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«El periodismo ha muerto, larga vida al periodismo»: Jonathan Bock, director de la FLIP

Noé Pernía

De los 35 países de América, Jamaica y Costa Rica son los únicos que «respetan el derecho a la información y protegen a los periodistas» de acuerdo con Reporteros sin Fronteras.

En 2019, los datos de esta ONG reflejaron que Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Cuba, Venezuela, México y Colombia son las siete repúblicas más conflictivas para el ejercicio del periodismo en la región (1).

En este contexto, Jonathan Bock ha recordado nuevamente que «Colombia es un lugar históricamente riesgoso para la prensa.»

Una circunstancia decisiva es que «el monopolio de la información en el país lo tienen las fuerzas armadas», en palabras de Juan Pablo Madrid Malo, investigador del proyecto Cartografías del silencio que publicó el Centro de Estudios de la FLIP en 2019 (3).

En esa ocasión, él explicaba que el ejército gestiona 106 emisoras de radio las cuales representan el 48% de las radios de interés público, categoría que agrupa también a las emisoras universitarias y las indígenas.

Pese a ese cuadro, el director de la FLIP es optimista, igual que lo sería también Gabriel García Márquez quien fundó esta organización no gubernamental en 1996. Veamos.

El poder lo ejercen el miedo y la autocensura

Desde 2017, la FLIP ha registrado anualmente unas 160 amenazas contra los comunicadores colombianos, paradójicamente, las mismas se recrudecieron tras la firma de los acuerdos de paz en 2016.

En el caso de Colombia, «el conflicto armado terminó moldeando la manera de hacer periodismo», reflexionó el director ejecutivo de la Fundación para la Libertad de Prensa:

–Y hoy podemos ver con más detenimiento las consecuencias de tantas décadas de vivir en un país en guerra permanente, con distintos actores violentos.

La violencia es la sombra cotidiana en El Chocó, Nariño, Cauca, Arauca y la Guajira, campos minados para el periodismo y, por tanto, donde casi no existen medios ni reporteros que den cuenta de las noticias locales.

Una noticia buena… y otra mala

El miércoles 18 de marzo de 2020, Michel Forst, el relator especial de la ONU para Colombia sobre la situación de los defensores de los derechos humanos, presentaba las conclusiones de su informe «tras su visita al país sudamericano del 20 de noviembre al 3 de diciembre de 2018.»

El informe arrojó dos noticias.

La buena: La tasa de homicidios se ha aminorado en el país desde 2011.

La mala: desde 2016 aumentaron los asesinatos de defensores de los derechos humanos «según los datos de fuentes estatales como la Defensoría del Pueblo, Naciones Unidas y la sociedad civil.» (2)

El pozo profundo de las etiquetas

Sería tonto ignorar «el pozo profundo de las etiquetas» desfavorables que carga el periodismo, un fardo que lo interpela sin misericordia desde todos los ángulos de la vida pública.

La esperanza es que los estudiantes de hoy, que serán los profesionales del mañana, «tengan claros cuáles son los vicios».

–Sí ha habido situaciones que evidencian problemas éticos de las empresas informativas, pero hay que darse cuenta que estamos viviendo la edad del oro del periodismo.

«Todo pasa por ser honesto y transparente, mirar cómo podemos cubrir esos puntos ciegos y ser cada vez más detallistas sobre el qué voy a contar y cómo lo voy a contar» –ha reflexionado frente a los estudiantes del curso de redacción periodística del primer semestre en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de Uniminuto, en Bogotá.

Jonathan Bock no juega sobre el viejo tablero de los apocalípticos e integrados de la década de los sesenta (Umberto Eco).

Para él, el ecosistema de medios siempre debe ser como «un supermercado» donde las audiencias preservan su derecho a escoger lo que consume.

Desde esta óptica, la idea no es suprimir, sino abrir las posibilidades para que surjan muchos más medios alternativos. Es el rasgo de coherencia de las libertades civiles.

«Vivimos la edad de oro del periodismo»

Y aquí viene lo bueno, el futuro anuncia muchas más oportunidades que negras tormentas (pese a los datos ya citados más arriba) porque de acuerdo con el director ejecutivo de la FLIP:

–Nunca antes habíamos visto tantas herramientas a la mano para intercambiar cantidades vastísimas de información y ver las grandes investigaciones periodísticas que hoy día se publican, hoy podemos diseñar nuevos formatos y nuevos canales para llegar a unas audiencias mucho más amplias.

Se trata de una coyuntura que tiene dos caras y «eso puede resultar un poco contradictorio porque al mismo tiempo que hablamos de una gran crisis, también distinguimos un gran momento para hacer periodismo.»

Jonathan Bock insiste en que la clave del futuro se basa en cosechar mejores relaciones con las audiencias que son a «las que un comunicador debe consentir.»

Y una prueba son las plataformas que han aparecido en los últimos 5 años en Colombia. Demuestran apuestas informativas muy fuertes para entregarle un periodismo de alta calidad a los públicos cada vez más críticos.

¿Quién va a financiar el periodismo?

Consonante es un laboratorio móvil de periodismo que echó a andar la FLIP hace dos años, «recorriendo lugares donde no hay medios, formando líderes locales y jóvenes que tienen interés en la comunicación», Bock cita el caso de Chaparral, al sur del Tolima, donde una comunidad indígena produce un noticiero por WhatsApp.

Otra de las perspectivas que aprecia el director ejecutivo de la FLIP es que los emprendimientos en periodismo son el punto de partida de la diversidad, «y precisamente debe ser en las universidades donde se alienten y se incuben ideas de medios de comunicación y periodismo.»

–Por supuesto que desde esos proyectos periodísticos que surjan y esos emprendimientos siempre deben tener muy presente cuál va a ser el modelo económico.

Y lo ha recalcado puesto que muchas veces «se tiene la idea, se desarrolla el producto, pero no se tiene en cuenta cómo va a ser su sostenibilidad.»

–Y aquí vuelvo al tema de las audiencias porque estas deben tener claro que deben pagar por los distintos tipos de contenido, y cada día lo van entendiendo de esta forma.

Quizá sea el perfil de la estrategia para romper con los monopolios de la libertad de prensa.

NOTA:

Este texto ha surgido del conversatorio con Jonathan Bock, director ejecutivo de la FLIP, como parte de las actividades de formación en la asignatura de redacción periodística (NRC 2877) del profesor Noé Pernía, el 08/10/2020, en el programa de comunicación social y periodismo de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de UNIMINUTO, Bogotá.

 

FUENTES:

  1. «Colombia es un lugar peligroso para la prensa», 18/04/2019, El Colombiano. Recuperado de: https://www.elcolombiano.com/colombia/paz-y-derechos-humanos/colombia-es-un-pais-peligroso-para-los-periodistas-dice-reporteros-sin-fronteras-PC10563792
  2. «Colombia: el país latinoamericano con más asesinatos de defensores de derechos humanos, señala experto», 04/03/2020, Noticias ONU. Recuperado de: https://news.un.org/es/story/2020/03/1470571
  3. «Desinformación en Colombia», 04/05/2019, Mi norte es la gente. Recuperado de: https://youtu.be/0DNEmF-P4Fo