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Un robot para viajar a otro planeta

Imagen de archivo

 

Felipe tiene Asperger e intenta adaptarse al mundo de otros niños. Serán ellos quienes saldrán de su mundo para conocer el suyo,  armar un robot y vivir una aventura en otro planeta.

 

Felipe aprieta en sus manos una ficha de Lego. Camina de un lado a otro en el patio del colegio. Habla solo y hace movimientos circulares con sus manos, como si estuviera en otro planeta. Se ha salido de clase porque le aburre el tema que están explicando. Algunos estudiantes pasan a su lado para burlarse; lo miran con extrañeza, como cuando grita, eufórico, incontrolable, porque algo ha salido muy bien o muy mal.

En sus quince años de vida, Felipe Melo Mosquera no ha recibido en casa la visita de ningún amigo.  Es 2018 y en el balcón de su hogar reposa una colección de naves de Star Wars, junto a otras figuras armadas, ficha a ficha, por él. “Son tantas fichas, que te volverías loco contándolas”, dice él. Ha creado unas veinte figuras. Es una cifra imprecisa porque le da pereza contarlas, aunque no tiene lío en desvelarse a las tres de la madrugada, hasta encontrar esa pequeña pieza que le falta para terminar alguna.

 

Felipe tiene síndrome de Asperger, una condición caracterizada por una gran inteligencia, pero con dificultades de interacción social y emocional. 

Su papá, Pedro, anhela que otros niños le abran un espacio en su vida. Lejos está de imaginar que será Felipe quien, pronto, les cambiará la vida a ellos.

Cuando eso ocurra, sucederá también lo inimaginable:  la casa vacía se llenará de voces, risas y recuerdos, no de uno, sino de catorce amigos. 

Allí, celebrarán el cumpleaños de Felipe,  jugarán videojuegos, irán a cine, descubrirán sus fortalezas y armarán un robot con el que perseguirán, incansables, una ilusión: conocer la NASA y representar a Colombia en el First Lego League, un concurso mundial de robótica, en Houston.

 

Equipo SM robotics.

 

¿Y el equipo de robótica?

Cinco años antes, Julián Fernández,  profesor de informática, graduado de UNIMINUTO, descubría que, en su clase de programación, Felipe había aprendido en un día el tema de todo el mes. Convencido de que ese talento no debía desperdiciarse, persuadió a los padres de su estudiante para que le compararan un kit de Lego robótica y comenzó a dictarle clases extraescolares.

 

Felipe sostiene el robot con el que participó en First Lego League

Felipe sostiene el robot con el que participó en el First Lego League.

 

Dado el avance de Felipe tras varios años, papá y profesor han querido llevar la experiencia a otro nivel.  Es 2018 y Julián se acaba de enterar de que su universidad, UNIMINUTO, y el Parque Científico de Innovación Social Minuto de Dios, están organizando el First Lego League, una competencia de robótica para niños y jóvenes de toda Colombia, que da cupo directo a los ganadores para representar al país en la versión internacional.

 

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Para Felipe es el escenario perfecto dónde aplicar sus habilidades. Para el profesor, un reto: falta poco tiempo para las inscripciones y necesitan un equipo de robótica. El colegio en el que están jamás ha tenido uno.

Con el aval de la Institución y contrarreloj, el Docente y Felipe comienzan su labor de reclutas, salón por salón.  Felipe lleva sus figuras de Lego y explica en qué consiste la robótica y el concurso. 

 

Robótica para todos

De un total de treinta inscritos, se seleccionan catorce estudiantes, chicos y chicas, que complementan el grupo, junto al profesor y coach, Harold Uzgame. 

 

Su grito de batalla es el mismo que Felipe exclama a veces cuando está muy emocionado.  Son el equipo SM Robotics, del Colegio Santa Mariana de Jesús, en Bogotá.

 

Juntos aprenden que la robótica no es solo para hombres, matemáticos, aspirantes a ingenieros o programadores. También son necesarias otras habilidades: de dibujo, para diseñar el robot; de estética, para pensar en los colores; de investigación, para sustentar la parte teórica que exige el concurso; de mercadeo y relaciones públicas, para buscar patrocinadores, donaciones y divulgar la labor; de liderazgo, para animar al equipo; de contabilidad, para definir presupuestos y recursos; entre otras. 

 

En First Lego League Colombia pueden participar niños, niñas  y jóvenes entre los 4 y 16 años, a través de un club de robótica en su colegio.

 

 “Yo estuve en varios proyectos de la Institución, pero nunca llegué a sentir el amor fraternal que tenemos en el equipo. Cuando las cosas van bien, estamos todos felices; cuando las cosas van mal, todos nos apoyamos. Llegan a ser compañeros de familia”, comparte Sebastián Beltrán, uno de los miembros del equipo, quien antes del concurso no conocía mucho a Felipe.

“Fue gracias a la creación del equipo de robótica que pude llegar a conocer más sobre él. Nos hemos hecho bastantes buenos amigos.  Nos entretienen las mismas clases de cosas, como los videojuegos”, agrega Sebastián.

Algo similar ocurre con el resto del grupo, que se ha unido hasta conformar lo que ellos mismos denominan una familia.

El tema del Asperger pasa a segundo plano. El equipo aprende a comprender las maneras peculiares como Felipe a veces reaccionará, por ejemplo, al no entender el doble sentido de algunos chistes, o al reírse, en otras ocasiones, inexplicablemente. 

A su vez, poco a poco él irá adquiriendo destrezas de control emocional que le permitirán enfrentar los momentos de felicidad, angustia y estrés, propios de una competencia como esta.

