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Medio siglo del Guggenheim Bogotano

Aunque la fecha de inauguración del edificio del Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá fue el 21 de noviembre de 1970, cuando el entonces Presidente de la República de Colombia Misael Pastrana Borrero visitó el barrio Minuto de Dios para asistir a esta inauguración, fue en el año 1969 que los arquitectos Eduardo del Valle y Jairo López, iniciaron la construcción del, hasta ese momento, único edificio pensado para ser albergue de un museo de arte contemporáneo. Vale la pena recordar que desde 1966, inició operaciones gracias a las generosas donaciones de artistas reconocidos, emergentes y particulares, que decidieron atender el llamado del Padre Rafael García Herreros, cuando indicó que “La belleza, como la riqueza, tiene una obligatoria función social”.

En principio, la idea del arquitecto del Valle era crear una estructura escalonada, similar a las pirámides que se encuentran en México, más pequeño que el actual edificio, pero misteriosamente, Eduardo del Valle cambia ostensiblemente el diseño y queda configurado como una estructura circular, que se adapta a las demás edificaciones del barrio Minuto de Dios, de acuerdo con lo expresado por el Director del Museo, Gustavo Ortiz: “una de las cosas importantes de la arquitectura en el Minuto de Dios, eran los espacios circulares. La biblioteca es circular, el museo es circular, el templo era circular y eso tenía un trasfondo de igualdad o de equidad. En un círculo, todo el mundo se puede ver”.

El MAC es conocido como el “Guggenheim bogotano”, por detalles en la estructura que se asemejan al famoso museo ubicado en la ciudad de Nueva York y que fue inaugurado en el año de 1959. Al MAC lo hemos visto lleno de colores, rodeado de banderas, vestido de gala para las inauguraciones de cada una de las exposiciones, o sirviendo como fondo de fotos para grados, bautizos, primeras comuniones y celebraciones de la comunidad que lo rodea, la cual lo tiene como referente de cultura con significado social.

Celebramos la existencia del gigante blanco del noroccidente de Bogotá; su curiosa estructura espiral corona en una cúpula amplia, que permite la difusión de la luz natural a los tres pisos que componen el edificio, la forma helicoidal de sus escaleras, que brindan miradas tangenciales, pero, sobre todo, celebramos este espacio de reflexión, diálogo y tolerancia que genera iniciativas sociales desde el arte.