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El fanatismo confuso: cuando la religión irrumpe lo político

En la segunda semana de octubre del año 2019, Colombia presenció algo importante, fue ver a un expresidente y hoy senador de la República siendo llamado a indagatoria por un caso de manipulación de testigos. Pero, semanas anteriores, los seguidores como detractores de esta figura pública llamaron a movilizarse en defensa o en contra de ella de ese personaje.

Llegó el día de la indagatoria y con ello las movilizaciones y manifestaciones de apoyo y castigo. El funcionario público llegó puntual y detrás de ellos sus abogados, pero lo más curioso es que la noticia que ahondaba en las redes sociales no era el proceso judicial, sino que dentro de los manifestantes se encontraba una “religiosa”, que lanzaba a través de un megáfono palabras de admiración y adoración al funcionario público. 

Con esta situación, surgen muchas preguntas en torno al hecho de la presencia de la “religiosa” en ese espacio de manifestación, pero la que hoy considero debemos responder es, ¿de qué manera el acto político de la “religiosa” presenta actitudes fanáticas?

Para empezar, es de suma importancia comprender que una persona fanática es aquella que deja su propia libertad y la niega al servicio de una comunidad o persona que para ella representan algo mistifico, mágico o real, lo que hace desconocer o rechazar todo acto en contra de esa persona o comunidad y actor de manera violenta y competitiva con el que perciba como oposición a sus creencias.

Estás actitudes fanáticas se pueden presentar tanto en el deporte, la religión o la política.  Ver a una “religiosa” en un escenario político desconcierta a otros religiosos, políticos y personas del común y esto se da porque dentro de las mismas comunidades religiosas existen normas que prohíben manifestaciones públicas de política en plaza pública y con presencia del hábito; lo que coloca a esta “religiosa” en un dilema y es el juego entre la posición que ella presenta en ese momento a nivel religioso, político y mediático.

A nivel religioso ella incumple las normas de las comunidades religiosas, pero desde la mirada del fanatismo, no importa quebrar las normas dado que se está protegiendo la creencia propia. A nivel político, la “religiosa” pudo estar utilizando sus hábitos como forma privilegiada de manifestarse, dando la impresión de que el funcionario público es miembro de Dios, lo que permite reflexionar en que su propia libertad como persona y como religiosa es negada por el seguimiento a una imagen de alguien externo a esos contextos.

Con lo anterior, surge una lealtad de competencia, es decir un conflicto entre su posición de servicio en su comunidad y su ejercicio de poder como seguidora de alguien, pero además en el nivel mediático se convierte en una estrategia para generar noticias falsas y así dar mayor protagonismo a alguien que presentará de ahora en adelante una exhibición de su poder como religiosa para buscar acercar más seguidores a una postura política.

Lo que me queda por decir es que al final de todo, esta “religiosa” camina por las calles de su natal Antioquia riéndose por la fama recibida mientras la comunidad religiosa se cuestiona, ¿quién es ella?

Por José Miguel Mayorga
Coordinador de Investigaciones
UNIMINUTO Cundinamarca Centro Regional Soacha