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¿Jesús fue feliz?

Alguna vez te has hecho esta pregunta ¿Jesús fue feliz? Mirando el contexto social, cultural y religioso en el que Dios se encarno, podemos sugerir que el perfil de una persona feliz sería “un varón adulto y de buena salud, casado con una mujer honesta y fecunda, con hijos varones y unas tierras ricas, observante de la religión y respetado en su pueblo” (José A. Pagola). En este sentido, Jesús con su manera de vivir y afrontar la vida cotidiana o no era feliz o encontró otro camino para se feliz. Sin duda, los evangelios nos relatan a un Jesús que vive plenamente porque sirve (proexistir) a los demás. A ellos les entrega su vida, su tiempo, sus palabras de ánimo. Incluso, narra la experiencia nueva de Dios usando a varios de sus compatriotas como personas principales: un pescador, un sembrador, una mujer que encuentra su moneda, etc.  Lo que a Jesús le mueve, le entusiasma y le hace feliz es compartir la experiencia del proyecto de Dios, su Reino. Jesús era feliz porque podía hacer feliz a otros, anunciando y haciendo visible que “el espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la Buena Noticia a los pobres, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dejar en libertad a los oprimidos” (Lc 4, 18). Jesús se siente llamado a crear nuevas condiciones de libertad y felicidad para los demás. Esta misión del reino le llevo a proponer criterios nuevos para relacionarse con Dios, buscar la libertad de sus interlocutores y vivir la radicalidad del amor para invitar a otros a vivirla. Miren como tratan los poderosos a los suyos, que no sea así entre ustedes (cf. Lc 22, 26), le dijo a sus amigos y amigas del camino. Esta es la “metanoia”: “no pensar ante todo en las propias necesidades, problemas, pecados, angustias, sino dejarse arrastrar al camino de Jesucristo” (Dietrich Bonhoeffer).

 

En este sentido, creo que Jesús creía en un Dios feliz, el Dios que mira a sus hijos e hijas con amor entrañable, el Dios amigo de la vida, “el Dios que se conmueve hasta las lágrimas. El Dios que hace fiesta porque nos ha encontrado. El Dios para quien somos valiosos e importantes” (Fidel Oñoro, cjm). Desde esta fe rompe los esquemas religiosos de su época y anuncia noticias contraculturales. No va por Galilea anunciando: “Felices los poderosos porque a ellos Dios los escucha”, “Felices los cumplidores de todo porque a ellos Dios los premiara” ni “Felices los que oprimen porque ellos tienen la bendición de Dios”. Al contrario, la propuesta que a Jesús le hacia feliz y que compartió con los suyos fue: “Feliz los pobres, los afligidos, los manos, los hambrientos, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz” (Cf. Mt 5, 1-12). Estos son los que pueden experimentar a Dios y ser felices. Por eso, hoy podríamos traducir estas bienaventuranzas de Jesús a “No busquen su felicidad en la satisfacción de sus intereses ni en la práctica interesada de su religión. Sean felices trabajando de manera fiel y paciente por un mundo más feliz para todos” (José A. Pagola).