 

Felipe junto a Sebastián, su compañero, y Julián, su entrenador de robótica.

 

Ninguno de los quince chicos y chicas de SM robotics ha estado en un club similar, mucho menos en la arena de juego, frente a decenas de equipos, algunos con mayor experiencia…

 

 … ¿Podrá SM robotics estar a la altura y ganar? ¿Podrá Felipe mantener la calma en los momentos más tensos?

 

 

Houston, tenemos problemas

Es noviembre de 2018 y llega el torneo regional para Bogotá. Es Felipe el encargado de lanzar el robot a una pista en la que el aparato debe atravesar ciertos obstáculos y cumplir con algunas tareas.

A medio camino, el robot falla un poco. Todos miran a Felipe, esperando una reacción aireada como la que suele tener en esos casos.  Él pone sus manos en la cabeza, a lado y lado de su pelo crespo, y cuando todos esperan la reacción indomable, sorpresivamente, respira profundo y se detiene. Sus compañeros lo abrazan. Están allí para animarlo.

 

El concurso First Lego League no solo evalúa el diseño y  juego del robot, sino además un proyecto de investigación que deben sustentar y los valores humanos presentes en el trabajo de cada equipo.

 

El Equipo SM robotics ha hecho lo mejor posible. Están felices por haber podido participar.  Han pasado por varias pruebas, entre ellas la sustentación de un proyecto de investigación para mejorar los trajes espaciales.

Mientras en el escenario anuncian el nombre de los cinco equipos finalistas por Bogotá, el profesor Julián se adelanta a los resultados a través de una llamada telefónica:

 

—Hicimos lo mejor, pero no pasamos— dice, al teléfono.  Un instante después, en el escenario, dan el nombre del quinto y último finalista para las competencias nacionales:

—… ¡SM Robotics!

 

 

Para diciembre de 2018 la familia robótica está más comprometida que nunca. En enero de 2019, llegan a la gran final. Para su sorpresa, con un club recién inaugurado, comparte el primer lugar con el equipo Robogalácticos. Así aseguran un cupo para representar a Colombia en el mundial:

 

Apenas unos meses más tarde, en Semana santa, SM robotics está en Houston Texas, con la bandera colombiana ante más de cien equipos de robótica. Lo han logrado luego de asumir un nuevo reto: conseguir los recursos económicos para viajar, a punta de rifas y bazares en el colegio, además de un esfuerzo familiar:

 

 

Aunque otros países tienen una mayor experiencia técnica, el equipo fundado por el profesor que jugaba de pequeño con un “arma todo” y el chico solitario de las fichas de Lego, logra quedar entre los treinta mejores del mundo.

 

Grupo de robótica de Felipe con camisetas del equipo y banderas de Colombia, en Houston.

Para Pedro, Julián (abajo izq.)y Harold (der.), más que los profesores, son los ángeles de Felipe.

 

“El plus de nuestro equipo fue que, teniendo un amigo, un compañero dentro del equipo, con discapacidad, ellos no lo trataron como un niño especial, lo integraron como un miembro más de su equipo. Se adoptaron y crearon una hermandad”, dice el profesor Julián.

 

 “La clave de la victoria fue mantener nuestro espíritu, sin importar las ventajas que tuvieran los demás, puesto que traían robots muy bien ensamblados, equipos de trabajo súper organizados”, agrega Sebastián, quien tras esta experiencia espera estudiar diseño 3D en Canadá. 

Felipe, por su parte, no tiene claro qué quiere hacer en dos años, cuando saldrá de bachiller, pero sí sabe que las fichas de lego, la robótica y los videojuegos, seguirán ocupando un lugar importante en su vida.

Sebastián y Felipe continúan reuniéndose para jugar. Este último ya no necesita una tutora que lo acompañe, como solía hacerlo, a fin de poder comunicarse con ese mundo tan cotidiano como incomprensible para quienes lo ven con los lentes del Asperger.

Sumado a esto, el acoso escolar se ha reducido, y se ha ganado el respeto del colegio, donde sus habilidades ahora resaltan por encima de cualquier diagnístico médico.

 

El torneo mundial First Lego League reúne a equipos ganadores en más de cien países. En Colombia, es organizado por el Parque Científico de Innovación Social Minuto de Dios, de UNIMINUTO.

 

Un gran paso para la humanidad

La experiencia de inclusión y trabajo en equipo resultó tan exitosa, que inspiró a Julián y a Pedro a crear la fundación Bios Robótica (Barreras de Inclusión una Oportunidad Social), con la que esperan ofrecer talleres de robótica, participar en competencias internacionales,y desarollar los talentos transversales  de niños, niñas y jóvenes, con y sin discapacidades, a partir de su contacto con la tecnología.

 

 “Lo importante, no es que una persona se incluya, sino que la sociedad lo incluya”, señala Pedro, para quien una de las experiencias más significativas ha sido el agradecimiento de los padres y madres de los compañeros de su hijo.

 

Y es que, sin esta iniciativa, sin el talento de Felipe y su gusto por esas fichas de Lego, sus compañeros probablemente jamás habrían fundado un club de robótica, ni llegado a Houston,  visitar la Nasa, aprender de trajes y naves espaciales, ni vivir una experiencia que los ha hecho sentir lo que una vez Felipe disfrutaba solo, en algún rincón del patio escolar: como si estuvieran más allá de los límites que la sociedad impone. Más allá de  lo inventado.  De la amistad sin fronteras.  Más allá; en otro planeta.

 

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Carlos Andrés Jurado Vásquez

Subdirección de Medios Digitales

Dirección de Mercadeo y Comunicaciones - Servicios integrados

 


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