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Emilio en un sueño hacia el futuro

 

Todo el mundo habla del futuro de los niños. Mientras tanto, ¿qué hay de su presente? Fragmento del capítulo  "De lo que aprendas los primeros años de tu vida, de eso depende tu futuro", escrito por Clara Inés Rincón, en el libro¿Quién no ha derramado la leche?

 

Un día, Emilio llegó de su colegio muy cansado y, como todos los días, se quitó el uniforme, se lavó las manos, fue a la cocina, comió. Luego subió las escaleras arrastrando la maleta, entró a su cuarto para descansar, se recostó y se quedó dormido; mientras dormía, soñó que viajaba hacia el futuro en un gran globo multicolor; podía ver cómo las nubes, que estaban tan coposas como el algodón de azúcar, se expandían para dar paso a esa gran aventura; su rostro sonriente reflejaba una gran felicidad y asombro por todo lo que estaba pasando. De repente el globo paró y una gran escalera con los colores del arco iris llegó hasta él.

Emilio bajó las escaleras muy lentamente y en el fondo escuchó la voz de una niña que le decía: –ven, apúrate–; cuándo él la vio, le preguntó –¿tú quién eres?, ¿en dónde estoy?

–Yo soy Sofía y tú estás en el futuro, aquí vendrás en poco tiempo. –No entiendo –respondió él. –Ven, te mostraré. 

 

Sofía pretende llevar a Emilio por un recorrido fantástico, lleno de diversión, a través del cual podrán ver y escuchar a diferentes personajes que hablan de los niños y las niñas. De repente, aparece una pantalla muy grande en dónde Sofía le muestra a Emilio el lugar de donde él viene y le dice:

–Mira, allí podrás ver a las personas que están contigo.

–Sí, ellos son mis profesores, mis padres, mis amigos, las señoras que cuidan el colegio y el celador; con ellos yo me encuentro todos los días, me dan dulces, me hacen cosquillas y son muy amables. 

–Ahora mira –responde la niña–, ese es tú colegio. En el patio, unos niños corren, otros juegan, algunos se sientan para hablar con sus amigos y otros están solos. Los profesores hacen muchas cosas: caminan, hablan con los niños, dejan muchas tareas y, los que están en los salones, ponen sellos. Un día escuché a Margarita, una de tus profesoras que decía: “Todos los niños y las niñas deben prepararse para el futuro y nosotros los profesores somos los que los vamos guiando hacía ese futuro”.

 

Desde el diálogo que se inició entre Emilio y Sofía, en el que ella le advierte del futuro, y la intervención de Margarita, la profesora, se evidencia que persiste la construcción social de que los niños y las niñas son el futuro; esto conlleva a otorgarles grandes responsabilidades. 

 

Es importante resignificar el mundo de ellos en el presente, sus derechos, deberes, responsabilidades, es una tarea de las familias, las comunidades, los colegios y los gobiernos; no se trata de hacer promesas o pronósticos con relación a ellos y ellas; debe tratarse de una acción ética enmarcada en la forma de entender lo que sienten, piensan, opinan y desean. Se les debe permitir que vivan acorde con su desarrollo evolutivo, es decir, en relación con cada momento de la vida.

 

Se debe entender la evolución social de las infancias y las responsabilidades, que estos cambios conllevan, en las formas de estar con los niños y las niñas.

 

Es necesario permitirles que vivan la infancia en el presente, desde una variedad de experiencias a través de las que se puedan fortalecer, con respeto, las dimensiones de su desarrollo integral (cognitivo, social, afectivo, motor, comunicativo), en busca de su bienestar físico y emocional, brindándoles la posibilidad de ser niños y niñas hoy, de vivir en un constante presente, existiendo y conviviendo desde las múltiples experiencias que generan los diversos sistemas, desde los cuales los seres humanos se construyen y se transforman en la interacción con lo que les rodea.

Los niños y las niñas deben vivir en el aquí y el ahora; son importantes por lo que son en sí mismos en el presente; un presente que van construyendo en la cotidianidad de sus vidas, acorde con las dinámicas del contexto, en las interacciones con todo lo que les rodea, sus familias, profesores, amigos, vecinos, compañeros, y en reciprocidad con la naturaleza. 

Apreciados lectores, continuemos con lo que proponen Emilio y Sofía en su aventura...

Sofía continúa mostrándole a Emilio una variedad de lugares; cuando, de repente, dice Emilio:

–Mira, allá hay una gran burbuja transparente y dentro de ella puedo ver a varios señores hablando.

–Sí –replica ella–, a ellos yo los he visto en diferentes momentos; aparecen y desaparecen como si fueran magos; siempre se reúnen para hablar con algunos de nuestros profesores. Acerquémonos y hagamos explotar su burbuja. 

