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Las relaciones de la lengua y la sociedad en la pandemia

Por: Paola Ospina Rodríguez, docente del programa Licenciatura en Humanidades y Lengua Castellana, de la Facultad de Educación de UNIMINUTO Rectoría Bogotá Sede Principal.

 

A partir de la aparición del SARS-CoV-2 en la ciudad china de Wuhan, el coronavirus empezó a ser el centro atención de los medios de comunicación, de la raza humana, y hacer parte de todos los lenguajes del mundo. Palabras como “pandemia”, “Covid-19”, “distancia social”, “curva de contagio” o siglas como “OMS”, “SARS”, “MERS”, se han convertido en parte del lenguaje cotidiano en Bogotá y en todo el mundo. En cierta forma el coronavirus nos demandó adquirir palabras situadas más desde una jerga profesional, que sólo los médicos utilizaban en su contexto científico y profesional. En este sentido, nuestra forma de hablar cambió, y, por tanto, las representaciones de mundo y hábitat también.

Según el lingüista estadounidense Sapir (1956), el lenguaje no es una entidad desconectada de sus hablantes y de su entorno social, el lenguaje determina el pensamiento, y la visión del hombre desde su entorno. En este sentido, podríamos decir que la pandemia con sus lenguajes, códigos y signos llegó a determinar nuestro pensamiento, formas de actuar, sentir y hablar. Asimismo, Saussure (1991) comenta que, la lengua es un sistema convencional de signos que se adquieren socialmente con el propósito de regular y determinar. Por ende, no podemos olvidar que la lengua es aprendida y su uso es regulado socialmente; entonces, si lengua y sociedad son dos realidades interrelacionadas, debemos comprender que la pandemia o coronavirus que está en nuestra realidad ha traído un número de representaciones o conceptos que han permeado tanto el lenguaje, las formas de comunicación, pero también la forma de ver la vida.

Según Dufey (2020) en lo que lleva la pandemia, en un comienzo las palabras para describir la sintomatología de la presencia del virus se relacionaban con: dolores, malestares, fiebre, tos y las “insuficiencias respiratorias”. Ahora, la población comenzó a familiarizarse con “respiradores mecánicos” o integro en su lenguaje "paciente intubado", como una situación extrema; además, se ampliaron definiciones tales como: los agentes o vectores de los contagios, las personas asintomáticas y al presente los "supertransmisores" o "supercontagiantes", aquellos que contagian a más personas que el promedio; o "carga infectante" que se refiere a la cantidad de agentes que influyen en que alguien se infecte. Lo que llama la atención es que diariamente podemos ver que la población ya no es tan indiferente al nuevo vocabulario que se multiplica en la sociedad; y una de las razones se podría situar con el simple hecho de que este virus nos cambió la vida individual y colectiva, afectó significativamente las relaciones entre sujetos, ahora ya no pasamos por alto la red fosforescente de las noticias que informan y crean modelos de conducta.

La cuarentena se convirtió simplemente en vivir en "modo Covid", al despedirnos, agregamos ahora "¡cuídese!", guarde las medidas de bioseguridad, póngase bien el tapabocas, utilice la mascarilla, tome distancia, etc. En consecuencia, el cerebro va generando representaciones mentales que afectan nuestro diario vivir y las formas de actuar en la vida. No es casualidad la depresión y la ansiedad de nuestros jóvenes, ancianos y niños; últimamente el síndrome de la cabaña o miedo a salir a la calle es otro gran reto que tiene el estado para que todo vuelva a la “normalidad”. Asimismo, en las cuarentenas también se desarrollaron los neologismos populares que reflejaron el nuevo estilo de vida y su adaptación. Según Dufey (2020), la abreviatura Covid - 19 con sus variantes (cov, co), se han convertido en un prefijo creativo adaptado a varias situaciones de contexto, por ejemplo, en algunos países se utiliza covi-ofertas, covi-chefs, para aquellos que en cuarentena encontraron su oficio como cocineros o comerciantes; o covi-mentiras, para referirse a ciertos medios de comunicación que hiperbolizan el discurso, y las covi-faks news de las redes sociales.

Hace poco, cuando Bogotá trata de volver a la normalidad, un familiar por Whatspp me escribe: “Terminó el confinamiento, no la pandemia, cuando salgas a la calle, no olvides tu mascarilla, tapabocas y gel hidroalcohólico”, por tanto, percibí que nuestro lenguaje informal, se estaba transfigurando a un discurso con un tono más formal y riguroso. Implícitamente el nuevo vocabulario también ha cambiado nuestras relaciones, las terminologías en torno a la pandemia se han filtrado en el lenguaje coloquial.

Frente este fenómeno, el de adquirir, afianzar y adaptar el lenguaje de la pandemia en nuestras vidas, es un factor que considero normal, pues ante lo desconocido es importante la alfabetización para no ser tan ingenuos frente a las realidades; no obstante, mi invitación es que hay otras palabras, que, en medio de esta crisis, también nos pueden construir y resignificar como seres humanos, y no son necesariamente aquellas que diariamente están en torno a la pandemia. En estos tiempos, en mi casa, con mi familia, a pesar de que hemos identificado cómo nuestras conversaciones se han involucrado y cambiado alrededor de la pandemia; también hemos logrado darles más importancia a palabras como: “esperanza”, “paciencia”, “perseverar”. Por tanto, mis representaciones mentales y acciones se llenan de fe y mucha confianza de que las cosas van a cambiar para bien. UNIMINUTO, sigamos adelante, nos necesitamos para construir una mejor nación. Bendiciones.

Fotografía recuperada de: Freepik.es

 

*Paola Ospina Rodríguez es Licenciada en Humanidades (Lengua Castellana e Idiomas), Magíster en Docencia y actualmente es docente del programa Licenciatura en Humanidades y Lengua Castellana, de la Facultad de Educación de UNIMINUTO Rectoría Bogotá Sede Principal.