Atrás

Bautismo, Primera Comunión y Confirmación

 

A propósito de la apertura de inscripciones a los cursos de Primera Comunión y Confirmación en nuestra sede San Camilo, nos ha parecido pertinente entablar un diálogo con nuestro lector sobre lo que será el curso, de forma que quienes participen en él puedan hacerse una idea de lo que encontrarán. Inicialmente debo señalar que quien desea realizar un curso de sacramentos se siente en mayor o menor medida parte de la comunidad de fieles católicos que existimos en todo el mundo. Sin embargo, es importante que los sacramentos no se vean simplemente como un checklist que voy realizando en la vida, como momentos que marcan el paso de la niñez a la adolescencia y de la adolescencia a la adultez. No, cada uno de ellos tiene su importancia en la formación del cristiano y en tanto el cristiano hace parte de una comunidad, esta formación también impacta en su forma de ser, ver, existir e interpretar en el mundo. Los sacramentos más conocidos son los denominados sacramentos de iniciación: bautismo, eucaristía y confirmación, que como su nombre lo indica marcan el camino inicial de formación del cristiano.

En el bautismo nos reconocemos hijos del Padre y se nos permite iniciarnos en la comunidad de creyentes. Es en ese momento en el que nuestros padres y padrinos toman como compromiso formarnos en la fe de la Iglesia. Por ello no es secundaria la elección de buenos padrinos, puesto que el compromiso es grandísimo. Junto con los padres los padrinos deben brindar al niño amor, ejemplo y bondad para que conozca en la profunda experiencia del amor, al Padre amoroso de Jesús que se hace realidad y milagro de vida en cada uno de los seres humanos.

Después, generalmente sobre los 7 a 9 años, tenemos la primera comunión.  Se reconoce socialmente en la mayoría de los casos porque las niñas llevan un bonito vestido y los niños un traje muy elegante. Sin embargo, su importancia es crucial, en este sacramento se vierte todo el amor de Dios, gracias a esto podemos acceder al Cuerpo y la Sangre de Cristo, adentrándonos en el mayor misterio del cristianismo: la presencia viva y efectiva de Jesucristo en la eucaristía. Este día, al igual que el cumpleaños, debería estar marcado en el calendario sin importar la edad que tengamos cuando accedamos a él.

Finalmente, llegamos al sacramento de la confirmación. Con él se completa el proceso de iniciación cristiana. Aunque muchas personas lo ven como el paso al matrimonio, en realidad es un compromiso adquirido con la comunidad de creyentes, porque a partir de él tenemos una tarea fundamental: “anunciar a Cristo con la vida y la palabra”. Este sacramento es un pentecostés personal, en él el ser se llena de la presencia del Espíritu Santo asumiendo con mayor responsabilidad el compromiso de transparentar a Cristo.

En conclusión, los sacramentos revisten una importancia fundamental en la vida, son momentos de encuentro con Dios y están revestidos de la Pedagogía Divina presente en la Santísima Trinidad. Los sacramentos de iniciación nos llevan a un encuentro progresivo: el bautismo nos hace hijos del Padre, la eucaristía (Primera Comunión) nos adentra en el misterio del Hijo, y la confirmación nos dota de la fuerza del Espíritu Santo. Todos y cada uno de ellos nos lleva a contemplar a Dios Padre Creador, al Hijo Redentor y al Espíritu Santo vivificante. 

 

Alejandra Camacho

Profesional de Pastoral

 

Si deseesas participar de estos curos de Primera Comunión y Confirmación inscríbete aquí