 

Los invito a estar atentos a las voces de algunos teóricos, como Benítez (2000), Rogers (1961), Freire (2005), Amartya Sen (citado por Cejudo, 2006), Maturana (2003) y Jiménez (2014), entre otros; que cobran vida dentro de la historia que crean Emilio y Sofía.

Emilio se queda pensando...

–Entonces, ¿serían mis profesores los que me metieron en este gran globo para enviarme al futuro? –

Pues no sé –dice Sofía. Luis, uno de los profes dice:

–Es importante todo lo que los niños aprenden en el colegio en los primeros años de la vida, las normas, los valores, para que, cuando sean adultos, se pueda tener la sociedad que todos queremos. Yo, un día, en un encuentro con Benítez, escuché que decía: “En la Grecia clásica antigua el niño pasó a ser un futuro ciudadano al  que había que educar y formar, los niños existían en cuanto eran un proyecto de adulto, una esperanza del futuro” (Benítez, 2000, p. 3).

 

Los planteamientos del profesor, y los de Benítez, permiten visualizar que la concepción de infancia se ha construido históricamente a partir de factores políticos, culturales y sociales; se ha concebido a los niños y a las niñas como sujetos pasivos y, de alguna manera, han sido invisibilizados en cuanto a su naturaleza.

El sistema educativo los desconoce como gestores y autores de los procesos de formación; se ve a la infancia como receptora de contenidos y no como agente partícipe en la construcción de su identidad, de su propio yo; desde allí se ocultan sus potencialidades. Es hora de cimentar un mundo en donde ellos puedan estar, con espacios apropiados, con reconocimiento de que ellos pueden participar en los diferentes aspectos que los afecta y los involucra; esto es, visualizarlos como sujetos con derechos, que forman parte de la sociedad y deben ser tenidos en cuenta. 

Respetados lectores, sigamos atentos a lo que continúa ocurriendo en el sueño de Emilio, en el que Sofía le cuenta: 

–Otro día tú profesora Margarita, de voz dulce, tierna y amable, dijo:

Lo que aprendan en los primeros años de la vida, de eso depende todo su futuro; entonces, yo como profesora siempre pienso en eso tan importante cuando se va a trabajar con los niños y niñas, en aportarles en la formación para el futuro.

 

Rogers (1961, citado por Boeree, 2003) alude a la importancia de mantenerse en contacto con la realidad; afirma que no se vive en el pasado ni en el futuro; el primero se ha ido y el último ni siquiera existe; resalta la importancia de vivir en el aquí y el ahora.

Continuando con la historia y retomando las voces de quienes se han expresado, estas permiten reflexionar frente a las características de los entornos, de las realidades de los niños y las niñas hoy, en un contexto globalizado, caracterizado por problemas sociales que afectan la vida infantil en el presente.

De ahí la importancia de rescatar procesos educativos pensado en y para las infancias, en los que, desde el hacer pedagógico, se debe atender todo lo que esté relacionado con sus sentimientos, pensamientos, necesidades, intereses y capacidades.

Si observamos a los niños y a las niñas en la cotidianidad, nos daremos cuenta de que su realidad está enmarcada en el juego, en explorar y preguntar acerca de todo lo que les rodea, en maravillarse con los animales, los colores, las plantas, en disfrutar del encuentro con sus pares, en reír, en enojarse, en expresar gran variedad de sentimientos y emociones, en coexistir en el presente. 

Emilio replica:

–Pero eso es lo que ellos quieren, y... ¿será que todos ellos han pensado en lo que tú y yo queremos?; tú, Sofía: ¿deseabas venir al futuro?, o... ¿tú qué quieres? 

–Pues, yo no podría responderte eso en este momento; de lo que estoy segura es que a mí me gusta jugar, pintar, ir al parque, leer cuentos y estar con mi familia. Pero, ahora quiero mostrarte algo.

Emilio y Sofía continúan jugando y se deslizan por un tobogán muy largo que los llevó a un parque con muchas burbujas de colores; en una de esas burbujas Emilio pudo ver a su mamá y a los papás de sus amigos. Entre ellos, una de las mamás, Carla, decía:

En el futuro, los niños tienen que generar cambios, y ser buenos seres humanos.

Siguiendo con la aventura de Emilio y Sofía, veamos lo que pasa:

Emilio se divierte jugando y soplando las burbujas y, mientras estas hacen ¡plop¡, ¡plop¡, ¡plop¡, le pregunta a Sofía si ella sabe algo del futuro: 

¿Tú sabes qué es eso del futuro? Entre tanto, Sofía se detiene un rato a pensar en la pregunta que le hace Emilio y responde: –Pues... no sé; pero, ven, vamos y sigamos escuchando a los profesores que están reunidos...

 

Te invitamos a seguir leyendo la aventura de Emilio y Sofía en la pag. 26 del libro ¿Quién no ha derramado la leche?

 

 

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