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La vida comunitaria en el contexto de la academia universitaria.

 

                                                                                                  

 

La experiencia de fe de los primeros discípulos se evidencia más claramente en lo relatado en los Hechos de los Apóstoles, una experiencia que se traduce en comunidad después de la resurrección de Jesús. Este modelo de vida cristiana puesta en común es todavía hoy para todos los cristianos en el mundo un referente, tanto de organización como de vida espiritual puesta en camino. La vida comunitaria tal como nos la plantea Hechos 2, 42-47 exige unas prácticas concretas para la vida de fe cristiana a saber:  Escuchar la enseñanza de los apóstoles, participar de la vida común, la fracción del pan y las oraciones. Adicionalmente, mantener la unidad, poner todo en común, compartir la comida.

En ese sentido, es claro el camino propuesto como vida común, o comunitaria. Se trata de la vida puesta en común, la vida puesta a favor de los otros, a la luz del Evangelio ruta eminentemente alterativa y de la fracción del pan como muestra que la vida se Jesús se rompe para dar vida a otros. Es lo que, por siglos como cristianos, sin distinto de denominación hemos querido imitar; con las complejidades de los tiempos que cada generación ha atravesado, la vida comunitaria ha sido el foco que mantiene viva la fe cristiana. En ese sentido, paralelo a la tarea evangelizadora, la vida en comunidad es la pista de aterrizaje de la fe, uno que ha creído encuentra su asidero en la comunión fraterna.  Ahora bien, hemos sostenido hasta aquí un tipo de vida comunitaria fácil de llevar en las iglesias, grupos, comunidades, etc. Sin embargo, nos queremos concentrar en la vida comunitaria en el contexto de la academia universitaria.

Es a partir de las complejidades desde este siglo desde donde podemos hacer nuestra reflexión en torno a la vida comunitaria en el contexto universitario. Adicionalmente, el contexto universitario nos exige unos matices frente a la propuesta que hemos visto anteriormente, debido al carácter de la universidad y sus funciones sustantivas: docencia, investigación y proyección social. En ese sentido, la pastoral universitaria si desea proponer un espacio de vida comunitaria o acciones que promueva la comunión fraterna debe tener en cuenta que:

  1. La universidad es una plataforma de transformación, no una comunidad vitalicia.
  2. La comunidad gira en torno al diálogo entre la fe y la cultura, la ciencia y la razón.
  3. La vida comunitaria debe propiciar un espacio libre en el que éticamente construyamos un ambiente de respeto por las diferencias.
  4. No podemos comprender la vida comunitaria en el contexto universitario desde las lógicas de la vida comunitaria parroquial o de comunidades de oración.
  5. La vida en comunidad debe propiciar un encuentro multicultural, multirreligioso (abierta al diálogo interreligioso y ecuménico); debe erradicar la exclusión social (promoviendo la solidaridad y la apertura a las minorías); y favorecer vínculos más respetuosos con el medio ambiente y el laboral. (López & Cruz, 2005).

Biobliografía

López, A. T., & Cruz, L. M. (2005). Participación comunitaria desde la universidad. Educación y educadores, 91-104.

 

Jair Olascoaga Lerma

Profesional de Pastoral

 

 


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