Bienestar Universitario

Uniminuto en Santa Marta

Uniminuto en Santa Marta

 

 

 

 

Foto cortesía Periódico EL INFORMADOR

 

 

Por

Padre Alberto Linero Gómez

 

 

Ser cristiano es asumir como propia la apuesta existencial de Jesús, el de Nazaret. Es entender que nuestra estructura antropológica nos está lanzando constantemente hacia el otro y que la felicidad es consecuencia de la proexistencia. Sin el servicio, la solidaridad, el respeto por las diferencias, el perdón, la resolución creativa y pacífica de los conflictos, el diálogo serio y responsable, la vida humana, que es siempre vida con otros, se vuelve una tragedia y termina en la angustia o en el absurdo, que se expresa en una sociedad impulsada por la corrupción, la violencia, la injusticia y todas las manifestaciones del mal.

 

Ser creyentes en Dios nos exige ser creyentes en el hombre. No se puede adorar a Dios y aborrecer al hermano. El culto al Dios de la vida será siempre el ejercicio de una ética dirigida por el amor y la responsabilidad. Esto es lo que nos impulsa en El Minuto de Dios a luchar contra la pobreza; queremos que nuestro culto se refleje en una lucha sin cuartel contra todo tipo de pobreza, ya que estas ponen en riesgo continuo la dignidad humana. En palabras del Padre Rafael García Herreros: El Minuto de Dios “es todo momento que dediquemos los hombres para aceptar que el Dios trascendente intervenga en nuestra corta vida, y nos lleve a amar y a servir a los demás. Ha sido El Minuto de Dios el momento en que hemos intentando una ciudad igualitaria, en donde se evite el pecado contra Dios y el pecado contra el hombre. Una ciudad donde no haya desamor ni agresividad ni luchas ni abandonos. La ciudad ideal. La ciudad utópica. La ciudad soñada…”.

 

En este contexto nos hemos decidido a vivir nuestra experiencia de fe como una lucha contra la pobreza. Y sabemos que ella es el fruto de una urdimbre compleja de variables que se multicausan entre sí. Por eso optamos por luchar contra ellas en todas las dimensiones del ser humano. Esa es la explicación de que nuestra organización El Minuto de Dios tenga una triada de opciones estratégicas para desarrollar su misión: una social, en la que buscamos generar en torno a la vivienda un proceso comunitario y social que sirva de escenario para la realización digna de los proyectos personales en una sinergia que repercuta en un desarrollo sostenible.

 

La segunda es la espiritual, porque creemos que para transformar el entorno hay que dejarse transformar interiormente con la propuesta de vida de Jesús de Nazaret. Y la tercera es la educación, porque creemos que sólo hay paz y justicia si todos los hombres, emancipándose de la culposa ignorancia, como diría Kant, son sujetos activos de su propio cambio social y de una mejor sociedad.

 

En esta última opción estratégica se trabaja en todo el proceso de formación de los colombianos. Desde la primera infancia en las guarderías, pasando por la educación básica y el bachillerato en nuestros colegios, hasta llegar a la educación superior de técnicos, tecnólogos, profesionales, especialistas y maestros en la Universidad Minuto de Dios. Siempre queriendo llegar a los menos favorecidos por nuestra sociedad con una educación de calidad.

 

El aporte que hemos hecho a nuestro País es muy grande porque estamos en lugares, donde casi nadie va atendiendo a los que casi nadie atiende porque son casi invisibles. Es un esfuerzo titánico, a veces incomprendido por los que creen que la educación es sólo para los que pueden cumplir un frío y marciano estándar o pagar altas sumas de dinero; pero es nuestra vocación y sabemos que es la misión de los que creemos en Jesús como el Señor. Tenemos claro que es la educación la que libera, como diría Freire, de todas las alienaciones que nos empobrecen; y seguiremos yendo a todos los lugares en los que sea necesario hacer una propuesta de excelencia educativa para aquellos más pobres.

 

Por eso estoy emocionado de que este proyecto llegue a Santa Marta, porque haremos una oferta educativa a quienes por dinero, oportunidades, marginación, no pueden acceder a la educación superior. Estoy convencido de la calidad y coherencia de este proyecto y por eso estoy seguro de que será de gran bendición para nuestra ciudad. Sé que con él contribuiremos al progreso y al desarrollo de una ciudad con muchas posibilidades y oportunidades, con un gran potencial en su talento humano, que tiene que vencer todos los paradigmas excluyentes que no le han permitido alcanzar su plenitud. Creo en la comunidad samaria y estoy convencido de que al generar mayores posibilidades y mejores espacios de educación, podremos realizar el mejor proyecto de ciudad.

 

A ustedes, amigos, los queremos invitar a que, desde sus posibilidades, sean nuestros cómplices en la realización de este sublime proyecto; sí, queremos contar con su ayuda en la enorme empresa de posibilitar que los pobres se eduquen y tengan las herramientas necesarias para vencer las limitaciones que hoy los atrapan y no los dejan ser. Estoy seguro de que, con ustedes, podremos lograr que este ideal, la educación con excelencia para todos, sea una realidad en la ciudad de Bastidas.

 

Pido al Dios de la vida que los bendiga y los haga cada día más comprometidos con el bien común, única forma de agradarlo a Él. Les deseo lo mejor y gracias por aceptar nuestra invitación. 


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