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El Trabajo Social: ¡Una profesión de alto riesgo!

Por: Jazmín Cruz Vargas, docente del programa de Trabajo Social, de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de UNIMINUTO Rectoría Bogotá Sede Principal.

Cuando en un país como el nuestro, con las características sociales, económicas, políticas e históricas, se decide ser Trabajador o Trabajadora Social, nos encontramos con expresiones tales como: "¿pobrecita, pobrecito, de qué va a vivir?" hasta "¡tan generoso, le va a ayudar a los pobres!", las dos ideas son erradas y son expresadas desde el desconocimiento de lo que es y  puede significar ser un Trabajador o Trabajadora Social en Colombia, por tanto quiero centrarme en aquellos riesgos que corremos al tomar esta opción de vida y debida.

¿Por qué ser Trabajador o Trabajadora social implica un alto riesgo?

Un primer aspecto, es porque en los procesos formativos “cuando hemos optado por ser docentes”, nos implica acompañar a los estudiantes: jóvenes y adultos, hombres y mujeres, a que reconozcan y reconozcamos nuestras  historias de vida, las historias de los  contextos de los que hemos hecho parte y la historia del país, para poder resignificar aquellos hechos que antes eran unas anécdotas contadas por los abuelos y las abuelas, pero que ahora toman sentido cuando se quiere hablar del conflicto que ha vivido Colombia  y como lo sugiere (Jover, 2013): “la educación necesita de la curiosidad, la reciprocidad y la intuición para captar las relaciones entre los fenómenos, acontecimientos o procesos que normalmente pasan desapercibidos".  En este sentido, nos educamos y educamos para la vida y no para un periodo de ella.

Aquí nos arriesgamos, junto con las nuevas generaciones de Trabajadores Sociales, a seguir descubriendo las otras historias no contadas o no escuchadas, reconociendo la importancia de las narrativas de hombres y mujeres para la reconstrucción de verdades que pueden aportar a la justicia social esperada por todos.

Por otra parte, porque  cuando trabajamos  con  grupos y comunidades rurales, urbanas, rural-urbanas, entre otras,  entendemos la fuerza y el sentido que tiene el  tejido social que ha sido debilitado por el miedo, la indiferencia, la represión, las muertes de líderes campesinos, líderes sociales, mujeres y hombres que con su firme convicción de vivir en un país diferente, emprenden acciones colectivas para el reconocimiento de sus  derechos, que aunque se encuentren plasmados en textos y normas, no siempre se garantizan para toda la población, ni para todas las regiones en nuestro país. Es aquí donde aportamos haciendo uso de diferentes estrategias y modos de trabajo colectivo donde comprendemos que:

“las personas que sufren esta praxis avasalladora pueden luchar por su emancipación y tomar las riendas de su realidad en un proceso “concientizador”, debido a que al recuperar la palabra que les ha sido arrebatada, se llega a tomar conciencia de la realidad y, por ende, se toma parte de ella ya que para poder pensar es necesario contextualizarse y, para pensarse como sujeto es preciso asumir la realidad. De este modo, el incidir en la realidad y transformarla se vuelve una opción cada vez más plausible. Este empoderamiento de las personas viene de la mano de un proceso horizontal, basado en el diálogo entre iguales" (Freire, 2010).

Aquí nos arriesgamos como trabajadores sociales a aprender junto con estas comunidades, a reconocernos como seres sociales, políticos e históricos, que no podemos ser indiferentes a las situaciones que nos atañen a todos, nos arriesgamos a reconocer que la fuerza de los vínculos afectivos y las redes en nuestra sociedad, son tan importantes como la economía del país, porque sin una es impreciso hablar de la otra.

Un último aspecto, es porque cuando somos trabajadores sociales nos convertimos en educadores, educadores sociales que no sólo transmitimos información, esto me hace recordar algo planteado por Estanislao Zuleta y que ha significado mucho para mi ejercicio docente; (Zuleta, 1985)

“La educación no puede eludir esta exigencia sin la cual su ineficacia es máxima: el amor hacia aquello que se está tratando de enseñar. Además, ese amor no lo puede dar sino quien lo tiene, y en últimas eso es lo que se transmite. Nadie puede enseñar lo que no ama, aunque se sepa todos los manuales del mundo, porque lo que comunica a los estudiantes no es tanto lo que dicen los manuales, como el aburrimiento que a él mismo le causan”.

Lo anterior aplica no sólo en los contextos formales, sino en todos los contextos,  los espacios en los que tenemos interacciones con personas, con familias, con comunidades, con discursos, con pensamientos; esto nos lleva a observarnos, sentirnos y pensarnos como personas que somos acogidos por otros y otras,  que creen en nuestras palabras, en nuestras acciones; por tanto corremos el riesgo de ser quienes acompañan y escuchan las historias de niños, niñas, jóvenes, mujeres y hombres con historias de vida en los que han sido víctimas de diversos problemas sociales, algunos más de una vez;  además corremos el riesgo de aprender de ellos la esperanza, la templanza y la fuerza de levantarse y seguir en la búsqueda de esto que llamamos paz y que sí es posible. Se corre el enorme riesgo de cuestionarnos en el ¿cómo hacemos resonancia en la vida de los demás?

Es decir, cuando decidimos ser Trabajadores y Trabajadoras Sociales en cualquiera de los ámbitos que tenemos como opción para investigar e intervenir, estamos asumiendo muchos riesgos y muy elevados, así que si tú o alguien cercano decide hacerlo, tómate el tiempo para saber si en verdad quieres que tus pensamientos, tus emociones, tus decisiones y juicios se vean sacudidos y sobretodo en momentos como este, momentos en los que más que nunca nos apegamos a la certidumbre, en los que se cree en la represión como la solución  para resolver los problemas sociales, de salud y económicos. Es necesario que comprendamos que cada uno es tan diferente y hacemos parte de contextos sociales tan diversos, que no hay una única forma de actuar, por el contrario, se debe explorar, se debe construir, deconstruir y reconstruir a partir de la sabiduría misma que poseemos como seres humanos, como grupos y como colectivos.

¡Yo decidí asumir el riesgo y me siento orgullosa de esta decisión!

Imagen recuperada de Freepik.es

*Jazmín Cruz Vargas es Trabajadora Social, Especialista en Desarrollo Humano con énfasis en creatividad y procesos afectivos, y Magíster en Trabajo Social con énfasis en familia y redes sociales. Actualmente es docente del Programa de Trabajo Social, de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de UNIMINUTO Rectoría Bogotá Sede Principal.