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Se busca un jugador integral


Las relaciones personales influyen más que la formación técnica en el entrenamiento de los adolescentes promesas del fútbol, afirma estudio de graduados de comunicación social y periodismo.  

  

A sus cuatro años Juan Guillermo Cuadrado, futura promesa del fútbol colombiano, ocultó su cabeza debajo de la cama para esquivar el ruido de las balas que esa misma noche matarían a su padre. Corría el año 1992, y también la violencia entre guerrilla y paramilitares, en el municipio de Necoclí, Antioquia. 

Juan Guillermo corrió lejos de la muerte, por las polvorientas calles de Apartadó. Corrió lejos de la violencia, la pobreza y las drogas, pateando el balón que en pocos años lo llevaría hacia las grandes ligas del balompié internacional. 

 

Con mucho o poco en los bolsillos, todos los niños y jóvenes pueden soñar con ser fútbol. 

 

La historia de Cuadrado se repite cada año a las puertas de las casas hogares de las ligas inferiores del fútbol profesional colombiano.  Hasta allí llegan los ágiles cuerpos de otros niños y jovencitos, buscando alcanzar el anhelo de ser vitoreados por una de las tribunas de los más de 265 millones de aficionados que practican el fútbol, según cifras citadas en este estudio

No será nada fácil. Atrás dejarán en parte a sus familias y del todo la informalidad de la infancia, para someterse a estrictas rutinas de entrenamiento y estilos de vida disciplinados y saludables, muchas veces permeados por dificultades económicas y su propia adolescencia.

“Entre los 14 y los 22 años se pasa por la crisis de la pubertad, en esta edad se presenta mucha deserción, algunos prefieren seguir con su vida cotidiana y personal que empezar en el escenario competitivo y de acondicionamiento físico o viceversa (…) muchas veces las pruebas son más duras que la misma formación militar”, afirma Luis Alfonso Marroquín, citado en el trabajo de grado de Bryan Alfonso Ávila  Chaux,  Nicolás García Meneses Meneses y Robinson Grajales Peralta.

Estos comunicadores sociales de UNIMINUTO Girardot se propusieron indagar qué importancia tienen las relaciones personales en la formación integral de los jugadores en una de esas canteras: la categoría sub-20 del Deportes Tolima. 

 

 

 ¿Seres humanos o mercancía? 

 

El gran número de aficionados ha convertido al fútbol en un lucrativo negocio multinacional, y a la venta de jugadores en una de sus transacciones más rentables, en especial para los clubes pequeños. 

 

Una de sus conclusiones es que la tarea de convertir adolescentes en jugadores profesionales requiere más que entrenamiento técnico.  “La materia prima y el posterior producto son los seres humanos por eso es importante ocuparse, en un sentido holístico, de las relaciones sociales que tejen los futbolistas en torno al desarrollo social dentro de las canteras como objeto de estudio”, señalan. 

Por lo anterior, ven con preocupación que los clubes se limiten a la formación deportiva y dejen en manos de la familia, escuela, iglesia,  y los mismos deportistas,  el desarrollo de las demás dimensiones humanas. “El común denominador de los modelos de cantera en el país, salvo un par de excepciones, se concibe desde una perspectiva económica reduccionista en la que solo importa alcanzar beneficios monetarios”, agrega el trabajo de grado.  

 

En América Latina más de 39 millones de personas juegan fútbol, lo que básicamente la convierte en el reino del balompié, por encima incluso de Europa, cuna histórica del deporte, informa el trabajo de grado de Bryan Ávila y sus compañeros.

 

 

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Los investigadores encontraron tres clases de relaciones sociales en el grupo sub-20 del Deportes Tolima, y estas fueron algunas de sus conclusiones:

 

Entre jugadores y jugadores

Al interior del club, los investigadores encontraron comodidad para los jóvenes, debido a las   edades comunes y pese a la diversidad de orígenes geográficos. El compartir los símbolosos y gusto por su actividad deportiva, también influye positivamente en la cohesión.

 

Entre jugadores y entrenadores

Para los investigadores esta es la relación fundamental a la hora de la formación de un deportista integral, sobre todo teniendo en la cuenta que los entrenadores fungen como formadores de personas. “Hay que enseñarles hábitos a ellos, hoy en día la profesión de futbolista es como las demás, no es solo pegarle a un balón, no es salir entrenar dos horas sino que hay que saber hablar, comportarse, saber qué hacer con el dinero’, dice Carlos Castro, entrenador en el Deportes Tolima.

El jugador Julián Valencia agrega que el profesor es quien les enseña a ‘‘respetar las reglas de la casa, cumplir con los horarios de llegada del entrenamiento. Porque él dice que detrás de un buen futbolista tiene que haber una gran persona”.

 

Entre jugadores y el club

 

‘‘Al principio duro, pero pues luego de un tiempo uno se adapta, yo ya me adapté, pues llevo viviendo en casa hogar aproximadamente tres años, entonces uno visita a la familia una vez al año’’: Pedro Prado, futbolista de la categoría sub-20 del Deportes Tolima. 

 

Para los autores del trabajo de grado, el club exige que los jugadores y sus familiares se encarguen de sus gastos de viaje y sostenimiento. También tiene un estricto código disciplinario.  Los servicios de salud, educación y esparcimiento también van por cuenta de los jugadores, todo esto pese a que viven incluso por varios años a tiempo completo en una casa hogar. Por eso el comunicador social Ávila y sus colegas consideran en su tesis que la responsabilidad integral que tiene el club con sus jugadores debería reconsiderarse y reestructurarse. 

El trabajo de grado advierte que es importante entender que el club ve al jugador de una forma cosificada, como una mercancía a la que se le invierte; sin embargo, los jugadores en este proceso ven una opción de crecimiento deportivo, personal y académico. Por ello sugieren algunos ajustes:
 

  • Elaborar un plan específico de procedimientos basado en las responsabilidades que se adquieren a la hora de vincular un deportista. 
     
  • Ampliar la planta operacional para un acompañamiento más personalizado.
     
  • Modificar de políticas administrativas en las que se deje de ver al jugador netamente como un producto. 
     

El fútbol ya mueve a millones en masa y amasa millones en los bolsillos.  Este estudio concluye que es hora de que los clubes adopten el modelo de formación integral para cumplir con la misión de aportar a la sociedad algo más que buenos deportistas.

 

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Carlos Andrés Jurado V. 

 Mercadeo y comunicaciones- Servicios Integrados. 

 


Ciencias sociales y humanas