construyeron su vida a principios de siglo; 1903, mi padre, y 1909, mi madre; entonces es interesante considerar eso, porque obviamente cuando yo nací ellos eran bastante adultos.

Mis hermanas mayores, mi hermano y yo éramos de una generación. Mi tristeza es que no tengo la compañía de mi hermano, él murió en un accidente de carro a los diecinueve años, los dos hasta habíamos construido juntos nuestra infancia, teníamos una relación estupenda, porque me parece que él jugaba conmigo a las muñecas y yo jugaba fútbol con él, él se llamaba Alberto; mi padre Alberto, mi madre Constanza; y yo, Constanza, entonces nos llamaban “el matrimonio chiquito.” Alguien me decía “eso tiene una impronta fuertísima, porque cuando muere tu hermano tú quedas viuda”, más o menos es verse así.

Somos cuatro hijos: dos hermanas mayores, nos llevamos seis y siete años, y mi hermano era un año menor que yo, un niño de doce años y yo una niña de trece, ¡es un mundo!  La ausencia de mi hermano me marcó muchísimo, me costó mucho trabajo recuperar muchas cosas del significado de muerte, eso me ha ayudado a entender la vida desde otros ángulos que implican el duelo, la pérdida, la dimensión de la muerte; enfrentarse uno a la muerte tan cerquita.

Yo lo recogí del pavimento cuando fue el accidente, y a las cinco horas murió, no lo pudieron salvar, las consecuencias eran graves, uno de los golpes fue en la cabeza, un camión nos estrelló el carro… todo eso forma parte muy fuerte de mi formación y al mismo tiempo digamos, me costó mucho trabajo pararme derecho después del duelo, porque fue fuertísimo. No tenerlo me significó como cuatro años soñando con él; yo lo revivía en el sueño, hasta que entendí que él murió.

 

“La ausencia de mi hermano me marcó muchísimo, me costó mucho trabajo recuperar muchas cosas del significado de muerte, eso me ha ayudado a entender la vida desde otros ángulos que implican el duelo, la pérdida, la dimensión de la muerte”.

 

Se me vienen imágenes, por ejemplo, de la figura de mi madre, muy hermosa, porque ella es una mujer que en esa imagen que tengo, tan chiquita, me impresiona verla como tan nítida, que si la tuviera ahí como me impactaría. Yo hago dos lecturas:  la de mi madre y la mía.  

Ella se hacía una moñita, es muy bella, digamos ninguno superó la belleza; mi hija Luisa tiene ciertas características que también tienen similitud, ella era de tacones; ella era más alta que mi padre, —un poquito—, entonces  usaba unos tacones no tan altos, ¡pero clásica!, y muy jovial, como muy en su puesto, en un equilibrio que la hacía como una figura muy plácida, transmitía armonía y tenía un componente espiritual más allá de la religión; no fue la santera de ir a misa, pero sí cumplida con sus rituales.

No era la religiosa obsesiva, pero tenía un mundo bien interesante, era interesante observarle ese mundo espiritual. Estoy haciendo una lectura desde hoy, no desde la niña que veía a la mamá, pero esa imagen me permite leerla así, porque eso me permite tenerla tan nítida

 

La vida a través de la ventana

Tengo otra imagen: yo me asomaba a las ventanas viendo llover y observaba mucho a los vecinos, mirar, mirar, mirar, además fue muy significativo en la infancia, creo que eso me sirvió muchísimo, porque por formación, mis padres me prohibían salir de la casa, no podía salir con amigos, no tenía la libertad, yo veía que se iban a un paseo, pero yo no podía ir, “no hijita, no puedes ir”, era cuidándolo a uno demasiado, mi libertad se fue hacia adentro, a un mundo de fantasía, digámoslo así.

Cuando me decían “no puedes salir” yo tenía un mundo interior muy recreativo. Después fui muy rebelde, también después me enfrenté al mundo y teniendo una herramienta con ellos mismos, un día dije “me voy a cine”, ¿con quién? “no, pues, me voy a cine”, y me fui porque no me dejaban salir. Podía ir a la universidad, pero no podía ir a cine en la noche con el novio o con los amigos. No podía salir a una fiesta y sí podía ir a la universidad.

Vivíamos todavía en el barrio La Soledad, que era una casa de dos pisos; hoy en día es una casa de patrimonio, no tan bonita, pero con estilo arquitectónico muy particular de esa época, que ahora es un jardín infantil. Hace poquitito tuve una anécdota muy simpática, porque mi hija cuando llega se queda en Bogotá, en casa de sus amigos; un día me dice ¿me llevas?, le dije, ¿dónde te dejo?... Cuando llegamos, le digo, “tu amiga vive al frente de mi casa, donde yo viví mi infancia”, curioso, porque un día otro amigo la invita a almorzar y cuando lo recoge le dice, “yo estudié allá”, o sea su primer jardín fue ese, entonces fue muy lindo regresar a eso. Mi hija Luisa estudió filosofía y está haciendo cine documental en México, donde nació, y se fue a revivir a su familia mexicana, porque ella regresó a Colombia cuando tenía tres años.

