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200 días después de Mocoa

 

Cuando se culmina una carrera profesional son muchas las expectativas y las metas que se generan. En este sentido, a lo largo del ejercicio profesional, cada persona se va enfrentando a diversas labores que van enriqueciendo la experiencia. Sin embargo, en muchas ocasiones se trazan vivencias que definitivamente marcan dicha labor.

Este fue el caso de tres profesionales en psicología que tuvieron que enfrentar una de las situaciones más duras, pero a la vez enriquecedoras de su carrera...

Sobre las diez de la noche del viernes 31 de marzo del presente año, se originó un impresionante aguacero, sobre algunos barrios pertenecientes al municipio de Mocoa. Los habitantes nunca imaginaron que aproximadamente tres horas después estarían enfrentándose a la peor tragedia en sus 454 años de historia: una avalancha que provocó que los ríos: el Mocoa, el Mulato,  el Sangoyaco y varias quebradas, como la Taruca, se desbordaran arrastrando miles de toneladas de barro por 17 barrios, borrando a varios del mapa.

Una tragedia que dejó más de 300 personas fallecidas ​ y más de 400 heridas, con un número oficial de 200 desaparecidos y más de 1.000 damnificados. Frente a esto diversas organizaciones nacionales e internacionales manifestaron su dolor por estos hermanos víctimas de la catástrofe y prestaron miles de ayudas humanitarias.

Las profesoras María Fernanda Jiménez Fetecua, Sandra Milena Sepúlveda Ruiz, del Programa de Psicología  de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, así como la graduada del mismo programa Angie Daniela González Gutiérrez de Bienestar Universitario de UNIMINUTO Sede Calle 80 tuvieron la misión, como muchos, de viajar al municipio días después de la tragedia y brindar su apoyo en la entrega de ayudas que el Minuto de Dios dispuso para este lugar.

Sin embargo, una vez llegaron al municipio, el lema del Padre Rafael García- Herreros “Que nadie se quede sin servir”, tomó verdadero y mayor significado para estas tres profesionales, que no solo se quedaron con el rol que les correspondía ejercer allí, es decir, entregar adecuadamente las ayudas, sino que decidieron brindar su apoyo al máximo, y convertir todo lo aprendido en la academia y en la vida misma, en ayudas tangibles para estas personas que necesitaban una voz de esperanza.

Allí su responsabilidad aumentó, la situación no era ni parecida a lo que muchos medios de comunicación mostraban. En cada lugar que visitaban se encontraban con historias impactantes, incluso los niños a través del dibujo manifestaban el dolor tan grande por el que estaban pasando, muchos de ellos, con sus familiares desaparecidos. Ni qué decir de los albergues, donde las personas se desesperan al transcurrir las horas y no saber nada de sus familias o hacer inmensas filas para recibir atención, por medicamentos o para reclamar a sus familiares fallecidos.

Al ver esto, la labor de estas tres profesionales cobró un mayor sentido, no solo era cuestión de entregar mercados y ayudas, allí se dieron cuenta que debían intervenir, hablar con las familias, ponerse en sus zapatos, ocultar los sentimientos de impotencia y llanto y dar fortaleza con sus mensajes y compañía. Hacer que al menos por un rato estas familias se unieran y olvidaran lo que había pasado a través de los diferentes talleres y procesos psicosociales, decirles que no estaban solos. Otra de las cosas que vivieron en esta experiencia fue la responsabilidad y valor que tiene portar la camiseta del Minuto de Dios, pues este sello era reconocido más de lo que imaginaban. La labor de la Organización Minuto de Dios ha sido realmente impactante en la historia del país, lo cual queda manifestado en los testimonios de los habitantes quienes manifestaron que “era realmente gratificante que alguien del Minuto de Dios estuviera allí con ellos y llegará para apoyarlos”.

Cabe resaltar que la atención que la Corporación del Minuto de Dios empezó a brindar a Mocoa inicialmente era de primera asistencia, días después de la tragedia. Debido a que luego de esta primera visita que se llevó a cabo en el mes de abril, donde se evidenció que habían muchas más cosas por hacer en el lugar de la tragedia, tomaron la determinación de llevar al municipio un equipo más consolidado que atendiera dos frentes: atención humanitaria y atención psicológica. En este sentido, en articulación con la Secretaría de Salud del Departamento del Putumayo, se realizó una intervención psicosocial.  

En esta línea, el equipo de profesionales de UNIMINUTO logró trabajar articuladamente con las mesas de trabajo pertenecientes a las diferentes organizaciones que allí hicieron presencia para que de esta manera, el trabajo en equipo fuera exitoso.

Según las estadísticas de la Corporación, se entregaron 5,4 toneladas de ayudas en Mocoa como resultado de la convocatoria que desde la página web y redes sociales emprendió el Minuto de Dios. Gracias a la respuesta solidaria y a la confianza que los colombianos tienen en nuestra obra, se recibieron donaciones en especie como alimentos, elementos de aseo personal, cobijas, ropa para bebé, pañales, menaje para cocina, colchonetas, almohadas, implementos para hospitales, respiradores y repelentes, entre otros, que en estas misiones fueron entregados a los damnificados de este desastre natural.

200 días después de la tragedia, el Minuto de Dios sigue trabajando en pro de la reconstrucción de una nueva Mocoa, muestra de ello es la versión número 57 del  Banquete del millón, que se realizará el próximo 23 de noviembre, cuyo tema central precisamente es “Construyendo la nueva Mocoa”, por lo que los recursos serán destinados para seguir ayudando a este pueblo hermano.

Con esta visita, las tres profesionales junto con el equipo enviado del Minuto de Dios, se dieron cuenta que hay muchas situaciones en la vida, en que hay que dejarlo todo “para ir donde está el otro”, hay que sacar lo mejor de cada uno para ayudar a nuestro prójimo, sacar la vocación de servicio que caracteriza al ser humano y mucho más después de una tragedia de estas magnitudes, son estas experiencias las que dejan recuerdos imborrables de la memoria y marcan sin lugar a dudas lo que se es como profesional y como persona.

María Fernanda Jiménez, Sandra Milena Sepúlveda, y Angie Daniela González, por su compromiso donde a nombre de UNIMINUTO hicieron presencia llevando su conocimiento y los donativos de la comunidad universitaria a Mocoa, recibieron el reconocimiento “Apropiación Misional UNIMINUTO” en la Noche de Excelencia, evento académico realizado el pasado 10 de octubre donde semestre a semestre se busca destacar a los estudiantes y colaboradores que sobresalen tanto en su ejercicio profesional como académico.

No obstante, ellas saben bien que el agradecimiento quedó plasmado en las múltiples sonrisas de los niños y las familias con quienes convivieron durante todo un mes. Para ellas, fue gratificante descubrir que, pese a lo terrible de los hechos, en el rostro de estas personas que recibieron acompañamiento, apoyo y atención, siempre encontraban una sonrisa y este fue el mejor pago que pudieron recibir. Una sonrisa que tiene el poder de borrar cualquier mal recuerdo y dejar espacio para lo que muchos expresaron que significada el Minuto de Dios: alegría y esperanza; esa misma alegría y esperanza que el Papa Francisco enfatizó en su mensaje a Colombia. Dos sentimientos que los habitantes de Mocoa no se han dejado robar y que nos ejemplifican que aun en la situación más terrible de nuestra vida, si abrimos nuestro corazón siempre recibiremos el soplo de esperanza que proviene de Dios a través de nuestros hermanos.

 

Por: Catherin Florez y Laura Gómez

Dirección de Comunicaciones SP.