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¿Cómo crecemos espiritualmente?

Edith Stein afirmaba que “entrar espiritualmente en otra cosa quiere decir a la vez recibirla dentro de sí. Recibir dentro de sí algo distinto y crecer espiritualmente gracias a ello”[1]. A mi parecer, este crecimiento espiritual pone en juego tanto al mundo exterior como al mundo interior, recibo en mi algo que esta en el mundo exterior y lo integro a mi mundo interior. Justamente, en la espiritualidad de Jesús, que tiene como componente esencial el Reinado de Dios, vemos que este maestro hace una conexión directa con estos dos mundos porque el Reino de Dios está “en medio de ustedes y dentro de ustedes” (Lc 17, 21). Dicho esto, nos podemos preguntar: ¿Qué significa crecer espiritualmente en la acogida del Reino de Dios? Me parece que el jesuita Marko Ivan Rupnik nos da una pista muy interesante. Según este teólogo “nuestra vocación es la vida, la vida como comunión, que se realiza no según nuestro querer, ni según las leyes de la naturaleza, sino según la voluntad de Dios. Y la voluntad de Dios se acoge precisamente en nuestro esfuerzo por la hospitalidad. Cuanto más fuerte es la acogida, más fuerte es la presencia. Cuanto más generoso es el hacer sitio al huésped, más grande es la comprensión del mensaje de vida que la voluntad de Dios lleva en sí”.

Esto nos sugiere que crecemos espiritualmente en la medida en la que vayamos acogiendo más y mejor el amor de Dios (su mensaje de vida). Al mismo tiempo, esta acogida nos permite desplegar nuestra vida interior en gestos concretos y “frutos de caridad para la vida del mundo”[2].  Su amor y su gracia, que son su manera de hacerse presente en nosotros y en medio de nosotros (reino de Dios) “no nos hace superhombres de golpe […]La gracia actúa históricamente y, de ordinario, nos toma y transforma de una forma progresiva.” (Gaudete et Exsultate, 50). Por tanto, se trata más bien de un crecimiento constante en el amor.  Justamente, La perfección cristiana consiste en ser “misericordiosos como Dios es misericordioso” (Lc 6, 36) que no es otra cosa que decir amen como Dios ama.

Por eso, cuando Jesús habla de esta manera del Reino de Dios (en medio y dentro de ustedes) “nos remite a una experiencia viva más que a una simple doctrina”[3]. Precisamente por ser experiencia viva crecer en términos del reino es acoger su presencia en nuestra vida cotidiana y desde esta acogida, crecer en la capacidad de amar y servir a todos, como Dios ha hecho con nosotros en su palabra definitiva: Jesús de Nazaret.

Finalmente, creo que la intuición del jesuita Ismel Quiles vale la pena tenerla en cuenta: “Dios no quiere para todas las almas la misma perfección, ni quiere tampoco que cada alma llegue de golpe a aquel grado de santidad que puede alcanzar”[4]


[1] Edith Stein, Obras completas, vol. IV (Burgos: Monte Carmelo, 2003), 682.

[2] “La moralità consiste fondamentalemtne nel fatto che mediante gli atti morali categoriali la persona come totalità si attua davanti all’Assoluto.” (Fuchs, Esiste una morale cristiana? 152).

[3] Leonardo Boff, "La Dimensión De Lo Profundo: El Espíritu Y La Espiritualidad," Portal De Los Servicios Koinonía, https://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=503.

[4] Quiles, Ismael S.J. Mi Ideal de Santidad. Espiritualidad Cristiana. Cultural, 1943. 110.

 

Marco Enrique Salas Laure

Invitado Especial 


Formación