Los profesores de la maestría de cine documental a partir de fotos le piden reconstruir su infancia, entonces se fue como a reconstruir. Entonces me llega una foto que es preciosa: una niña también, la mamá divina; la niña está mirando por la ventana…

Ahora que te digo yo “mirando por la ventana”, a ella la veo evocando, que está mirando, una foto que me remite mucho a eso… Entonces los profesores le ponen como siete preguntas de ¿quién tomó la foto?, ¿por qué tomo la foto?, ¿en qué momento?, y de esa manera Luisa, a partir de fotos específicas de su infancia, reconstruye muchas cosas, que no he visto el documental, lo tienen muy reservado, se le volvió muy largo, entonces está enredada, está haciendo otro que es con el tema de la naturaleza; mi huerta es otro protagonista de su película, porque es su hermana menor, porque yo digo “la huerta es la hermana menor de Luisa”, porque cogió ese nivel de importancia, mi familia son Luisa y mi huerta, Luisa lo considera así.

Vino en octubre o noviembre y me dijo,“dime eso en la película, te voy a grabar para que me digas eso”, porque la huerta es la hermanita menor de Luisa, eso también la marca bastante; inclusive, ha sido rival de la huerta, como la rivalidad que pueden tener dos hermanas.

Seguramente ella va hacer algo muy grandioso por el valor que le di, y registrará, recogerá eso que para mí también es ¡el significado de la personalidad de la huerta!, como la persona que se volvió… pues, decirle persona en el sentido de una relación muy viva que también yo la adquirí.

El día del medio ambiente me invitan a una universidad, entonces yo les cuento a las plantas, me voy manejando en el carro y en el canasto llevo plantas divinas, porque hago una exposición realmente bella, me siento que vamos juntas ¡es fuerte!, —es esa relación que puede tener mi amiga con los animales —, siento lo mismo, el valor que se les dá, es correcto, somos seres vivos, plantas, animales y el hombre. Para los indígenas las plantas son primas; los animales, hermanos; la relación de seres vivos es realmente una relación de seres hermanos.

Mi padre lo atraviesa el corazón, el sentimiento, entonces él, de una manera muy bella, va del campo a la ciudad. Las tierras de Guatavita se inundan, donde él nació. Yo lo conocí fuera de esa tierra, en un lugar urbano, otra mentalidad; pero en ese sentido mi padre tenía ese rústico, si lo llamamos así, desde la parte intelectual, profesional, académica, él tenía una mirada muy del habitante del campo. No estudió una profesión, pero logró montar sus negocios.

Lo puedo ver con una muy fuerte en su mirada del corazón, lo atraviesa todo. Mi papá y mi mamá fueron un complemento muy fuerte, porque digamos, los valores en ellos fueron muy fuertes, los dos son muy distintos y los dos son muy fuertes en sus valores, siempre nos pusieron por encima valores, siendo que yo fui rebelde, o sea que esa configuración de mundo que me transmitieron también la cuestioné; no los juzgué, que es bueno, porque cuando juzgas premias o castigas, o premias o desapruebas.

 

Cinco mujeres, un camino verde

 

Cuando llego al municipio en 2006, no me relaciono con todo el mundo porque vivo en Bogotá, vengo los fines de semana y además en esa época tenía mi pareja, luego nos íbamos para Bogotá. Era también la rutina Bogotá –Tenjo. Sin embargo, hago una reunión, no recuerdo en qué año hice esa reunión, cuando construí la segunda parte de la casa, donde está el centro de estudio. Ahí construí mi relación con Alfonso Zapata, que es el historiador Tenjano, le dije “yo me quiero relacionar con el municipio” porque estoy viviendo en el municipio, pero chévere mirar hacia el municipio y cómo insertarse ahí, entonces pongo a la orden ese centro de estudio. Él me hizo una lista de gente que vino, los recibimos con una lechona, no me acuerdo qué hicimos, éramos como quince o veinte.

Ahí conocí a Yolanda, a Olga formalmente, porque ellas eran socias;  conocí a Darío; conocí a Gerardo, de Camino Verde;  también vinieron unos pintores; un tenjano que hacía cine, documentales; el dueño de las mantecadas y postres… Se reunieron varias personas de distintos perfiles, por decir, para agruparnos. Hoy es interesante, porque todos estamos liderando en cierto sentido cosas en el municipio.

Hay un chat de Tenjo-Participa y somos 180, diciéndole no a la perimetral; que no hay luz, que quitaron la luz; que qué hacemos con Codensa; reunidos, con temas de comunidad. Las personas que estábamos aquí, estamos como Tenjo, haciendo cosas por Tenjo, y no somos tenjanos… unos sí y otros no.

 

 

“Primero la naturaleza y luego el billete, y no que el billete lo trance a uno: esa es una discusión de fondo que uno se somete cuando escoge este camino. Es la fidelidad a ese presupuesto; presupuesto en el sentido de decir que la naturaleza va primero”.

