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Reinvención de la educación en días de pandemia

La educación, por efectos de las medidas de aislamiento social ha sido desafiada a grandes transformaciones: lejos quedaron aquellas clases magistrales y monótonas donde éramos solo escuchas pasivos del conocimiento. Estos tiempos de cuarentena que se viven nos han permitido reinventarnos maneras de recibir no solo conocimientos académicos, sino compartir todo tipo de aprendizajes.

Así como el auge de las TIC, abrió múltiples posibilidades a todos los individuos de producir y compartir gran cantidad de información, sin discriminar la calidad o veracidad de la misma; asimismo, esta es una oportunidad para que la educación, con el concurso de todos, retome su carácter vital para la formación de una sociedad. Para esto es necesario que se mantenga la continuidad de los espacios de formación, sin necesidad de salir de casa; permitiendo que los estudiantes con la asesoría adecuada participen en la construcción de contenidos y/o conocimientos de valor agregado para la transformación de nuestro país.

Tal como lo expresa Fernando Savater en su obra El valor de educar (2008) “se hace necesario potenciar una forma humanista para transmitir cualquier tipo de conocimiento, así de esta manera se universaliza la labor de enseñar, pues todos participan en un círculo de enseñanza que crea seres humanos en todas las dimensiones”. Una aspiración muy útil para poder superar estos momentos de conmoción que se presentan a nivel mundial y un llamado a que las instituciones atiendan las necesidades de los estudiantes, que, como seres integrales, van más allá de lo académico, entendiendo la necesidad de ofrecerles acompañamiento en aspectos emocionales y sicológicos.

Son muchos los retos que enfrenta la educación en estos días de pandemia: quizás el más importante es evitar la deshumanización que puede generar el uso de los medios tecnológicos empleados en el proceso, lo cual solo será posible en la medida que seamos capaces de mantener la emoción de cada descubrimiento. Independientemente de si lo que aprendemos son idiomas, cálculo, cocina o historia, la relación que se establece entre las personas es lo que hace posible la transmisión del conocimiento. De ahí la importancia de que cada uno, en lo que enseña, tenga la capacidad de establecer una conexión con el otro ser humano detrás de la pantalla.

En segundo lugar, este cambio en la manera de educar nos enfrenta a un reto tecnológico inevitable, es hora de comprobar si las conexiones de internet son las adecuadas: esto incluye las plataformas virtuales y redes domésticas de los estudiantes. Lo anterior, debido a los requerimientos de banda para las tutorías virtuales, las cuales demandan una comunicación estable que permita la interacción y concentre la atención del estudiante; también es relevante preparar sesiones cortas y prácticas para que el proceso educativo sea eficiente.

Por otro lado, este tipo de educación nos exige un mayor nivel de responsabilidad y sentido de pertenencia, no solo en quien ejerce el papel de docente, sino también en el estudiante que debe comprometerse y disponerse al auto aprendizaje. Asimismo, en el tema social se abren múltiples escenarios de aplicación, hecho que aporta al carácter equitativo de la educación manifestado por la UNESCO, y que les permite a las universidades avanzar en su misión institucional, al facilitar mayores oportunidades de acceso a la educación superior.

En definitiva, esta situación representa grandes ventajas para la educación, es tiempo de reinventarnos y subirnos a la autopista tecnológica, demostrando una vez más que los seres humanos somos agentes de evolución, con amplias capacidades de transformación.

 

María Viriginia Medoza Ojeda

Prácticante del Programa de Comunicación Social

Centro Regional Barranquilla