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Ser maestro cada vez es más difícil

“Estamos cerca de una importante transformación pedagógica en el país. En equipo lo vamos a lograr”.

Julián de Zubiría

 

Por: Alejandro Lemus Franco, docente del programa Licenciatura en Humanidades y Lengua Castellana, de la Facultad de Educación de UNIMINUTO Rectoría Bogotá Sede Principal.

 

Con esa sentencia que está expresada en el título, empezaba la primera clase a distancia con los estudiantes de la Licenciatura en Humanidades y Lengua Castellana. La frase en cuestión fue pronunciada por uno de los jóvenes ad portas de graduarse, que, a su vez, es maestro de un colegio privado en Bogotá. Por unos momentos todo fue silencio, así como pasó en Colombia y también en el mundo, un silencio preocupante que estremecía los cimientos de las naciones, sus sistemas políticos y económicos, las columnas de las ciencias y por supuesto, las bases de la educación. En adelante, es decir, después del inicio de la pandemia, todo comenzaba a ser una continua improvisación, una relación de experimentos y resultados rápidos que permitían reevaluar cada una de las acciones emprendidas en todos los campos y mejorar durante la marcha.

La educación no fue ajena a este cambio para el que nada, ni nadie estaba preparado, las clases presenciales fueron cambiadas de una semana a otra por algunos medios virtuales, grupos de mensajería, páginas web y otros canales con una sola intención: seguir en el proceso de enseñanza – aprendizaje. Pero, ese camino no estaba claro; entonces ¿hacia dónde debería encaminarse el acto de la enseñanza? y si los propósitos cambiaban también lo harían los métodos, ¿de qué manera debía enseñarse? ¿para qué? ¿con qué herramientas se enseña? Todas estas preguntas surgieron en el horizonte de los expertos en educación, maestros, universidades, entes territoriales y por supuesto, también en los maestros en formación.

La respuesta sigue sin ser clara. Va a pasar mucho tiempo para que una solución cercana se produzca, sin embargo, estas preguntas rondan los pasillos de los colegios y las universidades. A claras muestras las clases o encuentros ya no fueron, ni son lo mismo; los maestros se preguntaban de qué manera podrían llegar a todos y cómo harían para que sus aprendices siguieran en ese proceso de aprendizaje. En efecto, uno de los primeros hallazgos que le permitió esta situación sanitaria a la educación, fue el de darse cuenta que los estudiantes no contaban con los recursos para encarar una educación mediada por la tecnología, así eso fuera un supuesto. En un acuerdo tácito los maestros pedían consultar en internet, hacer mapas mentales en la web, digitar en normas APA, ver un video y los estudiantes en ese mismo contrato asentían, es decir, los maestros daban por entendido que todos tenían internet y computador, y los otros entendían que para ser estudiantes debían tenerlos.

Esta era tan solo una de las implicaciones, tal vez la mayor, a la que se enfrentaban los maestros, pero, había muchas más: los recursos, las guías, los libros texto, los cuadernos, la comunicación, los periodos de atención, el manejo de las herramientas o aplicaciones para hacer su clase… En eso, fueron claves las universidades, el Ministerio de Educación y los entes territoriales que con prontitud capacitaron a sus docentes en el uso de herramientas y plataformas virtuales, ayudaron a reducir el estrés y la angustia de éstos, mostraron nuevas rutas y facilitaron todo lo que tenían a su alcance para asumir esta nueva realidad; los estudiantes de licenciatura lo iban aprendiendo en ese mismo afán e intensidad.

Así pues, la formación de maestros no podía ser ajena a esta emergencia, por tanto, las clases se centraron en usar lo que tenían sus estudiantes en la casa: crear narraciones usando como personajes centrales tarros de crema, pomadas, juguetes, ropa; hacer odas a la sal, a los platos, al aguacate muy a lo Pablo Neruda; construir obras en donde papá, mamá, hermanos y familiares fueran los personajes; escribir textos que fueran de vital interés ahora, desarrollando temáticas de empleo, familia, su localidad, sus amigos, la vida en la escuela, el distanciamiento social, la carrera por la vacuna para el COVID 19, entre otras… preguntas que como decía De Zubiría, se acercaran al mundo y los intereses de los estudiantes.

Los resultados fueron muy buenos: estudiantes vinculados con la clase, niños felices que aprendían mientras construían y hacían sus deberes, familias que se unían en torno al trabajo de los más pequeños, tareas que no eran tareas. Además, maestros que planeaban con más imaginación y sentido, sesiones y guías con propósito, maestros actualizados y con hambre de continua formación, licenciados con consciencia de la importancia de su deber y con necesidad capital de acercarse al mundo de sus estudiantes; sí, ser maestro cada vez es más difícil, pero es una dificultad que se convierte en reto.

En definitiva y a pesar de las diferencias, se va dando una comunidad educativa que desde el Ministerio de Educación, los entes territoriales, las universidades, colegios, maestros, acudientes y más importante que todos: los estudiantes, entienden que “todos estamos en el mismo barco” como asegura Zizek.

Fotografía recuperada de: Freepik.es 

 

Semblanza

*Alejandro Lemus Franco es licenciado en Lengua Castellana, Magíster en Comunicación y Educación y Doctorando en Comunicación. Es docente del programa Licenciatura en Humanidades y Lengua Castellana en UNIMINUTO Rectoría Bogotá Sede Principal y maestro de la Secretaría de Educación Distrital de Bogotá.

 

Referencias

  • De Zubiría, Julián. (2020) La educación en tiempos de cuarentena. Canal de Magisterio en Youtube. Tomado de https://www.youtube.com/watch?v=hyP1jgo0HQ0
  • Zizek Slavoj. (2020) Pandemia, la COVID 19 sacude al mundo. Anagrama. 120 páginas.