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Cómo transformar el aula de clase en un espacio democrático

 

 

Libertad y confianza: las mejores aliadas del rigor académico, plantea autor de la revista Praxis pedagógica. 

 

Imagina un colegio con dos salones de clase, y en cada uno de ellos un escenario completamente distinto:  

En el salón A, las filas de pupitres están desordenadas, algunos niños se encuentran sentados en el suelo, y otros hablan de pie. Cada uno discute en subgrupos el tema de la clase, y contradice lo que señala el texto guía. El profesor a cargo no se hace notar entre los estudiantes. Conversa junto a ellos, paseando de grupo en grupo, como uno más. 

En el salón B, entretanto, reina el silencio, tan solo apagado por una sola voz. Los pupitres se encuentran perfectamente alineados, ocupados por cuerpos controlados que rinden atención absoluta. El profesor avanza en la explicación del texto guía, mientras todos aceptan sus planteamientos, consignados en sus apuntes.  

¿Cuál de estos grupos está recibiendo una mejor educación? 

Si se trata de la formación de trabajadores dóciles y vecinos respetuosos de la ley, la respuesta podría ser el grupo A.  Sin embargo, cuando hablamos de ciudadanos autónomos, capaces de concebir y expresar sus propias ideas al interior de una democracia, se requiere de un escenario muy distinto al de memorizar ideas ajenas.   

 

«De nada sirve denunciar de modo verbal la jerarquía: hay que esforzarse por cambiar realmente las condiciones que subyacen a su existencia, tanto en la realidad como en las mentes»: Bordieu. 

 

“El rigor en la génesis del conocimiento reclama confianza y no control, hacer preguntas y no dar las respuestas esperadas”, señala Daniel Albino Airasca, en su artículo La igualdad como punto de partida, publicado por la revista Praxis Pedagógica de UNIMINUTO.  

En su ensayo, Airasca distingue lo que denomina procedimientos autoritarios, de procedimientos democráticos, al interior del aula.   

De un lado, representado por nuestro salón de clases B, “Los procedimientos democráticos al promover la escucha cuidadosa inducen la conversación, ejercicio que me espeja en el otro, me muestra la diferencia y me permite conocer algo que no conozco”, señala Airasca.  

Del otro, representado por el salón de clases A,  “el procedimiento autoritario se apoya en la verdad revelada, en la tradición, en la certeza, y eso sería lo de menos, si no fuese porque en la medida en que valora los resultados y demanda respuestas, cimienta una visión burocrática del conocimiento y aburrida del aprendizaje”. 

 

La libertad no anula la rigurosidad, por el contrario, vivir auténticamente la libertad implica aventura, riesgo, creación: es sentirse libre para preguntar: Daniel Airasca.  

 

En su texto sobre filosofía de la educación, el autor plantea las siguientes características de ambos procedimientos: 

 

Características del procedimiento autoritario en el aula 

 

  • Amansa cuerpos y requiere del poder. 

  • Promueve la escucha pasiva, la repetición acrítica, la copia dócil, la competencia procedimental, el mérito individual, la obediencia a la jerarquía. 

  • Abomina del diálogo. 

  • Discrimina al diferente y estigmatiza a quien escapa de la norma. 

  • Exonera la alegría y penaliza la creatividad. 

  • Su objetivo es construir subjetividades para que la gente quiera vivir «libremente», pero como al sistema le conviene. 

 

 Características del procedimiento democrático en el aula 

 

  • Su autoridad no proviene de la fuerza que le confiere la institución. 

  • Construyen comunidades de aprendizaje. 

  • Ayuda a entender que la inclusión del otro es condición de supervivencia para construir una comunidad global de cooperación. 

  • Aumenta la autosuficiencia y el hábito del pensamiento crítico. 

  • Promueve la creatividad y plantea el cumplimiento de la sensibilidad o ética, exigencias que sobrepasan la soledad y se instalan en el plano de la apertura comunitaria. 

  • Los estudiantes puedan imaginarse y definirse como actores sociales y descubrir su propia capacidad de acción. 

 

¿Y qué tan riguroso académicamente puede ser el uso de procedimientos democráticos, frente a formas de mayor disciplina?  

Para el autor, el rigor académico es el verdadero trabajo intelectual, porque “no necesita imponer una disciplina, no busca medir resultados tras una evaluación sumativa y su autoridad no proviene de la fuerza que le confiere la institución, si antes bien de la responsabilidad asumida de propuestas pedagógicas democráticas (…) Es el trabajo en que la teoría, la práctica y todo lo que se hace intelectualmente se hace con la finalidad de comprender críticamente la realidad, casi siempre presentada como inamovible, que en lugar de ser también puramente descrita debe ser transformada”, afirma. 

 

Para ampliar sobre este tema, te invitamos a leer el ensayo completo La igualdad como punto de partida.   

 

También puedes consultar otros artículos y ediciones de la revista Praxis pedagógica

 

 

 

 

Carlos Andrés Jurado Vásquez

Dirección de Mercadeo y Comunicaciones - Servicios Integrados

 

 


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