 

Podemos decir “queremos estar en el territorio haciendo labor, haciendo más huertas” y que estos alimentos favorezcan al tenjano y no solamente a Bogotá, porque es un nicho de venta, porque necesitamos vender, necesitamos ser solventes para tener estabilidad económica, necesitamos estar en el mundo del negocio.

Es una discusión interna que uno tiene que poner: primero la naturaleza y luego el billete, y no que el billete lo trance a uno: esa es una discusión de fondo que uno se somete cuando escoge este camino, es la fidelidad a ese presupuesto; presupuesto en el sentido de decir que la naturaleza va primero que lo económico, que se resuelvan los temas ecológicos también, es un reto grande cuando uno toma este camino; que una urgencia económica no te toque meter químico; que el problema técnico de  cómo lo has logrado te fortalece, blindas la huerta; que es un tema fuerte lograr que las plagas no te coman…

Al final es eso, que no acaben mi cultivo porque vivo de esto; es buscar una estabilidad y que yo pueda vivir de eso.  Mi proyecto de vida conlleva en el fondo esa rectitud hacia el tema; es como un ingrediente que no puedes negociar.

Cuando llego acá me meto también a hacer parte del consejo de desarrollo, y siendo parte conocí a varios, entre otras a Olga,  Esmeralda, también tenjanas de origen campesino; María Claudia Zapata, ella estudió agronomía pero nunca la ejerció; todos ellas estábamos allá…

Un día le dije a María Claudia, “inscríbete como un tercer miembro del consejo, porque eres tenjana, aunque no tienes una actividad agropecuaria”, pero estaba interesada en su municipio, le dije “quédate ahí porque tú eres tenjana”, doña Esmeralda es tenjana, Olga es tenjana, entonces yo siempre busqué estimular eso; un día nos dicen “hay una feria agropecuaria, si quieren vamos a sacar stand para el que quiera participar, esta tarde hay inscripción”, nos miramos y dijimos “saquemos una mesa”, éramos cinco, yo hice esa noche el brochure, el pendón, todo de una vez,  así las cinco conformamos el inicio de Camino Verde, cada una trajo a alguien más, nos volvimos una lista como de quince: Constanza, Yolanda, Olga, Esmeralda y María Claudia, pero fueron dos más porque ese día Yolanda no fue a la reunión, pero estaba por teléfono vigente.

Nos organizamos ese día y propuse que me mandaran por Whatsapp qué título le poníamos. No nos conocimos todos desde el principio, no hicimos una reunión de fundación, sino que nos lanzamos al río, más o menos mantenemos como esa manera de proceder y de ahí se desprenden varias cosas.

La operación fue salir allí, poner una carpa mostrando nuestro trabajo, entonces la comunidad coqueteó mucho, no compró, pero nos hicimos visibles, nos dieron la carpa gracias a Yolanda como concejala, ella siempre ha estado desde su herramienta política, ella produce deshidratados que le compró a Olga y crearon esa marca de los deshidratados.  

Yolanda en ese sentido no es versada agrícolamente, pero tiene una postura coherente con lo que quiere hacer, Olga le asesora mucho esa parte, entonces Yolanda está cada vez más convencida de esta herramienta para mostrar lo que hace, como un camino de ¡sí se puede!, ella desde el principio formó parte de Camino Verde.

Realmente la idea era que del mismo nicho de quienes estamos todos los domingos pudo desprenderse todo eso. Estamos en el territorio con la intención de dar opciones al tenjano de consumir orgánico y no solamente el privilegio que le damos a Bogotá, sino que estando en Tenjo, hay que mirar a Tenjo.  Hicimos un ejercicio muy alegre, muy entusiasmado, ahí estaba Gabelo también.

La finca Gabeno tiene como treinta años de existencia en este territorio, pero que hoy en día, el dueño –Alemán– decidió ¡no más!, se acabó la huerta, desapareció la finca, y la alquilaron para otra cosa. Allí estaba una mujer que se llama Brígida Valderrama, quien habitó ese terreno y fue de las fincas creadoras en Cundinamarca, de las creadoras de ese proyecto de agricultura orgánica es la de más antigüedad.

La finca es de una familia alemana, que como alemanes impulsaron ese trabajo desde el punto de vista de Styler, un austriaco que genera desde 1920 este proceso de agricultura biodinámica, la cual forma parte del desarrollo de la agricultura orgánica, como una vertiente.

Entonces, la biodinámica tiene su expresión en Gabeno, una finca emblemática en el proceso de la agricultura en Colombia. Ahora Brígida deambula por el mundo, es un poquito duro, porque ella quedó sin nicho y fue muy triste cómo le cortaron ese proceso, ella entregó su vida también, porque sus hijos nacieron ahí, salió de este proyecto y pronto todas esas evidencias desaparecieron en su vida y el movimiento también perdió esa evidencia como historia.

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